lunes, 28 de junio de 2010

Frase excelente del día

" No hace falta saber a qué le tiene miedo una persona.
Basta con saber que tiene miedo"

Lawrence Block, Los pecados de nuestros ancestro

El Tribunal Constitucional avala la mayor parte del Estatut por seis votos a cuatro

Mi profunda reflexión tras leer (pufff....) el Texto íntegro del fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Cataluña (PDF), es la que sigue; que le den la independencia, levantamos fronteras y aranceles, y aquí paz, y después gloria.
Ya está bien de cuentos, o todos somos iguales, o se acaba con los privilegios, y los privilegiados.

Más información aquí

Adenda: Ahora que entramos en el verano, donde la mayoría tenéis tiempo de sobra para hacer lo que os apetece, os recomiendo esta lectura, es un texto un tanto farragoso, pero seguro que pasáis, un buen rato a pie de playa.
Además, si os ve un progre enfrascado en su lectura, pensará que sois un intelectual comprometido.

Green Eyes

"La decencia es poco fotogénica"

MIGUEL D'ORS
Poeta




Alfredo Valenzuela
Abc de Sevilla

Poeta, nieto de Eugenio d’Ors, profesor de Literatura de la Universidad de Granada, donde fue compañero de García Montero y Fortes, va a contracorriente, como demuestra en sus dos últimos libros, ambos publicados en Sevilla, los diarios «Más virutas de taller» (Los Papeles del Sitio) y el poemario «Sociedad Limitada» (Renacimiento).


—¿Tan limitada ve la sociedad de hoy como para titular «Sociedad limitada» su último libro?

Sí, y la incapacidad de muchos para ver las limitaciones de esta sociedad es probablemente una de las mayores limitaciones de esta sociedad.

—¿Por eso afirma que el mundo actual es como los espejos del Callejón del Gato, que sólo los deformes aparecen con buena figura?

Mire qué clase de personas son populares, admiradas y ricas, y verá qué poco fotogénica resulta hoy la decencia.

—En un poema de ese libro se despacha contra los periodistas…

No tengo el menor interés en aparecer en los medios de comunicación, y cada vez que respondo a las preguntas de un periodista siento que le estoy haciendo un favor, aunque sólo sea porque es él quien va a cobrar por mis palabras. Lo menos que puedo pedir al entrevistador es que no me haga preguntas enfadosas, ¿no le parece?

—No escribe para hacer amigos…

Pero se pasmaría si supiera la gran cantidad de personas que son amigos de Miguel d’Ors.

—¿Le asusta la soledad?

No. En el fondo, la soledad es mera pobreza de alma. Uno puede estar físicamente solo y no estar en soledad, y, al contrario, puede estar en soledad en medio de la multitud, que es la forma típicamente moderna de la soledad. Ahora mismo hay en Nueva York o en Madrid mucha gente más sola que los padres de la Tebaida en su yermo, simplemente porque tiene el espíritu vacío.

—¿Le molestan los simpáticos?

En absoluto. Y a ratos yo también soy uno de ellos.

—¿Qué son los «extremistas de centro»?

Los que no están ni con el ladrón ni con el policía, sino en el justo medio. Suelen ser gente tonta, cobarde o —lo más habitual— las dos cosas a la vez.

—¿De verdad prefiere hacer la guerra antes que hacer el amor fuera del matrimonio?

Pues claro. Como católico, creo que, en ciertas condiciones, una guerra puede ser justa, mientras que los actos sexuales —porque a esto se refiere actualmente la expresión «hacer el amor»— fuera del matrimonio son injustos siempre.

—Su abuelo don Eugenio dividía los poetas en albaricoqueáceos y melocotoneáceos…

Don Eugenio prefería los poetas «melocotoneáceos» porque era partidario de la poesía con un meollo conceptual; uno tiene un criterio más amplio.

—Se cuenta que su abuelo «obscurecía» sus textos si su secretaria los entendía a la primera…

Mi abuelo soporta uno de los anecdotarios apócrifos más voluminosos, acaso sólo comparable, en el ámbito literario, a los de Valle-Inclán y Benavente. Esta historia del «oscurezcámoslo», tan traída y llevada como la de «los experimentos, con gaseosa», probablemente nunca sucedió. O nunca le sucedió a él. Desde luego, les pega más a otros. Pero no me pida nombres, que hoy tengo un día pacífico.

—¿Sería capaz de mejorar su definición de «progre», según la cual es la persona muy preocupada de parecer progresista?

Ahora mismo no.

—¿Y tiene esa definición algo que ver con lo que denomina «memocracia»?

Algo sí, pero no mucho. La memocracia, que fácilmente se confunde con la democracia, es el gobierno de los memos; y, aunque es verdad que todos los «progres» son memos, no todos los memos son «progres». Hay también mucho memo de derechas.

—En cuanto se ha jubilado, se ha marchado de Andalucía ¿no habrá huido?

En rigor no me marché de, sino que me fui a. En cuanto a Andalucía, no creo que haya en el mundo muchos lugares tan hechos a la medida del hombre.

—¿Qué echa de menos de la Universidad?

Sobre todo, la biblioteca y el contacto con los alumnos. En la España de hoy la Universidad pública no ofrece muchos motivos para la nostalgia.

—¿Qué opinión le merece cómo se resolvió el conflicto entre Fortes y García Montero, compañeros suyos?

Se resolvió, en lo sustancial, como debía resolverse. Lo más interesante de tan deplorable caso fue el contraste entre el grandísimo apasionamiento con que la gente se pronunciaba sobre él y el pequeñísimo conocimiento que tenía de los hechos, claro indicio de que había factores ideológicos por medio.

—¿Cómo mantuvo la calma y no desesperó cuando se perdió en la montaña?

Fueron cuatro días. Mantuve la calma porque era el único medio de no cometer errores que habrían sido funestos y porque a la sazón llevaba treinta años en el oficio. La esperanza la mantuve porque creo en Dios y pienso que, contemplado a la debida distancia, todo cuanto nos sucede es bueno.

—¿Qué busca un montañero en la montaña?

Se busca a sí mismo, pero con una talla más que la que tenía en la montaña anterior.

domingo, 27 de junio de 2010

Gran Poder

"¿Hasta que hora está abierto el besamanos?", preguntó una señora delgada, de cuerpo trabajado por la vida y piernas como alambres, de esas que se ven en las colas del 18 de diciembre en la Resolana y del Domingo de Ramos en San Lorenzo, esas que llaman a la Macarena por su nombre de Esperanza y Padre Mío al Gran Poder. "Hasta que pasen todos los que quieren al Señor", le contestó un hermano. "¿Quererle? -replicó- Lo quiero desde antes de nacer porque lo querían mis padres y ellos me enseñaron a quererle". Y la mujer, huérfana de teologías, se fue sin saber que había cantado un salmo -"desde que estaba en el seno de mi madre yo me apoyaba en ti y tú me sostenías"- o recitado un poema de Jehudah Haleví: "Me conocías antes de haberme formado. Tu Nombre está en mí, unido a mi corazón, encerrado en mis huesos".

Las negociaciones para liberar a la periodista española S.Cid van por buen camino

Quiero hacer un llamamiento público a la calma. Especialmente a la familia de la señorita reportera. No puedo ir más rápido en este delicado asunto. La burocracia Gongelandesa, es aún peor, que la española. Estamos negociando un acuerdo con la nueva cúpula política del país,si cabe, más corrupta que la anterior.
En España, nuestro enlace con el Ministerio de Exteriores será el caballero Posodo, conocedor en profundidad de la filosofia moratina y penca que rige la cancillería hispana.
Tenemos trabajando con nosotros varios agentes israelitas del Mossad; lo que vayamos aclarando en dicho negociado, nos lo dirá el señor Guido Ginzi, antiguo colaborador de los servicios secretos judíos en los asuntos de la antigua Yugoslavia. Actualmente destinado en Madrid, pero con un pie en Calgarý (Canadá).
Locuaz está gestionando ayuda humanitaria con una empresa de embutidos y Chacinas ibérica cita en la ciudad de Gines (Sevilla) llamada Badía, para suministrar alimentos durante mi estancia aquí, ¿no, Locuaz?

Mucha suerte compañeros y compañeras. La vida de una compatriota está en juego.

sábado, 26 de junio de 2010

Frase imbécil del día

"Ya hemos logrado que el PSOE pierda las elecciones, ahora lo único que hace falta es conseguir que el PP no las pierda."
(Alberto R. Gallardón- Alcalde de Villa zanjas)

Primero; tenéis que ganar las elecciones, por lo tanto, cómo bien dice esa leyenda gongelandesa “No vendáis la piel del oso antes de cazarlo, porque hasta las garras, todo son pezuñas” o algo así.
Segundo; ¿me puedes repetir eso de que habéis logrado que la PSOE perderá las elecciones por culpa vuestra?, es que no le entendido bien Alberto. Mira, eso no se lo cree ni el que asó la manteca.
Si la Oficina de Contratación a tiempo completo para los amigos, o sea, la PSOE, cae, no os lo debemos a vosotros, maricomplejines, se debe principalmente a que una gran mayoría del pueblo (suena rancio, ¿eh?) hemos calado hasta el tuétano a esta panda de impresentables que nos lleva a la ruina más absoluta.
Ustedes, jerarcas del PP, han estado todo este tiempo callados como putas en rastrojo (¿?).
Así, que menos lobos, Caperucit@.


jueves, 24 de junio de 2010

Comienzo a leer "Subida del Monte Carmelo" de San Juan de la Cruz

La noche oscura


En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.



miércoles, 23 de junio de 2010

Luís Herrero se ha vuelto definitivamente tonto del culo

Reconozco que el muchacho tenga que crear una cierta tensión en su programa de Aradio para hacerlo más ameno, más interesante, más lo que el crea que tenga que hacer para vender seguros MAPFRE o lo que le salga de la rabadilla. Pero hoy, y no es el primer día, se ha pasado tres pueblos reconociendo el derecho de la mujer musulmana (y oprimida) a llevar burka en nuestro país, en cualquier lugar.
Hago hincapié para que se note severamente lo de cualquier lugar.
En su casa, como si se pone un saco de patatas, que estéticamente es lo mismo.


Este hombre viene a decir y argumenta (ay !! argumentos…) que el burka no está sumiso al Islam, y entonces, me he vuelto a decir a mi mismo como el que no quiere la cosa: ¡este tío es gilipollas!.

Yo creo sinceramente, que nos toma el pelo a todos, pero eso tiene un precio don Luís Herrero, que yo, por ejemplo, empiece a dudar de su hombría de bien.

