viernes, 8 de julio de 2011

Lamentabatur Jacob

בִּלַּע אֲדֹנָי [לֹא כ] (וְלֹא ק) חָמַל אֵת כָּל־נְאֹות יַעֲקֹב הָרַס בְּעֶבְרָתֹו מִבְצְרֵי בַת־יְהוּדָה הִגִּיעַ לָאָרֶץ חִלֵּל מַמְלָכָה וְשָׂרֶיהָ׃ ס
Destruyó el Señor, y no perdonó; Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob: Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, Deslustró el reino y sus príncipes. (Lamentaciones 2:2)

El mayor consuelo en la desgracia es encontrar corazones compasivos
.
Cuando el sevillano Cristóbal de Morales (Sevilla, 1500 - Málaga o, según otros, Marchena, 1553) ataca su serie de Lamentaciones, la compasión aflora bajo un nuevo prisma que nos retrotrae misteriosamente entre sahumerio y cantos de alabanzas al tiempo de las profecías de Isaías: Por tanto, profanaré a los príncipes del santuario, y entregaré a Jacob al anatema y a Israel al oprobio. Y el dolor se hizo terriblemente presente, carnoso y profundo en la luminosa escritura del maestro de capilla de la catedral de Ávila que influyó
decididamente con su arte en las glorias de Palestrina y el español Tomás Luís de Victoria. La Lamentabatur Jacob es realmente una música impresionante, por lo que ahonda donde debe ahondar y toca donde pocos pueden tocar, fresca, imperecedera, dolorosamente nueva para sus días, como si hubiese sido creada hace bien poco y los 500 años que nos separan de su nacimiento hubieran pasado en balde, ya que el dolor que describe C. de Morales en su obra, sigue aquí con nosotros, agazapado en algún rincón del alma de eso que hemos dado en llamar memoria.
Memoria del alma, la única verdadera.

Kierkegaard escribió que la música "siempre expresa lo inmediato en su inmediatez", y que por lo tanto era "imposible expresar lo musical en el lenguaje". Les hago al tanto de estas sabias palabras del filósofo danés, y por consiguiente, de mi absoluta incapacidad para expresar el hondo sentimiento que provoca en mí la siempre portentosa música de Cristóbal de Morales.


La interpretación de la Blanchard Vocal Ensemble, sencillamente magistral:



Lamentabatur Jacob de duobus filius suis dicens: Heu me, dolens sum ego de Joseph perdito et tristis nimis de Benjamin, ducto pro alimonis. Precor caelestem regem ut me dolentem nimium faciat eos cernere.
Prosternens se Jacob, vehementer lacrimis pronus in terram, et adoran crit:
Precor caelestem regem ut me dolentem nimium faciat eos cernere.


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