sábado, 14 de mayo de 2011

La izquierda da lecciones de hipocresía

Primer ministro de Dinamarca

Es hipócrita criticar la ‘excelencia’ por poco igualitaria cuando uno espera cobrar como ‘excelente’. Al Parlamento danés, al Gobierno danés, los han elegido los daneses, no el mundo entero. La arrogancia de ‘El País’ es parte de esa masoquista ‘pulsión de muerte’ que amenaza con llevarnos a la ruina.


La hipocresía siempre consiste en imitar las virtudes de moda, y por eso es ya patrimonio casi exclusivo de la progresía. ‘El País’, que en campaña debe pedir por favor, por favor a sus amos de Liberty que le dejen sacar a pasear el rojerío, despliega unas pocas muestras de esta tartufería del puritanismo progresista de estricta observancia. Un ejemplo lo proporciona Enrique García Calvo en una tribuna titulada “La desigualdad y sus eufemismo”, en la que se critica la búsqueda de la excelencia educativa reivindicada por Esperanza Aguirre. Para García Calvo, “la búsqueda de la ‘excelencia’ educativa es una fórmula que no lleva nada dentro”, sale por las esperables peteneras y dice cosas tan divertidas como esta: “¿Por qué lo llaman excelencia cuando quieren decir desigualdad? Excelencia o cualquier otro de los eufemismos que permiten camuflar un concepto de por sí negativo, como el de desigualdad, para hacerlo pasar por otro aparentemente positivo: excelencia, exigencia, mérito, esfuerzo, calidad, rendimiento, competitividad, etcétera. Pero aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

Ahora bien, no pretendo criticar esta opinión porque sea una solemne tontería, que lo es; ni porque sea una doctrina que nos devolvería en un par de generaciones a una vida tan “solitaria, corta, brutal y miserable” como la descrita por Hobbes. No: la critico porque el autor no cree lo que dice. Porque no me creo que Enrique García Calvo, Premio Extraordinario de Licen­ciatura en Sociología por la Universidad Com­plutense y número uno de la primera promoción, cobre por esta tribuna lo mismo que el último mindundi juntaletras que pase por delante de ‘El País’ ni que fuera a parecerle lógico que los responsables de Opinión del diario buscaran su contribución con idéntico afán que la de un semianalfabeto. Enrique García Calvo, estoy seguro, cree en la excelencia, igual que cree en la excelencia ‘El País’, que no va a nombrar mañana director del diario al último becario. Lo que hacen, cómo actúan, delata lo que realmente creen; igual que lo que escriben denuncia su pegajosa hipocresía mediocrista.

Aquí caben todos

La actitud de Dinamarca con la responsable decisión de hacerse cargo de una de las obligaciones primarias y elementales del gobernante, que no es hacer mapas del clítoris, ni prohibir fumar en propiedad privada ni subvencionar amigos, sino controlar sus fronteras, da también lugar para una verdadera orgía de hipócritas rasgados de vestidura de marca. Igual que no aceptan que alguien pueda matar a su pareja sin hacerlo por ‘machismo’, así tampoco se admite que un país pueda tener motivos perfectamente razonables para controlar las puertas de su casa sin ser ‘racista’ o ‘xenófobo’. Pero se puede, piénsenlo un poco.

Al Parlamento danés, al Gobierno danés los han elegido los daneses, no el mundo entero, y ante quien tienen una grave responsabilidad es ante sus ciudadanos por esa misma razón. La idea de que el gobernante no se debe a sus representados sino a una idea universal de buenas intenciones, a más de antidemocrática, forma parte de esa masoquista pulsión de muerte que parece dominar Occidente y encaminarlo alegremente a su propia extinción.

“Schengen sin Schengen”, titula ‘El País’ uno de sus editoriales, con el subtítulo: “La UE acepta los argumentos racistas de Dinamarca para reinstaurar controles fronterizos”. “Es una dinámica racista, y Europa mira hacia otro lado. Lo que faltaba por ver”. Lo que faltaba por ver es la irresponsable arrogancia del articulista de ‘El País’ que se atreve a acusar de “racista” a todo un país, como si no hubiera buenas razones para controlar la entrada de extranjeros en tierra propia. Es una arrogancia típica de quien pontifica sin tener que vérselas con los problemas reales que nos asaltan en los telediarios de todo Occidente desde hace décadas y que ha llevado a líderes tan poco sospechosos de extremismo integrista como Nicolas Sarkozy, Angela Merkel y David Cameron a denunciar el fracaso de la política multicultural.

Campaña en Lorca

La hipocresía también está en Lorca, en una campaña electoral supuestamente interrumpida y realmente reconducida. La visita de los políticos es, como diría Clausewitz, la campaña electoral por otros medios. Y cuando ‘Público’ ‘denuncia’ que ‘“Aguirre se salta la suspensión y llama “trolero’ a Tomás Gómez” está ejerciendo un tipo de hipocresía auxiliar que es, además de vergonzosamente demagógica, bastante infantil. Suena a “¡Seño, seño, Manolito está copiando”, pero en una clase en la que todos copian, sólo que con más habilidad, como denuncia el propio director en su editorial, ‘Lorca y los políticos”.

1 comentario:

  1. Creo que el parlamento danés está viendo la manera de rectificar lo hecho después de leer el editorial de EL PAÍS.¡Ah, no! que no les importa lo que diga el papel de bocadillo más caro del mundo.

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