miércoles, 31 de agosto de 2011


¿Puede un sordo captar la belleza de las Cuatro Estaciones de Vivaldi? ¿y un ciego disfrutar de la belleza de un atardecer? Pues tampoco un ateo o un agnóstico pueden entender la belleza del evangelio, la luminosidad de la vida espiritual en comunión con Cristo. Por eso es necesario que entendamos que cuando debatimos con ateos, cuando intentamos evangelizarlos, lo primero que debemos hacer es pedir a Dios que les dé el don de la fe. (SIGUE...)



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