jueves, 25 de agosto de 2011

Camarón de la Isla y Tomatito en París (+ Cameron de Blancanieve)






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Antony Cameron -que aunque tenga nombre de político tory inglés, es camerunés y no es familiar del alcalde Gallardón, ¡cosa increíble!-, es un personaje peculiar conocido en Sevilla por su forma de entender su trabajo, a pié de semáforo. No creo que haya una ciudad en el mundo con más semaforistas por metro cuadrado, ni en Nueva Yorke, que he estado allí y me conozco el percal, que en Sevilla. A veces hay una competencia tan fuerte y descarnada entre ellos, que te encuentras a dos personas en el mismo semáforo labrándose las habiechuelas del día. Una de las últimas aportaciones que Sevilla ha dado a la humanidad, aparte del rebujito y los aparcacoches (“gorrillas”), han sido los semaforistas profesionales. Cameron es el más popular de este gremio en mi ciudad, profesionales estos, los semaforistas, que vienen en los últimos años invirtiendo profundamente en I + D, e innovando continuamente en sus formas de llegar al potencial cliente.

Cameron vende en su negocio de tó, y de tó, es de tó. Desde bolígrafos a pañuelos pasando por unas pulseritas con unos pequeños iconos religiosos de bastante mal gusto, la verdad . Y según en que época del año nos hallemos te lo puedes encontrar vendiendo paraguas en primavera o abanicos en verano. En la Feria de Abril, como no podía ser de otra manera, vende claveles de rojo chillón para que los caballeros lo porten en la solapa y las señoras en el moño, ole mi tierra.

Un día le pregunté a Cameron si quería venirse conmigo a Almonte a coger fresas de temporada; me dijo el muchacho: “Mi me dueler musho mi esparda…musho”, y que su negocio no le iba tan mal como para acabar con el lomo ajado. Otro día, le invité en un descanso que hizo en su jornada laboral a un cubata en la antigua Estación de Córdoba, que ahora es un centro comercial out le con un cierto aire a plaza de abasto llena de pijos en vez de moscas.

Yo he visto vestido a Cameron de todo lo que una persona en sus cabales pueda imaginar. De gitana en la Feria de Abril, con bikini en pleno mes de agosto, de mantilla negra y escapulario un viernes santo de lluvia pa no variara (qué grande es el cristianismo, en seguida se iba a disfrazar de Mahoma), de pastorcito helado en Navidad y de Rey Melchor -¿ese es el negro, no?- en un día de la Epifanía de Nuestro Señor. Siempre que me paraba en su semáforo le sacaba un retrato con la cámara Sony que me compré en el Carrefourt, la que tuve que vender por la crisis, y hoy, buscando unas fotos, me he vuelto a encontrar con el gran Cameron - que tiene nombre de tortillitas… de camarones-, y viendo ésta imagen, se me vino a la cabeza que Camerón podría haber sido el modelo de la nueva Blancanieves que buscaba la ex-ministra Bibi Aído para contarnos los cuentos de otra manera, más progresista, menos machista.

Cameron lo tiene tó, es hombre, negro y maricón.









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