jueves, 21 de abril de 2011

Gran Poder













"Me conocías antes de haberme formado. Tu Nombre está en mí, unido a mi corazón, encerrado en mis huesos".


Comienza a quebrar albores.
La imponente canastilla surge de un silencio sepulcral cargando un misterio hondo.
La claridad de la mañana acerca aun más el rostro cansado y austero de la imagen.
Un crujido doloroso y seco, acompaña el levantar del paso.
La tensión en la forma de andar de los costaleros forja, si cabe, más dramático el momento.
La gente se ciñe como nudos engarzados para que Jesús pueda ahondar su camino.
Cuatros siglos de callada penitencia contemplan este momento.
Y los vencejos, asustados, callan.
Una nube de prodigioso incienso penetra la luz.
Se acerca el paso racheado y la voz del capataz mandando..."Pararse ahí".
Cuántos siglos cargando la cruz, cuántas esperanzas sembrada a la sombra de tu dolor.
Te paras a mi lado, y un temblor frio recorre el alma.
Solo quiero hacerte saber que quiero cargar contigo la cruz que llevas, aunque exhausto caiga del peso.
Las seis de la mañana, y Jesús del Gran Poder, pasa ante mí.
Y se aleja como un barco henchido de amor, con un viento sagrado que nos deja un reguero de agua pura.
No hay agua más pura Señor, que la que sale de tu mirada.


2 comentarios:

  1. Ojalá,Jose, que la lluvia nos permita esta "madrugá" poder ver al señor de Sevilla por las calles de nuestra ciudad.
    La esperanza no la perdemos.

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  2. Y menos, la de Triana, Natalia.
    Ánimo, Dios proveerá. Que si llueve, será por algún motivo.

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