El Gran Poder no es Venus

¿Qué pasaría si un funcionario de Prisiones entre tarambana y majareta, al término de un solemne acto ante la Casa de Juntas, cogiera la motosierra que llevaba en una mochila y talara el árbol de Guernica? Una vez que lo hubieran reducido en su locura y detenido, ¿qué le imputarían? ¿Un atentado ecológico acaso? No, por lo menos lo hacían reo de ofensa a los sentimientos del pueblo vascongado, de agravio a su historia, de afrenta a su símbolo. Argumentarían que con ese árbol de Guernica, sagrado para tantos ciudadanos, habían querido cortar muchas más cosas que un tronco y unas ramas. Bueno, pues a los sevillanos nos han talado el árbol de nuestra fe, el símbolo de nuestra religiosidad popular, como cantaba el remate de la saeta de Centeno: «Tronco de la Madre Iglesia/ y árbol del paraíso». ¿Y de qué van a acusar al loco o algo peor que loco que le ha arrancado un brazo a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder? ¿De atentado sacrílego? No, padre. ¿De ofensa al sentimiento religioso de todo un pueblo? Frío, frío. ¿De agravio a los símbolos sagrados? Tampoco. ¿De acto vandálico contra la libertad religiosa? Menos. Al agresor le imputan, aguanten la indignación y el asombro, ¡un delito contra el patrimonio histórico-artístico!
Lo aclaro, por si no lo han entendido bien: arrancarle un brazo al Gran Poder y, con él, los sentimientos de fe y devoción al pueblo que sabe que es el Hijo de Dios, es lo mismo que cuando el Real Madrid ha ganado la Copa, la hinchada lo celebra en Cibeles, un exaltado se sube a la fuente y en su alegría por colocarle una bufanda blanca y morada le rompe un brazo al mármol de la diosa romana. Lo aclaro, por si no lo han entendido bien y no van comprendiendo con quién nos jugamos los cuartos y hasta dónde ha llegado el agua en esta horrible riada del laicismo y del agnosticismo, cuando no la persecución a la Iglesia y a todo lo que huela a sentimiento cristiano. Arrancarle un brazo al Gran Poder es lo mismo que pegarle dos patadas a un mosaico de Itálica y cargarse media docena de teselas. Como entrar en el Museo de Mérida y escoñar una Venus. Arrancarle un brazo al Gran Poder, al que tantas madres rezan, ante El que tantos padres lloran la pérdida de un hijo, es como el que entró en la Biblioteca Nacional con una cuchilla de afeitar, cortó los mapas de un incunable y se los llevó a su casa.
Así que ya lo saben, para que queden perfectamente integrados en la-modernidad-y-el-progreso del respeto que merecen aquí los sentimientos religiosos, siempre que, claro, estén relacionados con un burka, un Corán, una chilaba y una babucha; porque, caso contrario, todo es facherío, carcundia, rancidez, aunque sea la fe de siglos de todo un pueblo. Querer destruir la imagen de Cristo Salvador en su Gran Poder no va en absoluto contra la religiosidad, ni contra la fe. Es un atentado contra el patrimonio. ¿Es cosa de Mahoma acaso esto del Gran Poder? ¡Pues entonces! Son ganas de enredar y de negar los tiempos de cuatro meapilas, que dicen que cortarle un brazo al Gran Poder es agraviar la fe de un pueblo, ofender sus más hondas convicciones religiosas, atacar el legado de creencias de muchas generaciones. El Gran Poder, para que se enteren, sólo es una escultura de muchísimo mérito artístico. Como la Venus de Milo, que también es manca, una cosa así. Esto es lo que hay. Que sepan que aquí han hecho ya obligatoriamente agnóstico hasta al Código Penal. (Como no sea un atentado contra el patrimonio inmaterial de la fe de todo un pueblo...)

Antonio Burgos

martes, 22 de junio de 2010

Gran Poder




Oh forma sacratísima,vértice de las flores,
donde todos los ángulos tienen sus luces fijas, Cursivadonde nudos y boca construyen un presente,
cuerpo de luz humana con músculos de harina.
( F. García Lorca )

Comienza a quebrar albores.
La imponente canastilla surge de un silencio sepulcral cargando un misterio hondo.
La claridad de la mañana acerca aun más el rostro cansado y austero de la imagen.
Un crujido doloroso y seco acompaña el levantar del paso.
La tensión en la forma de andar de los costaleros, hace, si cabe, más dramático el momento.
La gente se recoge como nudos engarzados para que la cofradía pueda ahondar en su camino.
Cuantos siglos de callada penitencia hay en este momento.
Los vencejos, asustados, callan.

Una nube de prodigioso incienso penetra la luz.
Se acerca, el paso racheado, y la voz del capataz mandando...-Pararse ahí!.


Cuantos siglos cargando la cruz, cuanta esperanza sembrada a la sombra de tu dolor.

Te paras a mi lado, y un temblor frio recorre mi alma.
Solo quiero hacerte saber que quiero compartir la carga que llevas, aunque exhausto caiga del peso.

Son las seis de la mañana y Jesús del Gran Poder, pasa ante mí.
Y se aleja como un barco henchido de amor, como un viento sagrado que nos deja un reguero de agua pura.


No hay agua más pura que la que sale de tu contemplación, Señor.




lunes, 21 de junio de 2010

Han profanado la imagen de Nuestro Señor del Gran Poder

Un perturbado le arrancó anoche un brazo a la imagen del Gran Poder


H
an profanado la imagen de Nuestro Señor del Gran Poder.
Han dado un verdadero y certero golpe de odio en el corazón del alma de la ciudad.
La de los creyentes y los que no creen, la que reza y la que dejó de hacerlo, pero que aún negando la existencia misma del Dios hecho madera, guardan en el baúl de la memoria mas íntima, las visitas que realizaban al templo acompañando a sus abuelos, y la memoria, a veces, algunas veces, da pellizco que la cabeza no entiende. Un respeto.


Quienes hemos llorado delante del Dios que tallara Juan de Mesa con las gubias celestiales que le prestaron los Ángeles y seguimos llorando -aún tengo un clavo en la garganta que no me deja tragar saliva-, sabemos, que no sólo ha sido el acto criminal de un perturbado, que hay más detrás. Que se esconde mucho odio fraguado en el horno del infierno, y que bajo la fachada de un pobre loco (Dios te perdonará, no lo dudes), querrán vendernos como una salmodia interminable que no ha sido para tanto, que es sólo el ataque de un enloquecido, que iba drogado.. (si esta profanación llega a suceder en Luxemburgo o Suecia, me callo, pero resulta que ha pasado en Sevilla, en España, y ya nos conocemos todos. Todavía permanecen ensombrecidas algunas fachadas de algún templo sevillano con esta leyenda: "La luz de la Iglesia que más ilumina es la que sale ardiendo".)

No dudo de la perturbación mental de este pobre desgraciado, pero no me cabe la menor duda que este hombre sospecha el caldo de odio y rencor que se está creando contra todo lo que huela a Iglesia. Por desgracia, esto no es nuevo.Uno de los lastres más dolorosos que tendremos que sanar en el futuro que nos deja el perturbado de la Moncloa, aparte del económico, el odio creado a raíz de la memoria Histérica, la ingeniería social y pedagógica para controlar a los más débiles, etc.. es el odio que ha generado con con sus políticas contra la Iglesia. Se vuelven insoportable los ataques contra la Iglesia. Una jauría de desafectos a sus raíces cristianas -cualquiera se poner a profundizar en sus causas-, esputan sin el menor pudor una series de embestidas por el motivo que sea, y eso es lo que hay, y lo que queda.

Parece que fue una premonición. Rara vez se ha dado el caso de una imagen que recibe un ataque de las características como el que ha sido víctima el Señor del Gran Poder. Pero
Antonio Rodríguez Buzón llevó esa hipótesis a su extraordinario pregón de la Semana Santa de 1956. De hecho, el final de su exaltación hacía alusión a un hecho como el que tuvo lugar ayer:

Si alguien te alza la mano
o te ofende, Gran Poder,

te juro Dios Soberano
que ése no pudo nacer
bajo el cielo sevillano.

domingo, 20 de junio de 2010

La sexualidad organizada contra Israel

Finalmente, los homosexuales de todos los sexos, organizados para promover y llevar adelante el gran negocio del Día del Orgullo Gay, han mostrado la patita: no quieren saber nada con Israel.

Israel es el país que, hace unos años, presentó a una bellísima transexual, llamada Dana Internacional, al concurso de Eurovisión. Y ganó. Lo cual es de agradecer desde el punto de vista de la normalización de todas las posibilidades sexuales; que no opciones, como suelen malnombrarse, porque nadie elige su deseo: casi me atrevería a decir que es elegido por él.

Pero la corrección política, es decir, la política a secas, lo deforma todo en la mejor tradición del esperpento. La revolución sexual de las últimas décadas se está pudriendo a toda velocidad. Y no por casualidad.

La incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, que tan poco tiene que ver con su liberación, aceleró su ingreso en la política. Pero no lo hizo de la manera más adecuada, sino mediante la corporativización de la sexualidad, el mismo camino por el que se liberaron todas las formas imaginables de la sexualidad. Esto llevó a la cuota y otras barbaridades muy bien aceptadas por los socialistas de todos los partidos.

De modo que tenemos ilustrísimas representantes en el Parlamento e ilustrísimas ministras escogidas para su papel por ser mujeres y, de acuerdo con el criterio de muchas votantas, que diría la Aído, para que actúen en su nombre en tanto que mujeres, cuando las votadas en cuestión no van a ir al Congreso a ocuparse de las féminas, sino de la congelación salarial o el recorte de las pensiones.

Otro tanto sucede con el movimiento gay, en el cual existen más variaciones ideológicas que sexuales, pero cuyos organizadores –ni siquiera dirigentes ni representantes– dan por supuesto que ser gay es ser progre, con todo lo que ello implica a día de hoy, incluido el proarabismo y el antisemitismo en su omnipresente disfraz de antisionismo. De modo que los organizadores del Orgullo Gay tienen autoridad, me parece que conferida por el señor alcalde esta villa y corte de Madrid, entusiasta de los festejos y cuya aportación al conflicto palestino se pudo leer esta semana en El País (no sin alipori o vergüenza ajena), y por el diputado psoero Pedro Zerolo. Autoridad para decidir quién viene y quién no. Hace dos o tres años tuvieron que quitarse de encima a los sadomasoquistas y a los paidófilos, que querían manifestarse, convencidos de que sus respectivas opciones sexuales son tan legítimas como cualquier otra. Realmente, no era de recibo.

Gallardón.(Permítaseme una digresión a propósito del señor alcalde, que se pasó la primera mitad de su artículo explicando sus amistosos lazos de siempre con el pueblo judío, evidentemente desde el lugar del no judío. ¿Pero acaso no se reclama este gran melómano pariente o descendiente o no sé bien qué de Isaac Albéniz, igual que su prima Cecilia ex Sarkozy? ¿Y acaso ser un Albéniz no implica, a gusto o a disgusto, ser judío?).

Pues bien: resulta que los turcos, que se alejan de Occidente a dos mil nudos por hora, iniciaron hace unos días la provocación a Israel intentando romper el bloqueo que este país y su vecino Egipto mantienen sobre la franja de Gaza. Lo hicieron de la mano de su aliado preferencial de este momento, los iraníes, que son los que van a continuar el juego. (¡Y sigue Turquía en la OTAN!). Los iraníes –si mal no recuerdo de los pies de esas fotos espeluznantes de homosexuales ahorcados con cuerdas atadas a unas grúas, como si a mayor altura se muriera más– no gustan de los homosexuales. El Islam en general no gusta de los homosexuales, pero los que en pleno siglo XXI ejercen con más boato su homofobia son los iraníes. Y no precisamente los israelíes. Los españoles veríamos aún con cierto rubor que nuestro enviado o enviada a Eurovisión fuese transexual.

Pero el progresismo da lugar a muy extraños compañeros de cama, y nunca mejor dicho. Juan Goytisolo encontró en el modernísimo Marruecos un hogar en el que vivir libremente su sexualidad, y es un convencido islamofílico que hasta fue a rendir homenaje personal, junto a Saramago y otros figuras, al provecto Arafat de los últimos días.

Yo confiaba en que la liberación gay generase más libertad en el conjunto social, pero no fue así. Al contrario: a los organizadores no se les ocurrió mejor cosa que reivindicar para sí mismos la más burguesa de las instituciones, el matrimonio; véase Engels, a quien ninguno de estos señores que hoy prohíben desfilar en su fiesta la carroza israelí ha leído ni por las tapas. Bueno, el día del juicio final de Occidente, que está cerca, los musulmanes no les preguntarán si han leído a Engels, sino qué han hecho con su cuerpo. Y después buscarán de dónde colgarlos.

Es todo coherente: si usted dice que su sexualidad es una opción, terminará casado.

Tenían toda la razón los Padres de la Iglesia y los monjes ascetas, aunque ellos lo expresaran en otros términos: la ideología es más poderosa que el sexo. Sospecho que también lo es el dinero, y estoy a punto de creer que casi cualquier cosa es más importante que el sexo, incluidas las fobias étnicas. Aquí y ahora, el antisemitismo es más poderoso que el sexo. El antisemitismo de los organizadores, que no el de los ingenuos participantes, felices de estar en su salsa una vez al año y no pocos de ellos, judíos.

Aviso a mis amigos gays y lesbianas, incluidos los que en los últimos años han venido de otros países al Orgullo Gay de Madrid, toda una referencia: si vuelven, van a participar de una de las celebraciones más reaccionarias de cuantas puedan imaginar, incluidas las paradas de camisa azul y brazo derecho en alto.

