miércoles, 3 de agosto de 2011

TALENTO y ARTE

Una fría lluviosa mañana de un duro día de un invierno azaroso y gris. Le dije al profesor de violonchelo que yo ya estaba dispuesto y preparado para ser un buen artista. No me contestó nada, sólo silencio por respuesta. Miró al techo y me cruzó la vergüenza con una pícara sonrisa. Se pone a tocar sin avisar el Preludio de la 6ª de Bach a modo de respuesta. Nunca antes en mi vida mi cuerpo, mi alma o mi cerebro habían sido atacados por una fuerza interior tan extraordinariamente intensa y descomunal que me hiciera llorar de emoción. Era el Arte que visitaba mi humilde casa. El que llegó a trastocar la realidad de las cosas sobrenaturales. Existe, hijo mío -me dijo-, la belleza y la fealdad, lo bueno y lo malo, la Fe, y la duda que nos corrompe, y Dios... y el Mal (es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien).

A continuación, entré en barrena. Empecé a dudar seriamente de mi talento, y hasta ahora. Llegué a controlar en su justa medida las Suites para violonchelo solo de Juan Sebastian Bach, que como saben, son la Biblia del violonchelista, una obra descomunal creada por el genio como simple ejercicios para el arco. Y qué ejercicios. Y qué hondura y maestría en una escritura sencilla como una vida bien llevada. Pontificar como debe interpretarse este preludio se lo dejo a los que saben más que yo. Solo quiero transmitir, si me es posible, el camino que se ha de transitar para llevar a buen puerto esta obra.

Todo ejercicio técnico debe ir acompañado de una actitud que disponga , mejor dicho, predisponga al espíritu de los cauces necesarios para nutrir el trabajo con sustancia.
El germen de la creación nace de una previa meditación. Es necesario y fundamental digerir el compás, el ritmo, la sabia, cada nota, pensarla, acariciarla, amarla y llegado el caso, odiarla, escupirla. Hacerse con el control de ellas como un vaquero lo hace de su potrillo.
Cuando tengamos controlado el métedo, pasamos a lo difícil.
Crear.

Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.


( Salmo 1, 3 )


5 comentarios:

  1. Sigue meditando las notas con la práctica.
    Saludos

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  2. ¡Qué Difícil es el arte de la creación y no digamos de la interpretación!, y qué sencillo resulta ver a alguien que esté en posesión de ese don, desarrollarlo con naturalidad.
    La humildad es el primer paso para estar en disposición de aprehender y asimilar el conocimiento. El reconocer las carencias y las limitaciones nos pone en el sitio adecuado para emprender el difícil camino.

    Esencial lección de tu profesor de violonchelo válida para toda una vida.

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  3. No entendí muy bien el tono de pasado, Bate, como cuando dices que llegaste a una cota difícil. ¿No seguiste luego con el aprendizaje? ¿El post se refiere a algo que es parte de tu juventud?

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  4. Leo tu entrada de corrido, vuelvo a leerla con la música del chelo marcándome las pausas, y me identifico con lo que dices. El primero que tiene que dudar de sí mismo es el artista.
    La vocación y el talento son dones de Dios. Pero sin el trabajo diario, el esfuerzo y el ejercicio, son como aquellos talentos enterrados de la parábola.
    Yo, que apenas soy un pobre ejemplo de juntaletras, quisiera poder cumplir con esa exigencia, la de hacer trabajar a mi talento, todos los días, sin dejar que la pereza me detenga...
    Llevas unos días inspirado, se ve que no hace tanto calor...
    Besos

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  5. Carlos: Seguiremos
    Locuaz: Mi profesor tenía algo de pastor de ovejas, en le mejor sentido de la palabra. Me enseñó bastantes cosas que a primera vista parecía no tener que ver nada con el violonchelo.
    Fernando: Si el post hace referencia a un día de hace al menos 10 años. El día que dramáticamente descubrí que no estaba tocado por las musas, ni mucho menos. Y que mi carrera de violonchelo tocaba casi a su fin. La verdad, ayudo mucho también los problemas familiares. Actualmente lo tengo aparcado, aunque mi idea es recuperarlo, ya que pretendo enseñaler a mi hija música.

    Alawen: ¿Que no hace calor?? Alawen por Dios, dónde vives?. ;-), ¿ya te has instalado en Gongeland?. Allí si que no hace ni pizca de calor. Gracias por el comentario, se agradece. Llevas razón, sin el trabajo diario, el esfuerzo y los ejercicios, el talento se diluye como un azucarillo.

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