martes, 3 de mayo de 2011

El día más triste

Ayer fue el día más triste en las sedes intelectuales y políticas de la izquierda española. Ayer fue el día más triste para toda esa extensa masa de gente que vive del odio y del rencor, del antiamericanismo como una superstición y de la judeofobia como un resentimiento atroz.

Porque les matamos al símbolo, al héroe. El ejército de la libertad mató a Bin Laden. Él fue el icono de esta España terrible, la España que culpó a Aznar de los trenes de Atocha y en las manifestaciones de apoyo a las víctimas del atentado todo eran proclamas contra el PP y no hubo ni una sola pancarta contra Bin Laden o Al-Qaeda.

Ayer fue el día más triste para los del “¿quién ha sido?” y para los del “No a la Guerra”, porque matamos al suyo, matamos al que siempre justificaron para culpar a Estados Unidos, a Aznar o a Israel. Ayer matamos a Bin Laden. Para la gente normal, matamos al terrorista más sanguinario de todos los tiempos. Para la gente marcada con la tara de la izquierda resentida y antiamericana matamos a quien daba su merecido a los Estados Unidos y al Occidente libre.

Ayer fue el día más triste para los que dijeron que Estados Unidos merecía el atentado contra las Torres Gemelas; ayer fue el día más triste para los que incluso dijeron que no fue un atentado sino una operación de la CIA para justificar la política internacional americana, y que curiosamente no había judíos en los edificios. Ayer fue el día más triste para todos ellos, para los que no se levantan al paso de la bandera americana y hacen su agosto electoral culpando a sus adversarios de los crímenes del terrorismo islamista.

Ya a primera hora de la mañana, cuando se conoció la noticia, los coristas de la peor izquierda trataron de quitar importancia a la muerte de Bin Laden diciendo que ya no mandaba demasiado o que estaba medio retirado. Se les notaba que estaban tristes, se les notaba que estaban destrozados. Se les notaba que habían perdido a un referente, a un padre. Se les notaba que se habían quedado huérfanos y que trataban de dar toda clase de explicaciones sobre la nueva organización del terrorismo islamista, como viniendo a decir que “la lucha continúa” y que habrá represalias. Como si realmente las desearan.

Ayer fue el día más triste para la gente peor, para los espíritus más miserables, para los fanáticos de la peor estirpe. Para los más infelices, para los que siempre se han sentido incómodos en el mundo libre. Porque no saben qué hacer con la libertad, porque no saben qué hacer con la vida. Porque sienten su vida como un peso triste y angustioso: y por ello encuentran tan admirable la destrucción, porque es su única válvula de escape para tanto resquemor.

Ayer matamos al peor terrorista de todos los tiempos y para gran parte de la izquierda intelectual y política fue su día más triste. En Washington se desató el júbilo cuando ha sido conocida la noticia. En los discursos de los intelectuales de la izquierda española, tono grave, palabras arrastradas, mucha carraspera y la sombra de mucha, muchísima tristeza.


(Salvador Sostres)

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