viernes, 22 de julio de 2011

Sobre el Espíritu Santo


Hay un momento trascendente y bellísimo en la película El Gran Silencio. Es el preciso instante en el que un monje se dispone a recitar para sus hermanos de la Trapa el Tratado de San Basilio sobre el Espíritu Santo. Se encuentran todos recogidos bajo el regazo de mi Dios, en el coro, ubicados en la profundidad de la madrugada, en los albores secos de las hora que se vuelven piedras. Sólo rompe el silencio quejoso de la noche sus cantos penitenciales, dirigidos por el sochantre. El revuelo del Espíritu Santo no debe andar lejos -me digo. El único punto de luz es el que desciende sobre el atril, lo demás, oscuridad plena.
Oficios de Tinieblas.

Comienza el monje a recitar (perdonen la grafía)
:

En la simplicidad de Dios la unión de personas Es la posesión común de una misma divinidad. El Espíritu Santo es uno, posee su propia realidad Pero está unido al Padre, uno, por el único hijo, En Él acaba la bienaventurada y gloriosa trinidad. Está íntimamente emparentado con el padre y con el Hijo, Lo cual está claro, pues no se le incluye entre la multitud de criaturas, Sino que es nombrado aparte. No es la unidad de un conjunto, es uno sencillamente, El padre es uno, el hijo es uno y asimismo, el Espíritu. Por lo tanto está tan alejado de la naturaleza creada, Como el uno es diferente del compuesto y del múltiple. Procede cómo un soplo los labios divinos Por supuesto, no hablo de los labios corporales sino de un aliento que se disipa. Dichos labios deben entenderse de manera digna de Dios, Y dicho soplo, como una sustancia viva Y el principio soberano de toda santidad. Semejante símbolo nos ayuda a entender la intimidad de las personas, Pero la forma en que existen sobrepasa nuestra capacidad de expresión.

Mirad el resplandor del sol
Todo ser que disfruta de él, parece tenerlo para si sólo. Y sin embargo la tierra, el aire y el océano Se llenan con su luz. De igual manera, el Espíritu Santo está en cada criatura capaz de recibirlo, Como si sólo de ella fuera.



Bien, una vez que se comienza a ingerir, asimilar y entender la trascendencia de estas palabras, no hay vuelta atrás. Quiero creer, y creo, que mi descubrimiento -por llamarlo de una manera- consiste en entender que el texto sólo puede ser transmitido a San Basilio por un ente superior, un conocimiento que se sale del común de lo conocimientos.
Llevo meditando otra vez estas palabras varios días, y cada vez, las entiendo mejor, y cada vez, me hacen más bien. Pronunciadas como una letanía llegan a coger un impulso sobrenatural.


3 comentarios:

  1. Con tan profundas disquisiciones y elevados pensamientos seguro que sales airoso del naufragio.
    Saludos

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  2. Es el Espíritu Santo quien nos ilumina, nos fortalece y nos alienta. A mí siempre me ha dado la impresión (probablemente incorrecta) de que es la Persona que siempre aparece un poco detrás del Padre y del Hijo y, sin embargo, siempre está ahí.

    Quiero decir: aquí, con cada uno de nosotros.

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  3. Carlos eso esperamos. Gracias.

    ______

    S.Cid, a mi no me parece incorrecta tu impresión. Todo lo contrario, la encuentro muy afinada

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