Y al que me diga que la mariquita de aspecto virilísimo y barba cerrada (tanto, que me pareció un infiltrado de la mezquita), con kefiá al cuello, a la que vi en la tele anunciando que los homosexuales israelíes se quedaban sin festejo tiene algo que ver con el progreso, la libertad y el ejercicio de la propia sexualidad, le recomendaré un buen psiquiatra.

Horacio Vázquez-Rial....(pero lo podía haber escrito yo...ejm,ejm)

sábado, 19 de junio de 2010

El consuegro de Bono




Pd: Madre mía, como me gustaba la España de antes...

Bono


D. José Bono, el socialista cristiano (valiente oximoron), actúa esta noche como Estrella de la Ilusión en La Noria.
Es este (lo digo por si hay alguien aún lo suficientemente puro para no saber de qué va esta basurilla), un programa de debates, tertulias y entrevistas del higadillo, pero que por lo visto, y aparte de todo esto, es también una magnífica maquinaría propagandística que los socialistas emplean -lo que haga falta- de vez en cuando para darse un lavado en sus impolutos rostros de cemento armado.
Ya estuvo en este estercolero televisivo hace bien poco el huero e insípido Pepe Blanco, enumerando las diferentes medidas que el gobierno de la nación iba a tomar para paliar la crisis en la que ellos mismos han tenido el delicado detalle de meternos hasta el corvejón de la miseria.

Todo en José Bono (hijo de falangista y defensor a ultranza de la Memoria Histérica) es una impostura. Empezando por su felpudo capilar (¡ay..., los soberbios, no podéis ocultar vuestras arrogancias!, a este paso, acabarás gastando la cabellera de Evo ,) y acabando por su falso cristianismo. Su ideología socialista es bastante ortodoxa, eso sí, el dinero es de todos, por lo tanto; recoge merecidamente la porción del pastel que le corresponde.

Contaba esta mañana el gran César Alonso de los Ríos en LD, una deliciosa anécdota que nos puede ayudar a conocer mejor lo que se cuece por el cabezón de este patricio manchego. El tipo tuvo el cuajo de confesar (nunca mejor dicho) ante un teólogo jesuita y él mismo, que el dogma de la resurrección de Cristo era un lastre que no dejaba modernizarse a la Iglesia... ¿?.
Y que esta, la Iglesia, debía cambiar el rumbo para acomodarse a los nuevos tiempos. Como dijo San Pablo, si Cristo no resucitó, nuestra esperanza es vana.
Creo que lo único verdadero en la vida de este pobre hombre rico son las patraña de mentiras consentidas en la que ha estado navegando (muy bien, por cierto) desde que nació.

PD: Sobre la muerte de Saramago: El Mundo "...referente moral". ¡¡Puafff.. que asco!!, igualito que
L'Osservatore Romano, lean, lean: "Colocado lúcidamente en la parte de la cizaña en el evangélico campo de grano, se declaraba insomne por el solo pensamiento de las cruzadas o de la Inquisición, olvidando el recuerdo del gulag, de las purgas, de los genocidios, de los samizdat culturales y religiosos".

viernes, 18 de junio de 2010

Leire ministrable

Según tengo entendido, el mandamás del Fondo Monetario Internacional (FMI) Don Dominique Strauss-Kahn, se ha largado de España más tranquilo de lo que llegó tras enterarse por propia boca de nuestro amado presidente que tiene en mente una remodelación de su gabinete: "Vamos a poner en valor a Leire Pajín, Dominique".
En ese justo momento, Dominique (no se puede tener un nombre más cursi y faltón) ha respirado tan profundamente que las aletas de su portentosa nariz han vibrado, por saber de antemano, que esta era una medida obligatoria para que España (lo habian tratado en el Club Bilderberg) comenzara a desfilar por terrenos firmes y seguros.
"Dar paso a una nueva generación preparada intelectualmente para sacarnos de la crisis". Ha comentado un Zapatero exitado sensiblemente por el éxito de la propuesta en los foros económicos.
Estas han sido las palabras concretas que Zapatero le ha susurrado al mandamás de la pasta mundial antes de coger las maletas para irse al aeropuerto: "¿Y que te parece Bibi Aído de Vice-primera y Pedrito Zerolo en Defensa, Dominique?".


Frase criminal del día

"Lo que más me ha costado de todo lo que he hecho en mi vida quizá haya sido tener que rebajar el sueldo un cinco por ciento a los funcionarios públicos".
(José Antonio Griñán -Llamarme Pepe)


Poco parece haber vivido usted, Sr. Griñán. Pepe, Pepito en su nuava mansión de cacique andaluz, sabe de sobra, que su particular caladero de votos se encuentra en ese inmenso colectivo de funcionarios (sobra el 50%) que nutren con garbo la Administración socialista....Uy, perdón, quise decir, andaluza, y en cultivar como melones de secano los votos que aportan la flojería (es lo que tiene el socialismo) del PER.
De los que llevamos cobrando casi la mitad del sueldo (autónomos, empleados de la empresa privada, etc..) en menos de un año, este mequetrefe sociata, no se acuerda. Simplemente no existimos para Pepe.
Que desagradecido.

jueves, 17 de junio de 2010

Manzanas podridas cercan el cielo

Días llevo que no apetece escribir.
Que no sé que escribir.
Días que me siento agotado,
apático,
irremediablemente abandonado a los nublados.
Y peor aun,
la tormenta no termina de llegar y el agua que lo purifica todo no acaba de arribar.
Necesito encontrar la sirena que indica la dirección a la gente de la mar, que como la veleta del torreón, anega el grosero viento de un noviembre en fa menor.
Algo, alguna señal
que dé de bruces a tanta escombrera del alma, que alimente la respiración de forma sincopada, como un compás muerto al albur de una plaza donde guarnecerse.
Porque los días, algunos días,
se hacen tan irreparablemente interminables.

Manzanas podridas cercan el cielo
y yo,
abocado mortalmente como un búcaro de flores, espero…


miércoles, 16 de junio de 2010

Berlín

España está muy malita, muy malita.

España se haya a estas alturas del curso como una gran cancha de baloncesto.
Nos encontramos políticamente en el tiempo muerto del inacabable partido que empezó con el advenimiento de esta tropa que padecemos al poder.
El gobierno no sabe aún, ni se decide, sobre el camino que debe elegir para que la sangría de votos que le espera a la vuelta de la esquina (después de la Juerga General que preparan para todavía no sé qué los sindicatos), no devenga en una verdadera hemorragia que le haga perder los signos vitales antes de entrar en el quirófano. Mantener el poder es lo que cuenta.
La fría, lúgubre y temida sala de operaciones se encuentra en Berlín. El cirujano jefe que debe acometer dicha operación es una mujer que caló desde el primer momento al nefasto iluminado que gobierna el timón del país:
-Así, que de tonterrías, las justas, ZaPaterrro.
Supongo que le habrá dado a entender con pocas palabras la doctora fierro a nuestro chico la situación en la que se encuentra. Toca muchos calditos, nada de alcohol ni productos alucinógenos y mucho trabajar.
El no, que no sabe lo que es eso, a nosotros.
A los de siempre, vaya.

martes, 15 de junio de 2010

Hébridas

Tal como me lo manda mi amigo Loquaz, lo subo. Ya tendré tiempo más adelante de comentar los por menores del disco. Tendría 18 años el menda cuando monté este grupo con dos o tres amigos del barrio.
Siempre tuve en mente a la hora de componer las canciones que las guitarras serían el mascarón de proa de la nave.


Ah, y acabo, el disco se llamó " Quién dijo miedo ".

Dedicado a la marinería de la Argos; y a su patrón, claro.


lunes, 14 de junio de 2010

Frase criminal del día

"La izquierda abertzale nos llevará a la paz"
(Eguiguren, socialista malvado y vasco, o vasco y malvado.., malvado seguro)



Blogger Ella dijo... (.. de los comentarios del Blog de Santiago Gónzalez)

Qué asco!!
¿qué le llamaría la izquierda oficial española a alguien que proclamara que Franco nos trajo la paz? Pues eso mismo les llamo yo a los dirigentes de este PSOE desalmado y vergonzoso.

domingo, 13 de junio de 2010

Frase imbécil del día

«Frente a nosotros, nos encontramos la irresponsabilidad del PP, si no tomamos medidas, nos critican. Si las tomamos, también nos critican»

(D. José Blanco, cráneo privilegiado del gobiernodespaña)

¿Para qué se habrá creído este paisano que está la oposición en un país democrático...?

Te van a crucificar de todas maneras, periodista. A lo hecho, pecho.



¿Alguien duda quien fue el que nos llevó a la miseria? Que lea esto.

Zapatero vendió en el año 2007, el 38% de nuestras reservas de oro a 630 dólares la onza. Hoy la cotización está en 1.200. La partida oro vendida por una ocurrencia de Zapatero valdría ahora cerca de medio billón de pesetas más.
El presidente de las dádivas y las sonrisas impuso su criterio frente a la resistencia de Pedro Solbes y del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez.
Necesitaba dinero fresco para sus despilfarros y lo obtuvo con gravísimo perjuicio para el conjunto de los españoles. Pedro Solbes comprendió entonces que era muy penoso seguir respaldando las ocurrencias económicas de Zapatero. El presidente juega como si se tratara de calderilla con las grandes magnitudes de la economía.

Luís María Anson ( El Imparcial)

sábado, 12 de junio de 2010

El Ayuntamiento es homosexual


Por Alberto García Reyes


Varios colectivos de gays y lesbianas izaron la bandera arcoiris en el Ayuntamiento de Sevilla para conmemorar el día del orgullo gay

Cuando Oscar Wilde escribió su carta de amor a Alfred Douglas entre las rejas de la cárcel de Reading, la sociedad británica se echó las manos a la cabeza. El escándalo de su homosexualidad, razón por la que se le había reservado una celda, era inaceptable entonces. Pero «De Profundis», que así se tituló la epístola, ha resultado ser uno de los mejores textos de amor de la literatura universal.
Porque Wilde no hizo bandera de su condición sexual. Simplemente disfrutó de ella en su intimidad. Vivió sin ataduras sociales. A su antojo. Sin huir de sí mismo. Y tal vez ése fue el verdadero escándalo. No su lujuria. Su libertad. No su orgullo. Su liberación. Porque el orgullo es síntoma de mediocridad. Es la consecuencia de un complejo. Por eso Wilde nunca se enorgulleció de su homesexualidad. Simplemente la vivió con naturalidad. Y gracias a esa actitud logró convertirse en uno de los hitos de la comunidad gay.

De sus discípulos son sus defectos. Lorca concluyó este debate con su célebre «Oda a Walt Whitman» en «Poeta en Nueva York» para rendir un homenaje al libertario de la sexualidad neoyorquino. «Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman, contra el niño que escribe nombre de niña en su almohada, ni contra el muchacho que se viste de novia en la oscuridad del ropero, ni contra los solitarios de los casinos que beben con asco el agua de la prostitución, ni contra los hombres de mirada verde que aman al hombre y queman sus labios en silencio. Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades, de carne tumefacta y pensamiento inmundo, madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño del Amor que reparte coronas de alegría. Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos gotas de sucia muerte con amargo veneno. Contra vosotros siempre, faeries de Norteamérica, pájaros de la Habana, jotos de Méjico, sarasas de Cádiz, apios de Sevilla...».
La espadaña del Ayuntamiento fue ayer la bandera de los complejos. Un arco iris de veleidades que emborrona la lírica sobrenatural de Wilde y Lorca, dos homosexuales que jamás clavaron el mástil de sus pasiones en ninguna atalaya pese a que vivieron tiempos de albedríos perseguidos, de cárcel por no reprimir sentimientos y de tiros por no callar ideas. Ellos no se amotinaron en edificios públicos para reivindicar su libertad pese a que las circunstancias los legitimaban para hacerlo. Ésa es la diferencia entre el genio y el ramplón. El tosco aún no ha comprendido que en un sistema democrático, garante de las libertades, bla, bla, bla, las esencias humanas no se conquistan. Se disfrutan.
Pero los representantes burdos de cualquier idea, condición o sentimiento son, siempre, los más necesitados de llamar la atención. Sobre todo si cuentan con el apoyo de los otros acomplejados: los políticos heterosexuales que necesitan justificar su progresía izando la bandera gay. Ellos son quienes restan normalidad a la causa. Y quienes ultrajan la neutralidad de las instituciones. El republicano ha de colgar su bandera en la sede de su partido. El alcalde puede defender cualquier orgullo blandiendo su escudo en el edificio del PSOE. Pero el Ayuntamiento, que es la casa de todos, no está para banderías de ninguna clase.

