jueves, 24 de marzo de 2011

"Hasta que no le pase a la hija de un político, al pueblo que le den"

La absolución de 'El Cuco' ha desatado la ira del padre de Marta que afirma que no se cambiará nada hasta que no le pase a la hija de un político.

Es intolerable el calvario por el que está pasando esta familia, intolerable y muy injusto. No puedo estar más de acuerdo con las palabras que vierte a modo de súplica y grito de angustia este buen hombre; sólo es cuestión de ponerse un minuto en su piel, e intentar sentir lo que lleva padeciendo para entender en su justa medida lo que nos dice. Es justo lo que diga, y que siga luchando por su hija. Cualquier persona de bien, repito, de bien, entiende las severas y gravísimas palabras del padre. Palabras duras, surgidas de la amargura, del dolor inhumano, de la desidia y la desesperanza de saberse en manos de un sistema judicial corrupto y absolutamente viciado, desde que los progres y esa chusma putrefacta que le declararon la guerra a la Verdad y la moral natural empezaron hace ya tres décadas a hacer de las suyas, a cargarse a Montesquieu y a llevar a la práctica toda esa basura roussiana del "buen salvaje".

Han cambiado el candelero de lugar, y lo que antes eran estancias bien iluminadas, ahora se vuelven espacios lúgubres, cerrados, sin luz. Los delincuentes, asesinos y violadores, no son culpables de nada, dicen estos hijos de un dios menor, la culpa es siempre de la sociedad, por lo tanto, si terminan por ingresar en el centro penitenciario (aquí la única penitencia la purgamos los de siempre) no es para pagar por sus culpas y se arrepientan; si no para que se reintegren en última instancia en la sociedad, esa que acaban de violentar, dispuesta con el culo al aire para que la sigan puteando.

Siempre me ha llamado poderosamente la atención que sea la administración de Justicia la que dispone del peor servicio informático de todas las instituciones del Estado. Mientras que Hacienda, con una facilidad pasmosa, puede enterarse de tus movimientos financieros de los últimos veinte años, la administración de Justicia se las ve y se las desea para llevar a buen puerto una simple querella. No creo que sea casualidad este desbarajuste, esta insólita desorganización. Mientras la mortífera y desvergonzada (¿vieron ustedes ayer al sardónico Rubalcaba reirse en el Congreso ante la pregunta de un diputado?) casta política vive cada vez mejor y más alejada de la cruda realidad económica, la santa “ciudadanía”, ese ente aborregado cebado en las estúpidas soflamas igualitarias, se muere de asco y hambre.

El desecho de tientas que tutela el ministerio de Justicia, un tal Caamaño, una mala bestia a la que le hace honor esa cara de cochino jabalí que gasta, colocó el puntal de la infamia a ras del suelo en sus primeros días en el gobierno:

El ministro de Justicia defiende "el derecho a mentir" de los imputados por la muerte de Marta del Castillo


Un imputado nunca tiene derecho a mentir, tiene derecho a no delcarar en su contra y a guardar silencio. Pero no puede mentir a un juez porque comete perjurio. Así de sencillo. ¿Qué diría el ministro si mañana violasen y matasen a una hija suya?. Bien, dijo esto: "Y yo defiendo ese derecho (el de los delicuentes, asesinos y violadores) porque hoy pasa en este caso, pero mañana me puede pasar a mí y tengo derecho a no colaborar".
El tiparraco, como se puede ver, se puso en la piel de los asesinos. Muy propio de este gobierno. Muy propio de la miseria relativista que nos gobierna...., hasta que el relativismo les golpee a ellos. O hasta que un padre se lleve por delante al asesino, al juez que lo puso en la calle y a los políticos que legislaron las mierdas de leyes que permiten soltar a los asesinos de la niña Marta del Castillo.

Maldita sean vuestras estampas, que se dice por aquí.


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Tal vez, quién sabe, me encuentre un día por las calles de Sevilla con Antonio del Castillo, el padre de Marta, y me gustaría poder mirarle a los ojos para decirle que sentí mucho la terrible pérdida de su hija y también, el dolor añadido que le infringió toda esta asquerosa ralea de políticos, jueces y gobernantes que no movieron un dedo por paliar tanto dolor.



4 comentarios:

  1. Parafraseando e invirtiendo el titulo de la novela de Jane Austen: no hay ni SENTIDO ni SENSIBILIDAD; ni por parte de éstos jueces vista la sentencia del Cuco -¿porqué no se dice el nombre de éste indeseable pare que lo relacionemos con indignidad y barbaridad los que no queremos dejar de tener memoria?-, ni mucho menos por el lado de los políticos, que como clase no solo no la tienen, sino que son unos mierdas.

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  2. Éste caso se me hace muy extraño, Locuaz, desde el principio. Que tres niñatos se estén riendo de toda la policia y ésta esté incapacitada para sacarles donde está el cuerpo de la niña, me resulta muy raro. Ayer escuché decir al padre que la novia del hermano de Carcaño, que debería ver pasado por el talego, es hija de alguien con mucho poder político en Sevilla, no dijo quién.
    Yo también quiero saber quién es esa persona. Datos, nombres, que todo salga a la luz.

    Un saludo

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  3. Ayer me decía mi "santo", que esto no va ser nada cuando se produzca el juicio a Carcaño y Samuel.
    Desgraciadamente la ley y el Código penal que padecemos en España, son los más blandos y laxos de la UE.
    El ejemplo es la ley del Menor, uan auténtica aberración que permite que individuos como "El Rafita",el asesino de Sandra Palo (que fue violada y quemada viva por él y otros tres jóvenes más) ,anden en la calle delinquiendo.

    ¿Y cual es la razón de esto?. pues la que tu señalabas acertadamente en mi blog; el concepto que tiene la izquierda del "buen salvaje", la idea russoniana de que la víctima auténtica es el delincuente, al que una sociedad burguesa e injusta lo ha empujado al arroyo.

    Por eso desprecian a las víctimas.
    Por que en cierta manera, la izquierda las considera "responsables".
    Y sucede lo mismo, si se presta atención, en lo referente a las víctimas del terrorismo.

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  4. "Y sucede lo mismo, si se presta atención, en lo referente a las víctimas del terrorismo."

    Llevan la amoralidad escrita en los genes, Natalia.

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