martes, 3 de mayo de 2011

Sobre Osama

Hace poco pedí en un restaurante rabo de toro guisado. Me sirvieron una cosa que sabía en algún rincón al rabo de toro de lidia que yo iba a comer los lunes al lado de la vieja Plaza de la Arenas de Barcelona, cuando Cataluña estaba en zona nacional. Pero en este caso no había huesos que limpiar, sólo hebras de carne en salsa (poca) encima de un montón de puré de patatas, todo con forma cilíndrica. Era una ilusión, no un plato.

Uno debía saber, porque ya no es un bebé político y ha visto de todo, que en las cocinas de la Casa Blanca se deconstruye todo antes de servirlo.

Los asesores de Obama estaban buscando un modo de conseguir dos cosas: retirarse de Oriente Medio sin quedar como cobardes y hacer del jefe un candidato de dos períodos, como Zapatero. La vía ha sido la deconstrucción del cuscús, es decir, de la idea que se suele tener de los países musulmanes, con huesecitos de cordero y todo. El primer paso ha consistido en convencer a todo el mundo de que la aspiración de esos pueblos es, en última instancia, la democracia y la libertad, cosa falsa de toda falsedad, como se verá cuando los Hermanos Musulmanes gobiernen en Egipto democráticamente. Pero la gente, empezando por los entusiastas periodistas de nuestro invertebrado territorio que se lanzaron a por todas con la primavera árabe, parecen habérselo tragado o hacen gala de tal. Tal vez en realización involuntaria de la operación primavera, elaborada en el tercer sótano de la izquierda del edificio Z de los cuarteles de Langley, o en algún sitio parecido. La primavera árabe es una farsa redonda.

Primer asunto: los musulmanes van por el buen camino, y van por su propio pie, aunque nadie sepa quién los guía. Si eso es así, podemos irnos a casa y dejarlos solos, que ya harán lo debido.

Segundo asunto: podremos hacerlo con mayor tranquilidad aún si nos quitamos del medio a Al Qaeda, que es lo que verdaderamente estorba (ni Hamás ni Hezbolá poseen ese poder simbólico). No iban a decir que Al Qaeda no existe, porque si lo hacían se venía abajo todo un tinglado propagandístico de años. Claro que Al Qaeda no existe como tal: es un paraguas bajo el cual cabe todo, incluso, lo sabemos ahora porque nos lo dicen desde el edificio de la Avenida Pensilvania, los atentados de Madrid (habrán dicho: ¿cómo se llamaba aquel muchacho rebelde que no se levantó al paso de la bandera y que terminó siendo amigo porque sólo odiaba a Bush? Vamos a darle una comisión, de paso, habrá propuesto el agente X, experto en España). Al Qaeda no es una estructura, sino un inspirador y un firmante de cualquier tropelía. Pero eso no se sabe, y la mayoría cree que existe y que Ben Laden lo planifica todo, hasta una bomba en un mercado de las afueras de Madrid, desde una cueva o un fuerte protegido por los talibán. Esa cueva que tenemos localizada y vigilada día y noche desde hace años. Si nos quitamos de encima ese hueso de cordero, ya no hay razón para quedarse en ninguna parte. La operación primavera se completa con su muerte.

Y ahora vienen las fotos del cadáver, que ocuparán todas las portadas del universo. O las fotos de Ben Laden a secas, sin cadáver, sea porque lo tiraron al mar (¿quién se traga eso?), sea porque lleva demasiado tiempo muerto y lo tenían guardado para el momento oportuno. Con ese perro, muere la rabia islamista, no nos queda nada que hacer ahí.

Se parece todo mucho, los más viejos del lugar lo recordamos, a la caza y muerte del Che Guevara. Sabían dónde estaba desde hacía tiempo; lo sabían porque Fidel Castro, el principal interesado en hacer desaparecer a su competidor en el liderazgo, se lo había dicho a quien correspondiera: los satélites de entonces no daban para tanto, se necesitaban confidentes. Matar al Che significaba acabar con la revolución en América Latina. Pero resultó todo lo contrario: ahí empezó la revolución, y la guerra popular prolongada, justamente a partir de ese hecho, del cadáver del Che exhibido en todas las portadas del universo. Y costó avances, retrocesos, guerrillas, paramilitares, torturas, y ahora la sombra de aquel fiambre preserva a una pandilla de indeseables herederos que mandan en todo el continente, con excepciones como Chile y Colombia, donde las FARC no ocupan el poder pero molestan mucho. Chávez, Correa, Morales, Kirchner, son hijos del Che, y de la muerte del Che. Y eso que no había islam, tuvieron que arreglárselas con los restos de un vago marxismo, deconstruido también, sin huesos, con salsa de resentimiento.

¿Usted piensa comérselo? Yo no.


Por Horacio Vázquez-Rial

2 comentarios:

  1. De entrada es una magnífica noticia que un terrorista criminal y despiadado, que tantas miles de muertes tiene sobre sus espaldas,sea eliminado.

    De todas formas, como reflexión, imaginad que en vez de ser bajo el mandato del santón de Obama, el premio Nobel de la Paz(???),hubiera sido bajo el odiado Bush; toda la progresía e izquierda mundial lo estaría acusando de irresponsable,de incendiar el mundo y de poner a Occidente en el punto de mira de las represalia

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  2. No me cabe la menor duda, Natalia.
    Ya lo están diciendo del santón Obama, así que imaginate si hubiese sido el diabólico Bush.
    También están comparando esta acción de guerra con los Gal(¿?).

    Aquí quien no se consuela es porque no quiere.

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