martes, 10 de mayo de 2011

- - Cuando yo era niña me ensañaron a considerar como locura las cosas a medio hacer. La vida de todos nosotros, si lo pensáis bien, están a medio hacer. Dios nos creó y nos lanzó al mundo, a este mundo. Nos dio una fuerza motriz inicial, nos echó a rodar. Pero después nos dio una fuerza nueva, en virtud de la cual el alma puede por sí completar la obra primera. Eso es lo que se llama libertad. Este niño, Carlos, se encuentra ahora en eso que yo llamaría la primera fase de su creación. Dios lo ha creado, lo ha creado y ahí está… es un ser perfecto. Pero, pensad una cosa: su perfección de aquí en adelante va a depender de él- no me refiero a las líneas de su rostro, ni a la dimensión de tórax o a los pies de altura que pueda medir. Me refiero a la perfección y hermosura de su alma. En él ha depositado ya Dios la semilla de su libertad. Si esa semilla crece y se agiganta como un árbol y él puede comer de ese fruto sin sobrepasarse, si utiliza su libertad como un don de Dios y no como una prerrogativa merecida, entonces, Carlos, su alma, se salvará, será un hombre enteramente perfecto. Pero si ese fruto se le indigesta, si su libertad le vence, entonces, fatalmente, sin remisión será hombre perdido y alma creada para el abismo. Él mismo buscará su propia condenación.

- Extracto de Las carreteras de Pisa, perteneciente al libro -que estoy leyendo actualmente- de Karen Blixen, Siete cuentos góticos.

2 comentarios:

  1. Esta moza, ¿es la de la granja en África?

    off-topic: Has cambiado tu foto. ¿No estarás Por el cambio, verdad?

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  2. La misma Posodo. Y no veas como escribe de bien la gachí. Claro, sencillo y ameno, con lo difícil que es eso.

    *Jajaaj, sí si, yo más que por el cambio, estoy por el recambio.

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