martes, 22 de marzo de 2011

Vulpes pallida Cirenaica

Ocurre a veces con el bello, sublime y eterno arte de la escritura y de la música, que una Obra es tan poderosamente grande que nos transmite una energía que descansa apasionadamente en nosotros. Consideras entonces -bien lo sabes- una verdadera tragedia griega y una maldición de proporciones bíblicas que en Ella acabe posándose las horas muertas que terminarán por declinar y ensuciar la luz de sus primigenias horas, de un verdor ocaso: "Vulpes pallida Cirenaica".
De esta desgraciada quema de rastrojo para el alma que deja el paso del tiempo en las Obras, se salvan aquellas que están impregnadas en su núcleo embrionario del agua clara que emana de la inmortalidad.
Hablo de esas obras de arte que se pegan a nuestros sufrimientos como una asquerosa y maldita sanguijuela hematófaga, nos succiona la herida y consiguen que al menos remitan los diagnósticos más pesimistas…..


Palaxy Tracks (Vía Vericuetos)



2 comentarios:

  1. Yo lo he visto siempre de otra manera, amigo Bate.

    No es que el transcurso del tiempo pueda acabar ensuciando la luz de las primigenias horas de la creación artística. Para mí el tiempo es mas bien un cedazo que sólo deja pasar el auténtico arte, aventando las trampas, artificios y falsificaciones.

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  2. Totalmente de acuerdo con lo que dice Gulliver.
    La intención del post era explicar, exponer que las verdaderas obras de arte, no poseen fecha de caducidad. Sucede que me vuelvo tan enrevesado buscando las palabras justas, que a veces, me pierdo por el camino.

    Un saludo

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