Zp en su salsa y acunado como un bebé por los suyos


El otro día, entre abrazos, miradas cómplices y rollito del bueno, se reunieron en el Congreso unos cuantos padres de la patria "socialista" (Mister X, Barrionuevo, Corcuera, etc...., gente de fiar, y caballeros de izquierdas), para rendir un merecidísimo recuerdo a la figura de D. Pablo Iglesias, primer socialista obrero y apañao, en ocupar un puesto de Diputado en el Congreso. Entre el fragor del momento y las declaraciones laudatorias que ellos mismos se lanzaban sin ningún tipo de rubor (estos tíos serán lo que sean, siempre chungo, pero en humildad, no los gana naide), Rodríguez Zapatero, a cuenta de lo que le traía al convite, soltó varias perlas socialdemócrata: "No solo siento orgullo, siento alegría". ¿De qué sientes alegria, calamidad?, a ver dime, ¿de que te sientes tan orgulloso, de ver como se desangra el país?
Y esta otra: -"Somos el partido de las políticas sociales. Las grandes conquistas sociales llevan la firma del PSOE: extensión del sistema sanitario, de las pensiones no contributivas, ley de dependencia...". Mira chaval, a ver si te enteras de una puñetera vez..., la mayor conquista social a la que puede aspirar un padre de familia para darle de comer a sus hijos, es tener trabajo. Siempre que los socialistas llegáis al poder, la miseria. la necesidad, la impotencia de no llegar a fin de mes, las lágrimas, tarde o temprano, más temprano que tarde, empieza a aflorar por las familias. Ustedes nutren al Partido, de políticas miserables, es decir, las políticas que crean miseria, necesidad, pobreza, impotencia, etc.... Sólo valen vuestras ideas, vuestros dogmas, para crear riqueza en
la Casa común socialista, esa secta que algún día se marchará cuesta abajo y sin freno por el vertedero de la Historia. A cada cerdo le llega su San Martín. Tiempo al tiempo.
Y ya puesto a soltar sandeces, que deberían avergonzar a cualquier socialista decente (alguno quedará, ¿no?, digo yo, ), esta otra: "Estos días he oído críticas a los sindicatos. Gracias a ellos tenemos pensiones (¡¡¿¿¿????!!..ehinnn!!!). Quiero denunciar la demagogia de los que criminalizan todo el día a los sindicatos en nuestro país".
¿¡La demagogia!?...., anda, me voy a callar.

Frase excelente del día

"El socialismo no se inventó para crear riqueza sino para repartir la que otros generan según el criterio sectario de los gobernantes. Es lo que en la jerga marxista posmoderna se denomina "corregir las desigualdades", "redistribuir la riqueza" o "justicia social". En definitiva, que usted y yo trabajamos para que los socialistas repartan nuestro dinero en función de sus necesidades electorales."

Pablo Molina (Un genio que escribe)

viernes, 11 de junio de 2010

Dos monjas


El aire del amanecer despierta como un lánguido
susurro divino tras el aguacero que cayó minutos antes.
Debería parar el tiempo.
La humedad del día dispone el alma de otro proceder, más serena, menos cortante.
Del descolorido y sucio portal de los arrabales de la inhóspita urbe, salen tras haber pasado toda la noche sosegando a la muerte, la rabia y el dolor, dos monjas de las Hermanas de la Cruz. Hábito marrón tabaco, rosario al fajo y unas humildes sandalias para transitar por los caminos inescrutables que les rubrica el Señor.

Como dos gorriones asustados, evitan un charco de agua formado poco antes por el aguacero.
El aire está limpio al pasar, como si lo hubiesen jabonado con lejía.

-"Pasan toda las noches cuidando a un pobre huérfano del barrio que esta malito de sida". Comenta una vecina anciana arrancada de un cuadro de Valdés leal.
En esas sandalias, se encuentra toda la teología de la caridad, todo el peso del amor sobrenatural.
Para el resto de los comunes, esa caridad, nos está vedada. Lux cegadora.
Dos alimañas revestidas de odio y chatarra ideológica murmuran a sus pasos palabras que hieren.
Truculenta inercia hispana.

Ora Pro nobis, y a otra cosa; buscar el camino más corto para regresar a sus celdas.
Incluso estos pobres diablos que se jactan de su ignorancia flotando como el corcho en un mar de dudas, serán cuidados el día de mañana de sus futuras desgracias (Dios no lo quiera), por esta cohorte de ángeles ceriferarios que moran la tierra.

Frase criminal del día

"Occidente convierte su moral en dominación"

Amin Maaluouf (Último Príncipe de Asturias)

Al pollo este, hace tiempo que le llevo siguiendo el resuello. En su faceta de cuentista y novelista, no voy a entrar, no me interesa. Entro en lo que me toca. El premio que le han concedido con mi dinero.
Parece que los españoles tenemos que soportar que nuestros impuestos estén destinados a sufragar los gastos de un mierda que lleva comparando el Islam con occidente desde hace mucho tiempo. El notas, incluso, no se privó de ello el día que masacraron Nueva York, mi NY.
No me cabe la menor duda que toda esta mierda se sustenta bajo la mirada inquisidora de la Alianza de Civilizaciones..
La gallina ésta con gafadepasta vive en Paris. Supongo que a la ciudad de la Luz, no llegan las imagenes de los Ayatolás iranies colgando de los huevos a los homoxesuales.
Malditos hijos de perras progres...

PRELUDIO DE LA SEGUNDA SUITE PARA VIOLONCELLO

Siempre que me zambullo en este preludio, me preparo mentalmente , Re Fa La, un dos tres, respiro.
Comienzo a zarandear las notas del árbol, y espero la caída de un gramo de arte que me permita llegar al final tal como empecé. Vacío.
Pontificar como se debe interpretar este preludio, se lo dejo a los que técnicamente saben más que yo.
Solo quiero transmitir -si me es posible-, el camino que se ha de transitar para llegar a buen puerto.

Todo ejercicio debe ir acompañado de una actitud que disponga , mejor dicho, predisponga, al espíritu de los cauces necesarios para nutrir el trabajo de sustancia, con fondo
El germen de la creación nace de una previa meditación. Es necesario y fundamental digerir cada nota, pensarla, acariciarla, amarla, y llegado el caso, odiarla, escupirla.
Hacerse con el control de ellas como un vaquero doma un potrillo.
Cuando tengamos controlado la física, pasaremos a lo difícil. ¡Crear!.

Elvis Costello - Stell


La forma de acabar el fraseo con su particularísimo vibrato, hace de esta canción, sólo por este detalle, una pequeña obra maestra.
Es una verdadera joya, y como todo lo que toca Costello, un verdadero regalo de los dioses. Le acompañan en las cuerdas el Cuarteto Kronos.
Me maravilla la sencilla orquestación que se deja notar de forma tan sugerente. Su dulcísima tesitura, la coloratura de la armonía, el sencillo respirar de cada nota. Es una canción completa. La guardo en la maleta que siempre estoy embalando para acercarla a mi isla.
Este tema pertenece al magistral Ep que compuso en el 2003 llamado North.
Un trabajo elegante y lleno de guiños a su padre, músico de Jazz.
Disfrutenla, se sentirán mejor persona tras su audición.

Menudo Pájaro


“..el partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales, a establecer la solidaridad humana, y esta aspiración lleva consigo la supresión del Magistratura, la supresión de la Iglesia , la supresión del Ejército, y la supresión de otras instituciones necesarias para ese régimen de la insolidaridad y antagonismo .... estaremos en la legalidad mientras la legalidad nos permita adquirir lo que necesitamos; fuera de la legalidad cuando ella no nos permita realizar nuestras aspiraciones....// .. Tal ha sido la indignación producida por la política del gobierno presidido por el Sr. Maura , que los elementos proletarios, nosotros de quien se dice que no estimamos los intereses de nuestro país, amándolo de veras, sintiendo las desdichas de todos, hemos llegado al extremo de considerar que antes que Su Señoría suba al poder debemos llegar al atentado personal.”

Diario de Sesiones 7 de julio 1910

jueves, 10 de junio de 2010

Una foto como señal de alarma




H
abrá quien quiera situar este artículo como un puro ejercicio de fácil demagogia contra unas chicas que por lo que se palpa en la “afoto“, se lo están pasando pipas, de “abuten tron“.

Bien pensado, dirán los más benévolos, todos hemos sido jóvenes, y nos hemos divertido cómo hemos querido, mejor dicho, nos han dejado. Yo no puedo dar ejemplo de nada a este respecto. He hecho de esta vida casi de todo bueno, malo y regular. Mi condición noble -lo siento si suena arrogante- de interpretar las relaciones personales no sirvió de nada para evitar caminar más veces de las deseables por el lado oscuro de la cara de la vida, acompañado y ayudado casi siempre en mi tontuna, por algún que otro tipo sin escrúpulos.
Decía Margaret Thatcher ante la invasión británica de las Isla Malvinas, que un país, una nación, de vez en cuando debe mandar señales que el resto del mundo capte sin interferencias, voz clara y pulso firme, o algo así.

Quizá, esté autorizado como naufrago de turbulencias (que cursi suena esto) que fuí, para decir que esta foto, la "afoto", es todo un síntoma, una señal de los tenebrosos vericuetos por los que discurren la juventud, el niñateo, en estos días.

¿Toda?. Casi. Sólo basta visitar un parque en cualquier ciudad española a partir de la caída de la tarde para corroborar que una mayoría de nuestra juventud está bordeando el precipicio hacia el abismo con mayor asiduidad de la debida, con una entrega suicida, que a veces, obra que no haya vuelta atrás.
He visto, oído y sentido la caída de muchos amigos en ese pozo provocado por la desidia de no tener ningún sustento moral al que agarrarse. Cuando el toro de la desesperanza suelta pitonazos al primero que se acerca sin un buen escudo, ya es tarde.

Las hijas menores de todo un presidente del gobierno se pueden permitir -con la anuencia de sus padres, claro- asistir a una juerga donde pongo la mano en el fuego, había algo más que calimocho de garrafón.
Siempre sucede así, no falla, el garrafón es una excusa para lo otro, el titiritar de sienes. Crean leyes para que después ni las hijas del legislador de esas normas, las cumplan, se las tomen a guasa gaditana, y las miren, con el mismo desprecio que un soberbio que se sabe intocable.


Está prohibido vender bebidas alcohólicas a menores.
Se me dirá que en dónde radica la importancia si después las mismas crías a la que tratan entre algodones y cabelleras de agua oxigenada se acercan a un vertedero abortista para desentrañar la criatura que llevan dentro y que le causa a la pobre chica, alguna que otra molestia.
El mismo estorbo, por otro lado, que producen unas tetas recién operadas, que diría la analfabeta y nazificada ministra de Igualdad (“..es un ser vivo, pero no humano” (¿recuerdan?)).
Esto es el colmo del cinismo, la cólera del veneno que se substancia en forma de sistema democrático.

No se ha visto mayor podredumbre moral e intelectual en ningún gobierno democrático.
Reconozco cada vez mayor sonrojo para identificar a esta tropa con algo a lo que llamar gobierno democrático.


La Historia juzgará con mano dura a todos estos izquierdistas ideologizados en el odio al más indefenso, el niño por llegar, al que vacían incluso en su derecho a la vida.
Hay una lucha encarnizada que se está dirimiendo entre el egoísmo y la responsabilidad, estos miserables, esta corrupta tropa, está legislando a favor de la egolatría. Esta ley - la del aborto-, sólo traerá miseria, podredumbre y desesperanza. Al tiempo.


