sábado, 16 de abril de 2011

No se metan con el industrioso niño Ivancito

Por Pablo Molina

El estupor que muestra el socialista medio andaluz cuando se habla de sus actividades –o las de su círculo familiar– en el terreno del trinque responde a una confusión que comparten los altos cargos de La Pesoe por debajo de la línea de Despeñaperros: todos están absolutamente convencidos de que la Administración es una empresa de su propiedad que, por tanto, pueden gestionar a su antojo con la mayor despreocupación.

Tomemos el ejemplo de Manuel Chaves: cuando tiene que defender a su Ivancito, sólo hay que verle el rostro desencajado y los continuos patinazos verbales que se pega para saber que estamos ante alguien que no comprende de qué acusan a su criatura; porque él mismo, que además de padre es un político de larga trayectoria, no ve nada extraño en que el chavalote se haya forrado –presuntamente– trincando un chavón (FJL dixit) en comisiones por intermediar en negocios que dependen de la Junta de Andalucía, donde el apellido paterno impone todavía una jartá.

Los socialistas no entienden que, cuando están en el poder, tienen que ser escrupulosos con el manejo de un dinero que no les pertenece; y es que en realidad están convencidos de que ese dinero es suyo. Es ganar unas elecciones... y lo primero que hacen es pedir la llave de las perras para colgársela en el llavero y llevarlo por fuera del bolsillo, porque encima son horteras hasta decir basta.

El principio básico del socialismo al norte de Andalucía es que el dinero público no es de nadie. En el sur no están de acuerdo con el teorema y afirman que el dinero por supuesto que tiene dueño: La Pesoe. En ambos casos sale perdiendo el contribuyente, pero en el segundo, además, tiene que asistir al espectáculo lamentable de unos trincones analfabetos que se llevan la pasta y encima se retratan ante una mesa llena de patas de centolla y tanques de cerveza. Es natural que no se escondan, porque los tíos no tienen conciencia de hacer nada malo. Total, si el dinero de la comunidad autónoma o del ayuntamiento es suyo, qué más les da a los ciudadanos que esté en uno u otro bolsillo...

Con los enchufes en la función pública ocurre exactamente igual. Dos legislaturas consecutivas es lo que necesita el PSOE para poner en nómina hasta a los primos octavos del último concejal de festejos de la aldea más diminuta. En Andalucía, donde el socialismo anda agotando su octavo mandato sucesivo, se dan ya escenas entrañables de padres enchufando a sus hijos, todo un ejemplo de responsabilidad paterna y fortalecimiento de los lazos familiares que debiera ser ponderado adecuadamente por el Vaticano a la hora de resaltar la importancia de la Familia.

Para los socialistas, los principios de libre concurrencia, mérito y capacidad son solamente trabas leguleyas que los herederos del franquismo han introducido en la legislación para dificultar el acceso a la función pública de sus familiares y amigos, que son precisamente los que más lo merecen, porque han demostrado sobradamente que su único interés es trabajar por el socialismo, es decir, por el pueblo, y eso hay que pagarlo con un puesto de trabajo fijo y un sueldazo, aunque el agraciado tenga serias dificultades para dibujar la letra o incluso con la ayuda de un canute de caña.

Manuel Chaves ha sido en realidad hasta modesto, porque por pudor ha evitado colocar a sus hijos en la Junta de Andalucía. A sus hermanos los ha enchufado a casi todos, pero con los chiquillos ha sido especialmente duro y, en lugar de acostumbrarlos a la sopa boba de un horario funcionarial, les ha lanzado a la vorágine de la iniciativa privada, para que trabajen de conseguidores de trinques y subvenciones sin más apoyo que el de todos y cada uno de los departamentos administrativos de la comunidad autónoma andaluza, territorio no precisamente hostil para cualquiera que lleve el apellido Chaves, como decíamos antes.

Los católicos queremos unas jornadas mundiales de la Familia presididas por una foto de la saga de Manolo Chaves y en las que el niño Ivancito nos ofrezca desde el púlpito el testimonio de su amor filial. Si en ese momento no se convierte Zapatero, es que es verdaderamente el Anticristo.

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