domingo, 21 de agosto de 2011

Dos monjas


El aire del amanecer despierta como un lánguido
susurro divino tras el delgado aguacero que cayó minutos antes.
Debería pararse el tiempo.
La humedad del día nos dispone el alma con otro proceder, más serena, menos cortante, lacónica.
Del descolorido, cochambroso y sucio portal de los arrabales de la inhóspita urbe, salen, tras haber pasado toda la noche sosegando a la muerte, la rabia y el dolor, dos monjas de las Hermanas de la Cruz. Hábito marrón tabaco, rosario al fajo y unas humildes sandalias para transitar por los caminos inescrutables que les rubrica el Señor.

Como dos gorriones asustados, evitan un charco de agua formado poco antes por el aguacero.
El aire al pasar está limpio, como si lo hubieran jabonado con lejía.
"Pasan todas las noches cuidando a un pobre moribundo del barrio que esta malito de sida", me comentan unas viejas vecinas arrancadas de un lienzo de Valdés leal.

En esas sandalias se encuentran resumida de un plumazo toda la teología de la caridad, todo el peso del amor sobrenatural, que es mucho. Los hechos, más que las palabras, no se olvide...
Para el resto de los comunes esa caridad nos está vedada.

Lux Cegadora.

Dos alimañas revestidas de odio y chatarra ideológica murmuran al paso de las monjas palabras que hieren, palabras surgidas del negro pozo de la ignorancia y la soberbia. Palabras muertas.
Truculenta inercia hispana.
Ora Pro Nobis, y a otra cosa; buscar el camino más corto que les lleve de vuelta a sus celdas.
Incluso estos pobres diablos que se jactan de su ignorancia, flotando como el corcho en un mar de dudas, serán cuidados el día de mañana de sus futuras desgracias (Dios no lo quiera) por esta cohorte de ángeles ceriferarios que moran la tierra.

3 comentarios:

  1. ¡Magnífico, Bate! Diciendo lo que hay que decir, porque lo demás sobra. Brevedad, concisión, al grano.

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  2. Tío Chinto de Couzadoiro, muchas gracias.

    Posodo, magistral encíclica. Siempre es un buen momento para volverla a leer.

    saludos

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