viernes, 26 de agosto de 2011

Lamentabatur Jacob

o בִּלַּע אֲדֹנָי [לֹא כ] (וְלֹא ק) חָמַל אֵת כָּל־נְאֹות יַעֲקֹב הָרַס בְּעֶבְרָתֹו מִבְצְרֵי בַת־יְהוּדָה הִגִּיעַ לָאָרֶץ חִלֵּל מַמְלָכָה וְשָׂרֶיהָ׃

Destruyó el Señor, y no perdonó; Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob: Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, Deslustró el reino y sus príncipes. (Lamentaciones 2:2)

El mayor consuelo en la desgracia es encontrar corazones compasivos. Cuando el sevillano Cristóbal de Morales (Sevilla, 1500 - Málaga o, según otros, Marchena, 1553) ataca su serie de Lamentaciones, la compasión aflora bajo un nuevo prisma que nos retrotrae misteriosamente, entre sahumerio y cantos de alabanzas, al tiempo de las profecías de Isaías: Por tanto, profanaré a los príncipes del santuario, y entregaré a Jacob al anatema y a Israel al oprobio.

Y el dolor se hizo terriblemente presente, carnoso, profundo en la luminosa escritura del maestro de capilla de la catedral de Ávila que influyó decididamente con su arte en las glorias de Palestrina y el español Tomás Luís de Victoria. La Lamentabatur Jacob es un canto realmente devocional, por lo que, ahonda donde debe ahondar y toca dulcemente donde pocos
-son los elegidos- pueden tocar. Fresco, imperecedero como todo lo auténtico, dolorosamente nuevo para sus días, como si hubiese sido creado ayer mismo y los 500 años que nos separan de su nacimiento, hubieran pasado en balde, ya que el dolor que describe Morales en su obra, sigue aquí con nosotros, agazapado en algún rincón del alma de eso que hemos dado en llamar memoria.

Kierkegaard escribió que la música "siempre expresa lo inmediato en su inmediatez", y que por lo tanto era "imposible expresar lo musical en el lenguaje". Les hago al tanto de estas palabras y de mi absoluta incapacidad para expresar el hondo sentimiento que me provoca la siempre portentosa, celestial y misericodiosa música de mi amado Cristóbal de Morales.

La interpretación de la Blanchard Vocal Ensemble, simplemente magistral:


Lamentabatur Jacob de duobus filius suis dicens: Heu me, dolens sum ego de Joseph perdito et tristis nimis de Benjamin, ducto pro alimonis. Precor caelestem regem ut me dolentem nimium faciat eos cernere.
Prosternens se Jacob, vehementer lacrimis pronus in terram, et adoran crit:
Precor caelestem regem ut me dolentem nimium faciat eos cernere.


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