Esta foto es fruto del concepto educativo (escuela, medios de masas, pedagogía progre, etc.) que el socialismo lleva vertebrando sobre varias generaciones de españoles.
La famosa y miserable Educación para la Ciudadanía, donde se adoctrina a los chicos en el relativismo más atroz (todo vale, nada importa, todo son derechos, ningún deber , ninguna responsabilidad, obsesión por la sexualidad… ¡!), es sólo el mascarón de proa de esta nave que discurre a la deriva.
Mientras, el capitán al mando del timón, es incapaz de educar a sus hijas con unos principios que le den fondo para la vida, que es dura, y puta.

Imposible pedir peras al olmo.
La persona que no es capaz de mantener un cierto orden en su casa, no está capacitada para regentar ni siquiera una tienda de ultramarinos en su barrio, menos, lógicamente, un gobierno, aunque éste sea el GobiernodeEspaña”.

Preludio de la Quinta Suite para violoncello de Bach


C
uando Juan Sebastián Bach se puso con la Quinta Suite para violoncello en Do Menor, ojo con esta tonalidad, que derrumba al más engreído. Quiso dejar claro, y lo dejó, vaya si lo hizo, que para interpretar y desentrañar esta música, haría falta algo más que músculos y escuela, técnica y tesón. Si las Suites del
viejo peluca son la Biblia para el violoncellista, concretamente esta, la Quinta, son los Salmos de alabanza que debemos cantar más con el corazón, que con la razón, más con la fe que arrinconan dudas, que con sombras de certezas.
Sólo podemos atacar este sagrado promontorio de vuelo, seguro de nuestras posibilidades, aligerando pesares. Si los hay, que esa es otra. (Ludwig Van Beehtoveen a Schubert: "Sólo podrás crear una ópera, cuando hayas sufrido hasta lo indecible").

Nada más vacío, que el dolor, y nada llena más, que el soplo que deja ciego de amor; ahíto de Verdad.


Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

( Salmo 1, 3 )


miércoles, 9 de junio de 2010

Senderos de Traición


Esta gente, ante que nada, son bizarros, y eso se nota en el primer arpegio que rasgan. Los que sabemos algo como funciona una guitarra, cuando queremos darle “Chorus”, nos compramos un pedal que nos abastece de profundidad, de eco. No otra cosa es el “Chorus”. Algo parecido al Gua-gua, pero en profundo.
20 años hace que grabaron los Héroes este disco. Se adelantaron 15 años a lo que tenían que adelantarse.
Los Héroes llegaron a mi vida tarde, mejor dicho, yo, llegué tarde a la banda de Zaragoza -son bizarros, ¿o no?. Viendo, percibiendo (veo la tele en el bar de mi compadre Javi), la basura erótica/musical que les dan a la chavalería, cada vez entiendo más, la decadencia de España.
Esta banda fue lo más escuchado cuando el menda que les escribe tenia 18 tacos. Por esa época, yo estaba en otra cosa, que ahora no viene a cuento. O sí. La Escuela de Viena (¿hay nivel o no hay nivel?) ocupaba toda mi oreja. Eso, esta peña, y gente como los Gun Club, Pixies, Los Bastos (lo mejor que ha producido Sevilla), y otras bandas que dejan a la música actual, en muy mal lugar. Pero que en muy mal lugar. Antes, los músicos, se dedicaban hacer música. Ahora, no se que coño tienen en la cabeza la mayoría. Ni me interesa.
No veo la tele, no escucho la radio. Sólo escucho y veo lo que me da la gana. Empieza a dolerme el “costillar” (eres un puto genio, Sr. IA). Hay dos o tres canciones de este disco que me flipan.









* Morat; ¡¡Perdóname!!

Sr. IA, le dedico esta bella canción. ¿Conoce esta banda, Mr?

Mi costillar, Sr.IA, se encuentra henchido de amor.

martes, 8 de junio de 2010

Israel-Gaza: alto a la desinformación

El País

TRIBUNA: BERNARD-HENRI LÉVY
Israel-Gaza: alto a la desinformación

Nadie muere de hambre en Gaza, Israel solo bloquea la entrada de armas. Pero unos tontos útiles se embarcaron en una epopeya miserable, cayendo en la trampa de los fanáticos del apocalipsis antijudío

Evidentemente, no he cambiado de posición. Como dije ese mismo día en Tel Aviv, durante un acalorado debate con un ministro de Netanyahu, la forma en que se desarrolló el asalto, frente a las costas de Gaza, del Mavi Mármara y su flotilla me sigue pareciendo "estúpida".

Y si me hubiera quedado la más mínima duda de ello, el abordaje, este sábado por la mañana y sin violencia alguna, del séptimo navío habría terminado de convencerme de que había otras formas de actuar para evitar que se cerrase así, es decir, con un baño de sangre, la trampa táctica y mediática que le tendieron a Israel los provocadores de Free Gaza.

Una vez dicho esto, tampoco se puede aceptar, no obstante, el raudal de hipocresía, mala fe y, por si fuera poco, desinformación que parecía no esperar sino este pretexto para, como siempre que el Estado judío da un traspié, inundar los medios de comunicación del mundo entero.

Desinformación: la fórmula, machacada ad náuseam, del bloqueo impuesto "por Israel", cuando la más elemental honestidad exigiría que se precisara: "por Israel y por Egipto", conjuntamente, por ambas partes, por los dos países idénticamente fronterizos con Gaza. Y esto con el beneplácito apenas disimulado de todos los regímenes árabes moderados, encantados de ver a otro contener, en interés y para satisfacción de todos, la influencia de ese brazo armado, de esa avanzadilla y, un día, tal vez, de ese portaaviones de Irán en la región.

Desinformación: la idea misma de un bloqueo "total y despiadado" (Laurent Joffrin, en su editorial del diario francés Libération del 5 de junio) que convierte "en rehén" (ex primer ministro Dominique de Villepin, en Le Monde del mismo día) a la "humanidad en peligro" de Gaza. El bloqueo, no nos cansaremos de recordarlo, solo atañe a las armas y a los materiales que sirven para fabricarlas, y no impide que pasen desde Israel entre 100 y 120 camiones diarios cargados de víveres, medicamentos y material humanitario de toda clase. La humanidad no está "en peligro" en Gaza. Decir que en las calles de la ciudad de Gaza se "muere de hambre" es mentir. Podemos discutir si el bloqueo militar es o no la mejor opción para debilitar y, un día, derribar al Gobierno fascislamista de Ismail Haniyah, pero lo que es indiscutible es el hecho de que los israelíes que sirven, día y noche, en los puestos de control entre ambos territorios son los primeros en hacer la elemental pero esencial distinción entre el régimen (que hay que intentar aislar) y la población (a la que se cuidan mucho de confundir con ese régimen y, aún más, de penalizar, pues, lo repito, la ayuda nunca ha dejado de llegar).

Desinformación: el silenciamiento prácticamente total, en el mundo entero, de la increíble actitud de Hamás, que, ahora que el cargamento de la flotilla ha cumplido su función simbólica; ahora que ha servido para incitar al Estado judío al error y para reactivar con más fuerza que nunca la mecánica de su demonización (Libération, de nuevo, publicaba un terrible titular: Israel, Estado pirata, que, si las palabras aún significan algo, solo puede entenderse como una deslegitimación del Estado hebreo); ahora que, en otras palabras, son los israelíes quienes, una vez llevada a cabo la inspección, deciden encaminar la ayuda hacia sus supuestos destinatarios, se silencia, decía, la actitud de un Hamás que bloquea la mencionada ayuda en el paso fronterizo de Kerem Shalom y deja que se pudra tranquilamente: ¡al diablo las mercancías que pasaron por las manos de los aduaneros judíos!, ¡a la basura los "juguetes" que han hecho llorar a tantos y tan caritativos europeos, pero que se han vuelto impuros tras las horas demasiado largas pasadas en el puerto israelí de Ashdod! Para el gang de islamistas que, hace tres años, tomó el poder por la fuerza en la franja, los niños de Gaza nunca han sido otra cosa que escudos humanos, carne de cañón o reclamos mediáticos; sus juegos o deseos son la última cosa que les preocupa, pero ¿quién lo dice?, ¿quién se indigna por ello?, ¿quién se arriesga a explicar que si hay alguien en Gaza que toma rehenes, si alguien se aprovecha fríamente y sin escrúpulos del sufrimiento de la gente, y de los niños en particular, en resumen, si hay un pirata allí, no es Israel sino Hamás?

Más desinformación: irrisoria, pero teniendo en cuenta el contexto estratégico, desinformación al fin y al cabo: el discurso en Konya, en el centro de Turquía, de un primer ministro que encarcela a cualquiera que ose evocar públicamente el genocidio armenio y tiene la desfachatez de denunciar el "terrorismo de Estado" israelí ante miles de manifestantes exaltados que vociferan eslóganes antisemitas.

Y aún más desinformación: los lamentos de los tontos útiles que cayeron, antes que Israel, en la trampa de esos extraños "activistas humanitarios" que son, la IHH turca (Humanitarian Relief Foundation en sus siglas en inglés, Insani Yardim Vakfi en sus siglas en turco), por ejemplo, adeptos a la yihad, fanáticos del apocalipsis antiisraelí y antijudío, hombres y mujeres que, en algunos casos, pocos días antes del asalto afirmaban que querían "morir como mártires" (The Guardian del 3 de junio, Al Aqsa TV del 30 de mayo). ¿Cómo un escritor del temple del sueco Henning Mankell ha podido dejarse engañar así? ¿Cómo, cuando dice estar considerando la posibilidad de prohibir la traducción de sus libros al hebreo, puede olvidar la sacrosanta distinción entre un Gobierno culpable o estúpido y toda esa multitud que no se identifica en absoluto con este? ¿Cómo ha podido asociar a uno y otro en el mismo insensato proyecto de boicot? ¿Cómo una cadena de salas de cine (Utopia) puede, en Francia de nuevo y exactamente de la misma forma, desprogramar el estreno de una película (A cinco horas de París) solamente porque su autor (Leonid Prudovsky) es ciudadano israelí?

Desinformadores, finalmente, los batallones de tartufos que lamentan que Israel eluda las exigencias de una investigación internacional cuando la verdad es, de nuevo, mucho más simple y más lógica: lo que Israel rechaza es la investigación solicitada por un Consejo de Derechos Humanos de la ONU en el que campan a sus anchas esos grandes demócratas que son los cubanos, los paquistaníes y otros iraníes; lo que Israel no quiere es una dinámica como la que desembocó en el famoso informe Goldstone, encargado tras la guerra de Gaza por la misma simpática Comisión y con ocasión del cual pudimos ver a cinco jueces, de los que cuatro nunca han ocultado su antisionismo militante, reunir en unos días 575 páginas de entrevistas de combatientes y civiles palestinos llevadas a cabo (¡herejía absoluta y sin precedentes en este tipo de trabajo!) bajo la atenta mirada de los comisarios políticos de Hamás. Lo que Israel ha hecho ha sido advertir (¿cómo reprochárselo?) que no se prestará al simulacro de justicia internacional que representaría una investigación chapucera, con unas conclusiones conocidas de antemano y que solo apuntaría, como de costumbre, a sentar, de forma perfectamente unilateral, a la única democracia de la región en el banco de los acusados.

Un último apunte. Para un hombre como yo, para alguien que se honra de haber contribuido a inventar, junto con otros, el principio de este tipo de acciones simbólicas (Un barco para Vietnam; Marcha por la supervivencia de Camboya en 1979; boicots antitotalitarios varios; o, más recientemente, violación deliberada de la frontera sudanesa para romper el bloqueo al abrigo del cual se perpetraban las masacres en masa de Darfur), para un militante, en otros términos, de la injerencia humanitaria y del ruido que conlleva, hay en esta epopeya miserable una especie de caricatura, una mueca lúgubre del destino. Razón de más para no ceder. Razón de más para rechazar esta confusión de géneros, esta inversión de signos y valores. Razón de más para resistirse a esta tergiversación que pone al servicio de los bárbaros el espíritu mismo de una política que fue concebida para combatirlos. Miseria de la dialéctica antitotalitaria y de sus virajes miméticos. Confusión de una época en la que se combate a las democracias como si se tratara de dictaduras o Estados fascistas. Israel está en el centro de este torbellino de odio y locura, pero al mismo tiempo, no lo olvidemos, algunas de las conquistas más preciadas, en la izquierda sobre todo, del movimiento de las ideas de los últimos 30 años se ven así en peligro. A buen entendedor...

