sábado, 9 de julio de 2011

Esto es el hombre: un poco de polvo que el viento dispersa.

Tiene escrito San Alfonso Mª de Ligorio (Proclamado Doctor de la Iglesia el 7 de julio de 1871 por el papa Beato Pío IX) un libro, La preparación para la muerte*, que ocupa un puesto de honor en la bibliografía alfonsiana y durante casi dos siglos ha acompañado a millares de católicos del mundo entero en su peregrinación hacia la eternidad. Leyéndolo compasadamente, asombrado y consciente de su alta mística terrenal, me encuentro con la frase que enuncia este... lo que sea: "Esto es el hombre: un poco de polvo que el viento dispersa".

Quedo absorto con la frase y me animo a subirla al Diario, más naufragio que nunca.
Al momento, en una imagen reveladora realmente inquietante que llega a producirme un sudor frío acompañado por una sequedad del alma y unos estertores a modo de cimbronazo, me viene a la mente atrofiada por estos calores inhumanos que padecemos que hoy, en Hispanistán, celebramos la entronización por todo lo alto (no falta a la bacanal un órgano de comunicación dispuesto a pelotear hasta la nausea al candidato) de Alfredo P. Rubalcaba como líder máximo de la piara sociata. Su silueta enjuta, aureolada por el brillo de sus tropelías y por la magia potagia de su palabra, será el último aldabonazo, el desabrido empujón que necesita este erial para irse definitivamente al carajo.

Recuerda, gran Alfredo, no lo olvides, un poco de polvo que el viento dispersa.

Pulvis es, et in pulverem
reverteris.

Gn., III,. 19.






* Dos tercios de la obra giran en torno a las llamadas postrimerías del hombre y
a las etapas decisivas que jalonan su destino final: valor del tiempo, brevedad de
la vida, viaje a la eternidad, vanidad del mundo, importancia de la salvación,
malicia del pecado, circunstancias y consecuencias de la muerte, caracteres de
la misericordia divina, juicio particular y universal, amenaza del infierno y
diversidad y eternidad de sus penas... A quien con ánimo reposado y en la
atmósfera de plegaria del libro pondere y rumie esas verdades le despertarán sin
duda propósitos de conducta integralmente cristiana, iluminada por los reflejos
de ultratumba que nunca engañan.

2 comentarios:

  1. Lo que es cierto, además de que polvo somos y todo eso, es que si no fuera por la cantidad de polvos que nos echamos, no habría humanidad ni nada.

    Bienvenido de nuevo

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  2. ¿A qué polvos te refieres Jorge, a los polvos pica-pica que vendían en los quioscos de nuestra infancia...?. Ok, mejor dejarlo así.

    Te agradezco sinceramente la bienvenida. Y que este leve destello de amistad no sea óbice para seguir diciendo y escribiendo lo que te pete en este blog. Ya veré luego si censuro tu comentario o lo dejo... ;-)

    Un saludo

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