miércoles, 28 de septiembre de 2011

EDUCACIÓN -Las cosas claras-


Cuando en 1996 Esperanza Aguirre reunió a un grupo de catedráticos y expertos académicos de reconocido prestigio intelectual para elaborar un nuevo programa que sustituyera el incomprensible currículo de la enseñanza secundaria obligatoria no era fácil prever la oposición brutal que nacionalistas y socialistas organizaron. Y no lo era porque ese aparentemente absurdo currículo no era tan absurdo, ya que respondía a las intenciones ideológicas de nacionalistas y socialistas.

El juego político de la izquierda educativa española ha sido tan oportunista como tramposo. Uno puede desgañitarse pidiendo más enseñanza, más esfuerzo, más disciplina, más trabajo; será como predicar en el desierto, porque la izquierda ha logrado secuestrar el sentido común de la población. Sin mostrar sus cartas, sin decir a dónde querían llegar, los socialistas y sus acólitos de la izquierda han conseguido dominar el lenguaje y con ello, como ya Orwell advirtió hace muchos años, manipular el pensamiento. La jerga educativa suena a música celestial a los oídos de una sociedad preparada para creer con fe de carbonero lo que no está dispuesta a cuestionarse: la bondad de los músicos que la profieren. Cuántas veces, tras un discurso inane sobre educación de un político socialista, pregunto a alguno de sus maravillados oyentes qué es lo que ha dicho y éste me responde: "No sé, pero es estupendo".

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