Bernard-Henri Lévy es filósofo francés. Traducción de José Luis Sánchez-Silva.

viernes, 4 de junio de 2010

La rabia y el orgullo 1

La rabia y el orgullo 1
Por Oriana Fallaci

on este extraordinario relato, Oriana Fallaci rompe un silencio de décadas. La más célebre escritora italiana vive gran parte del año en Manhattan totalmente aislada. Pero el destino quiso que, el 11 de septiembre, el Apocalipsis se abriese a poca distancia de su casa. En estas páginas plasma qué sintió. Ideas fuertes. Ideas para razonar y reflexionar.

Me pides que hable, esta vez. Me pides que rompa, al menos esta vez, el silencio por el que he optado y que, desde hace años, me he impuesto para no mezclarme con las chicharras. Y lo hago. Porque he sabido que, incluso en Italia, algunos se alegraron, como aquella tarde se alegraron en televisión los palestinos de Gaza. «¡Victoria, victoria!». Hombres, mujeres y niños. Siempre que se pueda seguir definiendo como hombre, mujer o niño al que hace una cosa así.

He sabido que algunas chicharras de lujo, políticos o supuestos políticos, intelectuales o supuestos intelectuales, amén de otros individuos que no merecen la calificación de ciudadanos, se comportan sustancialmente de la misma forma. Dicen: «Les está bien empleado a los americanos».

Me siento muy, muy indignada. Indignada con una rabia fría, lúcida y racional. Una rabia que elimina cualquier atisbo de distanciamiento o de indulgencia. Una rabia que me invita a responderles y, sobre todo, a escupirles. Les escupo a todos ellos. Indignada como yo, la poetisa afroamericana Maya Angelou, rugió también: «Be angry. It's good to be angry, it's healthy» (Indignaos. Es bueno estar indignados. Es sano). No sé si indignarme es saludable para mí.

Pero sé que no les sentará bien a ellos, a los que admiran a Osama bin Laden, a los que le expresan comprensión, simpatía o solidaridad. Con tu petición se ha encendido un detonante, que hace mucho tiempo que quiere explotar. Ya lo verás.

Me pides que cuente cómo he vivido yo este Apocalipsis. Que escriba, en suma, mi testimonio. Ahí va. Estaba en casa. Mi casa está situada en el centro de Manhattan y, a las nueve en punto, tuve la sensación de un peligro inminente que quizás no me alcanzase, pero que ciertamente me iba a afectar profundamente. Era la sensación que se siente en la guerra, durante el combate, cuando con todos los poros de tu piel sientes las balas o el cohete que silba, estiras las orejas y gritas al que está a tu lado: «¡Down! ¡Get down!» (¡Al suelo. Echate al suelo!). Tardé un poco en reaccionar. ¡No estaba ni en Vietnam ni en una de las numerosas y horribles guerras que, desde la II Guerra Mundial, han atormentado mi vida! Estaba en Nueva York, caramba, una maravillosa mañana de septiembre del año 2001.

Pero la sensación siguió apoderándose de mí, inexplicable, y entonces hice lo que no suelo hacer nunca por la mañana. Encendí la televisión. El sonido no funcionaba, pero la pantalla, sí. Y en todos los canales, aquí hay casi 100 canales, veía una Torre del World Trade Center que ardía como una gigantesca cerilla. ¿Un cortocircuito? ¿Una avioneta estrellada contra la Torre? ¿O un atentado terrorista planeado? Casi paralizada, permanecí fija ante la pantalla y, mientras la miraba fijamente y me planteaba esas tres preguntas, apareció un avión. Blanco y grande. Un avión de línea. Volaba bajísimo. Y volando bajísimo se dirigía hacia la segunda Torre como un bombardero que apunta a su objetivo y se arroja sobre él. Entonces me di cuenta de lo que estaba pasando. Me di cuenta, porque, en ese mismo momento, volvió la voz a mi tele, transmitiendo un coro de gritos salvajes. Realmente salvajes: «¡Oh God, oh, God, God, God, Gooooooood!». Y el avión penetró en la segunda Torre como un cuchillo que corta un trozo de mantequilla.

TROZO DE HIELO

Eran las nueve y cuarto. Y no me pidas que recuerde lo que sentí durante aquellos 15 minutos. No lo sé, no lo recuerdo. Era como un trozo de hielo. Incluso mi cerebro estaba helado. Ni siquiera recuerdo si algunas cosas las vi sobre la primera o sobre la segunda Torre. La gente que, para no morir abrasada viva, se lanzaba por las ventanas desde el piso 80 ó 90, por ejemplo. Rompían los cristales de las ventanas y se lanzaban al vacío como si se lanzasen de un avión en paracaídas, y caían lentamente. Agitando las piernas y los brazos, nadando en el aire. Sí, parecía que nadaban en el aire. Y no acababan de llegar abajo. Hacia el piso 30, aceleraban. Se ponían a gesticular, desesperados, supongo que arrepentidos, como si gritasen «Help, help». Y quizás lo gritasen de verdad. Por fin, caían en el suelo y paf.

Mira, pensaba estar vacunada contra todo y, esencialmente, lo estoy. Ya nada me sorprende. Ni siquiera cuando me indigno y me irrito. Pero en la guerra siempre vi a gente que muere asesinada. Nunca había visto a gente que muere matándose, es decir, lanzándose sin paracaídas del piso 80, 90 ó 100. Además, en la guerra siempre vi trastos que explotan en abanico. En la guerra siempre oí un gran ruido. En cambio, las dos Torres no explotaron. La primera implosionó y se tragó a sí misma. La segunda, se fundió, se disolvió. Por el calor se disolvió como un trozo de mantequilla al fuego. Y todo sucedió, o al menos así me pareció a mí, en medio de un silencio de tumba. ¿Es posible? ¿Reinaba realmente ese silencio o estaba dentro de mí?

Tengo que decirte también que, en la guerra, siempre vi un número limitado de muertes. Cada combate, 200 ó 300 muertos. Como máximo, 400. Como en Dak To, en Vietnam. Y cuando terminó la batalla y los americanos se pusieron a rescatar a sus heridos y a contar a sus muertos, no podía dar crédito a mis ojos. En la matanza de Ciudad de México, aquélla en la que incluso a mí me hirió una bala, recogieron al menos 800 muertos. Y, cuando creyéndome muerta, me llevaron al tanatorio, los cadáveres que había a mi alrededor me parecían un diluvio.

Pues bien, en las dos Torres trabajaban casi 50.000 personas. Y pocos tuvieron el tiempo suficiente para salir de ellas. Los ascensores no funcionaban, obviamente, y para bajar a pie desde los últimos pisos se tardaba una eternidad. Siempre que se lo permitiesen las llamas. Jamás sabremos el número exacto de muertos. ¿40.000, 45.000...? Los americanos no lo dirán jamás. Para no subrayar la intensidad de este Apocalipsis. Para no dar una satisfacción más a Osama bin Laden e incentivar otros apocalipsis.

Y además, los dos abismos que han absorbido a decenas de miles de criaturas son demasiado profundos. Como máximo, los operarios desenterrarán trozos de miembros esparcidos por todas partes. Una nariz aquí y un brazo, allá. O una especie de barro, que parece café machacado, y que es, en realidad, materia orgánica. Los residuos de los cuerpos que en un momento quedan reducidos a polvo. El alcalde Giuliani envió otros 10.000 sacos. Pero no los utilizaron.

¿Qué siento por los kamikazes que murieron con ellos? Ningún respeto. Ninguna piedad. Ni siquiera piedad. Yo que, casi siempre, termino cediendo a la piedad. A mí, los kamikazes, es decir, los tipos que se suicidan para matar a los demás, siempre me parecieron antipáticos, comenzando por los japoneses de la II Guerra Mundial.

Sólo los consideré beneficiosos para bloquear la llegada de las tropas enemigas, prendiendo fuego a la pólvora y saltando por los aires con la ciudad, en Turín. Nunca los consideré soldados. Y mucho menos los considero mártires o héroes, como aullando y escupiendo saliva me los definió Arafat en 1972, cuando lo entrevisté en Amán, el lugar donde sus mariscales entrenaban incluso a los terroristas de la Beider-Meinhoff.

KAMIKAZES

Los considero tan sólo vanidosos. Vanidosos que, en vez de buscar la gloria a través del cine, de la política o del deporte, la buscan en la muerte propia y en la de los demás. Una muerte que, en vez del Oscar, de la poltrona ministerial o del título de Liga, les procurará (o eso creen) admiración. Y, en el caso de los que rezan a Alá, un lugar en el paraíso del que habla el Corán: el paraíso donde los héroes gozan de las huríes.

Son incluso vanidosos físicamente. Tengo ante mis ojos la fotografía de dos kamikazes de los que hablo en mi libro Insciallah, la novela que comienza con la destrucción de la base americana (más de 400 muertos) y de la base francesa (más de 350 muertos) en Beirut. Se habían hecho sacar esta foto antes de ir a morir y, antes de dirigirse a la muerte, habían pasado por el peluquero. ¡Qué buen corte de pelo! ¡Qué bigotes engominados, qué barbas tan bien recortadas, qué patillas tan bien igualadas...!

¡Cómo me gustaría poder decirle cuatro cosas bien dichas al señor Arafat! Entre él y yo no hay buen feeling. Nunca me perdonó ni las repetidas diferencias de opinión que tuvimos durante aquel encuentro ni el juicio que hice sobre él en mi libro Entrevista con la historia. Y por mi parte, tampoco le he perdonado nada. Ni siquiera el que un periodista italiano, que se presentó ante él imprudentemente diciendo que era «amigo mío», se encontrase al instante con una pistola apuntándole al corazón. No nos volvimos a ver más. Pecado. Porque, si lo volviese a ver de nuevo, o mejor dicho, si me concediese audiencia, le gritaría en las narices quiénes son los mártires y los héroes.

Le gritaría: Ilustre señor Arafat, los mártires son los pasajeros de los cuatro aviones secuestrados y transformados en bombas humanas. Entre ellos, la niña de cuatro años que se desintegró en el interior de la segunda Torre. Ilustre señor Arafat, los mártires son los empleados que trabajaban en las dos Torres y en el Pentágono. Ilustre señor Arafat, los mártires son los bomberos muertos por intentar salvarlos. ¿Y sabe usted quiénes son los héroes? Son los pasajeros del vuelo que iba a estrellarse contra la Casa Blanca y que se estrelló en un bosque de Pensilvania, porque se rebelaron contra los terroristas.

Ellos sí que están en el paraíso, ilustre señor Arafat. La desgracia es que ahora sea usted el jefe de Estado ad perpetuum, que se comporta como un monarca, que visita al Papa y afirma que el terrorismo no le gusta y manda condolencias a Bush. Y quizás con su camaleónica capacidad para desmentirse, sería capaz de responderme que tengo razón. Pero cambiemos de disco. Como todo el mundo sabe, estoy muy enferma y, hablando de Arafat, me sube la fiebre.

Prefiero hablar de la invulnerabilidad que muchos en Europa atribuían a Estados Unidos. ¿Qué tipo de invulnerabilidad? Cuanto más democrática y abierta es una sociedad, más expuesta está al terrorismo. Cuanto más libre es un país y menos gobernado está por un régimen policial, más sufre o se arriesga a sufrir las matanzas que durante tantos años se produjeron en Italia, en Alemania y en otras zonas de Europa. Y ahora tienen lugar, agigantadas, en Norteamérica. No en vano los países no democráticos, gobernados por regímenes policiales, han albergado y financiado y ayudan a los terroristas.

