domingo, 22 de mayo de 2011

El gran misterio es, y lo sigue siendo, la desconocida función real del ministro Pérez Rubalcaba. Alguna debe de tener, pero, desde luego, no es la de ministro del Interior, toda vez que ha relegado ésta en las Fuerzas de Seguridad, consagrando por vez primera en la historia de la democracia española la discrecionalidad policial como un principio absoluto. Ni el franquismo se atrevió a tanto. Si de verdad cree lo que dice, este personaje es un peligro. Para los ciudadanos y para la democracia, desde luego, pero, en primer lugar, para la propia Policía. (SIGUE)







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