Por ejemplo, la Unión Soviética, los países satélites de la Unión Soviética y la China Popular. La Libia de Gadafi, Irak, Irán, Siria, el Líbano arafatiano, el propio Egipto, la propia Arabia Saudí, el propio Pakistán, obviamente Afganistán y todas las regiones musulmanas de Africa. En los aeropuertos y en los aviones de esos países siempre me he sentido segura. Serena como un recién nacido que duerme plácidamente. Lo único que temía era ser arrestada porque ponía a parir a los terroristas.

En cambio, en los aeropuertos y en los aviones europeos siempre me he sentido nerviosilla. Y en los aeropuertos y en los aviones americanos, realmente nerviosa. Y en Nueva York, dos veces más nerviosa. En Washington, no. Debo admitirlo. Realmente no me esperaba el avión contra el Pentágono.

A mi juicio, en suma, nunca ha sido un problema de si, sino un problema de cuándo. ¿Por qué crees que el martes por la mañana mi subconsciente me lo advirtió con una profunda inquietud y una rara sensación de peligro? ¿Por qué crees que, contrariamente a mis costumbres, encendí el televisor? ¿Por qué crees que entre las tres cuestiones que me planteaba mientras ardía la primera Torre y la voz de mi tele no funcionaba, estaba la del atentado? ¿Y por qué crees que apenas aparecido en pantalla el segundo avión lo comprendí todo?

Por ser Estados Unidos el país más potente del mundo, el más rico, el más poderoso, el más moderno, cayeron casi todos en esa insidia. A veces, incluso los propios americanos. Y es que la invulnerabilidad de Norteamérica nace precisamente de su fuerza, de su riqueza, de su potencia, de su modernidad. Es la habitual historia del pez que se muerde la cola.

Nace también de su esencia multiétnica, de su liberalidad, de su respeto por los ciudadanos y por los huéspedes. Por ejemplo, cerca de 24 millones de americanos son árabes-musulmanes. Y cuando un Mustafá o un Mohamed viene, por ejemplo de Afganistán, a visitar a un tío, nadie le prohíbe apuntarse a una escuela para aprender a pilotar un 757. Nadie le prohíbe inscribirse en una universidad (una costumbre que espero que cambie) para estudiar química y biología, las dos ciencias necesarias para desencadenar una guerra bacteriológica. Nadie. Ni siquiera si el Gobierno teme que el hijo de Alá secuestre un 757 o eche un puñado de bacterias en el depósito de agua y desencadene una hecatombe. (Digo si, porque, esta vez, el Gobierno no sabía nada y el papelón de la CIA y del FBI no tiene parangón. Si fuese el presidente de Estados Unidos los echaría a todos a patadas en el culo por cretinos).

SIMBOLOS

Y dicho esto, volvamos al razonamiento inicial. ¿Cuáles son los símbolos de la fuerza, de la riqueza, de la potencia de la modernidad americana? No son el jazz y el rock and roll, el chicle o la hamburguesa, Broadway o Hollywood. Son sus rascacielos. Su Pentágono. Su ciencia. Su tecnología. Esos rascacielos impresionantes, tan altos, tan bellos que, al alzar los ojos, casi olvidas las pirámides y los divinos palacios de nuestro pasado. Esos aviones gigantescos, exagerados, que se utilizan como en otro tiempo se utilizaban los veleros y los camiones, porque todo se mueve a través de los aviones. Todo. El correo, el pescado fresco y nosotros mismos (no olvidemos que la guerra aérea la inventaron ellos. O al menos la guerra aérea desarrollada hasta la histeria).

Ese terrible Pentágono, esa fortaleza que da miedo sólo con mirarla. Esa ciencia omnipresente y casi omnipotente. Esa extraordinaria tecnología que, en pocos años, cambió por completo nuestra vida cotidiana, nuestra milenaria manera de comunicarnos, comer y vivir. ¿Y dónde les ha golpeado el reverendo Osama bin Laden? En los rascacielos y en el Pentágono. ¿Cómo? Con los aviones, con la ciencia, con la tecnología.

By the way. ¿Sabes qué es lo que más me impresiona de este triste millonario, de este fallido playboy que, además de cortejar a las princesas rubias y retozar en los night club (como hacía en Beirut, cuando tenía 20 años), se divierte matando a la gente en nombre de Mahoma y de Alá? El hecho de que su desmesurado patrimonio provenga también de los beneficios de una Corporation especializada en demoliciones y que él mismo sea un experto demoledor. La demolición es una especialidad americana.

Cuando nos vimos, te noté casi sorprendido de la heroica eficacia y de la admirable unidad con la que los americanos han afrontado este Apocalipsis. Pues, sí. A pesar de los defectos que continuamente se le echan en cara, y que yo misma les echo en cara (aunque los de Europa y, especialmente, los de Italia son todavía peores), Estados Unidos es un país que tiene grandes cosas que enseñarnos.

A propósito de la heroica eficacia, déjame levantar una peana para el alcalde de Nueva York. Ese Rudolph Giuliani al que nosotros, los italianos, deberemos dar gracias de rodillas. Porque tiene un apellido italiano y es de origen italiano y está quedando como un héroe ante todo el mundo. Es una gran, un grandísimo alcalde, Rudolph Giuliani. Te lo dice una que nunca está contenta por nada y con nadie, comenzando por sí misma.

Es un alcalde digno de otro grandísimo alcalde con apellido italiano, Fiorello La Guardia, a cuya escuela deberían ir muchos de nuestros alcaldes. Tendrían que presentarse humildemente, incluso con ceniza en la cabeza, ante él para preguntarle: «Sor Giuliani, por favor, dígame cómo se hace». El no delega sus deberes en el prójimo, no. No pierde tiempo en tonterías ni en medrajes personales. No se divide entre el cargo de alcalde y el de ministro o diputado. (¿Hay alguien que me esté escuchando en las tres ciudades de Stendhal, es decir, en Nápoles, en Florencia y en Roma?).

Llegó instantes después de la catástrofe, entró en el segundo rascacielos y corrió el peligro de transformarse en cenizas como los demás. Se salvó por los pelos y por casualidad. Y al cabo de cuatro días, volvió a poner en pie la ciudad. Una ciudad que tiene nueve millones y medio de habitantes y casi dos sólo en Manhattan. Cómo lo hizo, no lo sé. Está enfermo, como yo, el pobre. El cáncer que va y viene, le ha mordido también a él. Y, como yo, hace como si estuviese sano y sigue trabajando. Pero yo trabajo en una mesa, caramba, y sentada.

El, en cambio... Parecía un general de ésos que participan directamente en la batalla. Un soldado que se lanza al ataque con la bayoneta calada. «Adelante, vamos, vamos, arriba. Vamos a salir de esto lo más pronto posible». Pero podía hacer eso, porque la gente era, es, como él. Gente sin vanidad y sin pereza, habría dicho mi padre, y con cojones. En cuanto a la admirable capacidad de unirse, a la forma de cerrar filas de una manera casi marcial con la que los estadounidenses responden a las desgracias y al enemigo, pues, tengo que decirte que me ha sorprendido incluso a mí.

Sabía, sí, que esa capacidad había explotado en los tiempos de Pearl Harbor, cuando el pueblo se fundió en torno a Roosevelt y Roosevelt entró en guerra contra la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini y el Japón de Hiro Hito. La había advertido, sí, después del asesinato de Kennedy. Pero después de todo esto, había venido la Guerra de Vietnam, la lacerante división ocasionada por la Guerra de Vietnam y, en cierto sentido, esa guerra me había recordado su Guerra Civil de hace siglo y medio.

Por eso, cuando vi a blancos y negros llorar abrazados, y digo bien abrazados, cuando vi a demócratas y republicanos cantar abrazados God bless America, cuando les vi olvidarse de todas sus diferencias, me quedé de piedra. Lo mismo me pasó cuando oí a Bill Clinton (una persona hacia la cual nunca sentí ternura alguna) declarar: «Apretémonos en torno a Bush, tened confianza en nuestro presidente». Y lo mismo me pasó cuando esas mismas palabras fueron repetidas con fuerza por su mujer, Hillary, ahora senadora por el estado de Nueva York. Y cuando fueron reiteradas por Lieberman, el ex candidato demócrata a la Vicepresidencia (sólo el desaparecido Al Gore permaneció escuálidamente callado). Y cuando el Congreso votó por unanimidad aceptar la guerra y castigar a los responsables.

¡Ojalá Italia aprendiese esta lección! Está tan dividida nuestra Italia. ¡Es un país tan lleno de facciones y tan envenenado por sus mezquindades tribales! En Italia, se odian incluso en el seno del mismo partido. No consiguen estar juntos ni siquiera cuando tienen el mismo emblema, el mismo distintivo. Celosos, llenos de bilis, vanidosos y mezquinos, sólo piensan en sus propios intereses personales. En la propia carrera, en la propia gloria, en la propia popularidad de periferia. Por los propios intereses personales se desprecian, se traicionan, se acusan y se escupen...

Estoy absolutamente convencida de que, si Osama bin Laden hiciese saltar por los aires la Torre de Giotto o la Torre de Pisa, la oposición le echaría la culpa al Gobierno. Y el Gobierno se la echaría a la oposición. Y los jefecillos del Gobierno y de la oposición se las echarían a sus propios compañeros y camaradas de partido. Y dicho esto, déjame que te explique de dónde nace la capacidad de unirse que caracteriza a los americanos.

Nace de su patriotismo. No sé si en Italia habéis visto y entendido qué pasó en Nueva York cuando Bush fue a dar las gracias a los operarios (y operarias) que excavan entre los escombros de las dos Torres intentando encontrar algún superviviente y sólo extraen narices y dedos. Y sin embargo, no ceden. Sin resignarse y si les preguntas cómo lo hacen, te responden: «I can allow myself to be exhausted, not to be defeated» (Puedo permitirme estar exhausto, pero no estar derrotado). Todos. Jóvenes, jovencísimos, viejos y de mediana edad. Blancos, negros, amarillos, marrones y violetas...

¿Los habéis visto o no? Mientras Bush les daba las gracias, ellos no paraban de agitar sus banderitas americanas, levantar el puño cerrado y rugir: «USA, USA, USA». En un país totalitario, habría pensado: «¡Qué bien se lo ha montado el poder!». En Norteamérica, no. En Estados Unidos, estas cosas no se organizan. No se manipulan ni se ordenan. Especialmente en una metrópoli desencantada como Nueva York y con operarios como los operarios de Nueva York.

Son grandes tipos los operarios de Nueva York. Más libres que el viento. No se les puede manipular. No obedecen ni a sus sindicatos. Pero si le tocas la bandera, si le tocas la patria... En inglés, no existe la palabra patria. Para decir patria hay que unir dos palabras. Father Land, Tierra de los Padres. Mother Land, Tierra Madre. Native Land, Tierra Nativa. O decir simplemente My country, mi país. Pero sí existe el sustantivo patriotismo. Y exceptuando Francia, no me imagino un país más patriótico que Estados Unidos. ¡Me emocioné tanto viendo a esos operarios apretando el puño y enarbolando las banderitas mientras rugían USA, USA, USA, sin que nadie se lo mandase!

HUMILLACION

Y sentí también una especie de humillación. Porque no me puedo imaginar a los operarios italianos enarbolando la bandera tricolor y rugiendo Italia, Italia, Italia. En las manifestaciones y en los comicios he visto enarbolar muchas banderas rojas. Ríos y lagos de banderas rojas. Pero siempre he visto enarbolar muy pocas banderas tricolores. Mal dirigidos o tiranizados por una izquierda arrogante y devota de la Unión Soviética, las banderas tricolores se las han dejado siempre a los adversarios. Y tengo que decir que tampoco los adversarios han hecho muy buen uso de ella, pero, al menos no la han despreciado, gracias a Dios. Y lo mismo digo de los que van a misa.

En cuanto al patán con la camisa verde y la corbata verde, ni siquiera sabe cuáles son los colores de la tricolor y estaría encantado de retrotraernos a la guerra entre Florencia y Siena. Resultado: hoy, la bandera italiana se ve sólo en las Olimpiadas, si, por casualidad, se gana una medalla. Peor aún: se ve sólo en los estadios, cuando hay un partido de fútbol internacional. Unica ocasión, también, en la que se puede oír el grito de Italia, Italia.

Hay, pues, una gran diferencia entre un país en el que la bandera de la patria es enarbolada por los gamberros en los estadios, y un país en el que la enarbola el pueblo entero. Por ejemplo, los operarios irreductibles que excavan entre las ruinas para sacar alguna oreja o alguna nariz de las criaturas masacradas por los hijos de Alá. O para recoger esa especie de café molido, que es lo único que queda de los fallecidos.

El hecho es que América es un país especial, mi querido amigo. Un país al que hay que envidiar, del que hay que estar celosos, por cosas que nada tienen que ver con su riqueza, etc. Es un país envidiable porque ha nacido de una necesidad del alma, la necesidad de tener una patria, y de la idea más sublime que el hombre haya concebido jamás: la idea de la libertad, o de la libertad esposada con la idea de la igualdad. Es un país envidiable porque, en aquella época, la idea de libertad no estaba de moda. Y mucho menos, la de igualdad. Sólo hablaban de ellas algunos filósofos llamados ilustrados. Estos conceptos sólo se encontraban en un carísimo libraco llamado Enciclopedia.

Y aparte de los escritores y demás intelectuales, aparte de los príncipes y de los señores que tenían dinero para comprar el libraco o los libros que habían inspirado el libraco, ¿quién sabía algo de la Ilustración? ¡No era algo que se pudiese comer la Ilustración! Ni siquiera hablaban de la libertad y de la igualdad los revolucionarios de la Revolución Francesa, dado que dicha Revolución comenzó en 1789, es decir, 13 años después de la Revolución Americana, que comenzó en 1776. (Otra particularidad que ignoran o fingen olvidar los del «qué bien empleado les está a los americanos». ¡Raza de hipócritas!).

Es un país especial, un país envidiable, además, porque aquella idea es entendida y asumida por ciudadanos a menudo analfabetos o con poca instrucción. Los ciudadanos de las colonias americanas. Y porque es materializada por un pequeño grupo de líderes extraordinarios, por hombres de una gran cultura y de una gran calidad. The Founding Fathers, los Padres Fundadores, los Benjamin Franklin, los Thomas Jefferson, los Thomas Paine, los John Adams, los George Washington, etc. ¡Gente muy distinta de los abogaduchos (como justamente los llamaba Vittorio Alfieri) de la Revolución Francesa! ¡Gente muy diferente de los sombríos e histéricos verdugos del Terror, los Marat, los Danton, los Saint Just y los Robespierre!

Los Padres Fundadores eran tipos que conocían el griego y el latín como nunca lo conocerán los profesores italianos de griego y latín (si es que existen todavía). Tipos que en griego habían leído a Aristóteles y a Platón y que, en latín, se habían leído a Séneca y a Cicerón. Y que se habían estudiado los principios de la democracia griega más que los marxistas de mi época estudiaban la teoría de la plusvalía (si es que realmente se la estudiaban).

Jefferson conocía incluso el italiano (le llamaba toscano). En italiano hablaba y leía con gran facilidad. De hecho, junto con las 2.000 vides, los 1.000 olivos y los cuadernos de música que escaseaban en Virginia, el florentino Filippo Mazzei, en 1774, le llevó varias copias de un libro escrito por un tal Cesare Beccaria titulado De los delitos y de las penas.

Por su parte, el autodidacta Franklyn era un genio. Científico, impresor, editor, escritor, periodista, político e inventor. En 1752, descubrió la naturaleza eléctrica del rayo e inventó el pararrayos. Casi nada. Con estos líderes extraordinarios, con estos hombres de gran calidad, en 1776, los ciudadanos, a menudo analfabetos o poco instruidos, se rebelaron contra Inglaterra. Hicieron la Guerra de la Independencia y la Revolución Americana.

LIBERTAD E IGUALDAD

Y a pesar de los fusiles y de la pólvora, a pesar de los muertos que conlleva toda guerra, no hicieron una guerra con los ríos de sangre de la futura Revolución Francesa. No la hicieron con la guillotina ni con las matanzas de La Vendée. La hicieron con un pergamino que, junto a la necesidad del alma (la necesidad de tener una patria), concretaba la sublime idea de la libertad o de la libertad esposada con la igualdad. La Declaración de la Independencia.

«We hold these truths to be self-evident... Consideramos evidente esta realidad. Que todos los hombres son creados iguales. Que son dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables. Que, entre estos derechos, está el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Que para asegurar estos derechos los hombres deben instituir gobiernos...».

Y ese pergamino, que desde la Revolución Francesa en adelante todos hemos bien o mal copiado o en el que nos hemos inspirado, constituye todavía la espina dorsal de Estados Unidos. La linfa vital de esta nación. ¿Sabes por qué? Porque transforma a los súbditos en ciudadanos. Porque transforma a la plebe en pueblo. Porque la invita o la exige a gobernarse, expresar su propia individualidad, buscar su propia felicidad.

Todo lo contrario de lo que hacía el comunismo, prohibiendo a la gente rebelarse, gobernarse, expresarse y colocando a Su Majestad el Estado en el trono que antes habían ocupado los reyes. «El comunismo es un régimen monárquico, una monarquía de viejo cuño. Por eso, le corta los cojones a los hombres. Y cuando a un hombre se le cortan los cojones, ya no es un hombre», decía mi padre. Decía también que, en vez de rescatar a la plebe, el comunismo convertía a todos en plebe y mataba a todos de hambre.

A mi juicio, Estados Unidos rescata a la plebe. Son todos plebeyos en Norteamérica. Blancos, negros, amarillos, marrones, violetas, estúpidos, inteligentes, pobres y ricos. Incluso los más plebeyos son precisamente los ricos. En la mayoría de los casos, son maleducados y groseros. Se ve rápidamente que no son nada refinados y que no se apañan con el buen gusto o la sofisticación. A pesar del dinero que se gastan en vestirse, por ejemplo, son tan poco elegantes que, a su lado, la reina de Inglaterra parece chic. Pero están rescatados. Y en este mundo no hay nada más fuerte y más potente que la plebe rescatada. Te rompes siempre los cuernos contra la plebe rescatada.

Y contra Estados Unidos se han roto siempre todos los cuernos. Ingleses, alemanes, mexicanos, rusos, nazis, fascistas y comunistas. Por último se los han roto incluso los vietnamitas que, después de su victoria, han tenido que pactar con ellos, de tal forma que, cuando un ex presidente de Estados Unidos va a hacerles una visita, tocan el cielo con un dedo. «Bienvenido señor presidente, bienvenido señor presidente». Con los hijos de Alá el conflicto será duro. Muy duro y muy largo. A no ser que el resto de Occidente decida ayudar, razone un poco y les eche una mano.

No estoy hablando, como es obvio, a las hienas que se relamen viendo las imágenes de las matanzas y se burlan diciendo «qué bien les está a los americanos». Estoy hablando a las personas que, sin ser estúpidas ni tontas, están sumidas todavía en la prudencia y en la duda. Y a esas les digo: ¡Despertaos, por favor, despertaos de una vez! Intimidados como estáis por el miedo de ir a contracorriente, es decir de parecer racistas (palabra totalmente inapropiada, porque el discurso no es sobre una raza, sino sobre una religión), no os dais cuenta o no queréis daros cuenta de que estamos ante una cruzada al revés.

Habituados como estáis al doble juego, afectados como estáis por la miopía, no entendéis o no queréis entender que estamos ante una guerra de religión. Querida y declarada por una franja del Islam, pero, en cualquier caso, una guerra de religión. Una guerra que ellos llaman yihad. Guerra santa. Una guerra que no mira a la conquista de nuestro territorio, quizás, pero que ciertamente mira a la conquista de nuestra libertad y de nuestra civilización. Al aniquilamiento de nuestra forma de vivir y de morir, de nuestra forma de rezar o de no rezar, de nuestra manera de comer, beber, vestirnos, divertirnos o informarnos...

No entendéis o no queréis entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no luchamos, la yihad vencerá. Y destruirá el mundo que, bien o mal, hemos conseguido construir, cambiar, mejorar, hacer un poco más inteligente, menos hipócrita e, incluso, nada hipócrita. Y con la destrucción de nuestro mundo destruirá nuestra cultura, nuestro arte, nuestra ciencia, nuestra moral, nuestros valores y nuestros placeres... ¡Por Jesucristo!

¿No os dais cuenta de que los Osama bin Laden se creen autorizados a mataros a vosotros y a vuestros hijos, porque bebéis vino o cerveza, porque no lleváis barba larga o chador, porque vais al teatro y al cine, porque escucháis música y cantáis canciones, porque bailáis en las discotecas o en vuestras casas, porque veis la televisión, porque vestís minifalda o pantalones cortos, porque estáis desnudos o casi en el mar o en las piscinas y porque hacéis el amor cuando os parece, donde os parece y con quien os parece? ¿No os importa nada de esto, estúpidos? Yo soy atea, gracias a Dios. Pero no tengo intención alguna de dejarme matar por serlo.

Lo vengo diciendo desde hace 20 años. Desde hace 20 años. Con cierta moderación, pero con la misma pasión, hace 20 años escribí sobre este asunto un artículo de fondo en el Corriere della Sera. Era el artículo de una persona acostumbrada a estar con todas las razas y todos los credos, de una ciudadana acostumbrada a combatir contra todos los fascismos y todas las intolerancias, de una laica sin tabúes. Pero era también el artículo de una persona indignada con los que no olían el tufo de una guerra santa que se acercaba y contra los que les perdonaban demasiado a los hijos de Alá.

CULTURA

Hacía en dicho artículo un razonamiento que sonaba, más o menos, así, hace 20 años: «¿Qué sentido tiene respetar a quien no nos respeta? ¿Qué sentido tiene defender su cultura o su presunta cultura, cuando ellos desprecian la nuestra? Yo quiero defender nuestra cultura y les informo que Dante Alighieri me gusta más que Omar Khayan». Se abrieron los cielos. Me crucificaron. «¡Racista, racista!».

Fueron los propios progresistas (en aquella época se llamaban comunistas) los que me crucificaron. El mismo insulto me lo dedicaron cuando los soviéticos invadieron Afganistán. ¿Recuerdan a aquellos barbudos con sotana y turbante que antes de disparar los morteros, elevaban preces al Señor? «¡Allah akbar! ¡Allah akbar!». Yo los recuerdo perfectamente. Y al ver unir la palabra de Dios a los golpes de mortero, me ponía malita. Me parecía estar en el medievo y decía: «Los soviéticos son lo que son. Pero hay que admitir que, haciendo esta guerra, nos están protegiendo incluso a nosotros. Y les doy las gracias». Se volvieron a abrir los cielos. «¡Racista, racista!». En su ceguera ni siquiera querían oírme hablar de las atrocidades que los hijos de Alá cometían con los militares a los que hacían prisioneros. (Les cortaban los brazos y las piernas, ¿recuerdan? Un pequeño vicio al que se habían dedicado ya en el Líbano con los prisioneros cristianos y hebreos).

No querían que lo contase. Y para hacerse los progresistas aplaudían a los estadounidenses que acongojados por el miedo a la Unión Soviética llenaban de armas al heroico pueblo afgano. Entrenaban a los barbudos, y con los barbudos al barbudísimo Osama bin Laden. ¡Fuera los rusos de Afganistán! ¡Los rusos tienen que salir de Afganistán!

Pues bien, los rusos se fueron de Afganistán. ¿Contentos? Pero desde Afganistán los barbudos del barbudísimo Osama bin Laden llegaron a Nueva York con los barbudos sirios, egipcios, iraquíes, libaneses, palestinos y saudíes que componían la banda de los 19 kamikazes identificados ¿Contentos? Peor aún. Ahora, aquí, se discute del próximo ataque que nos golpeará con armas químicas, biológicas, radiactivas y nucleares. Se dice que la nueva catástrofe es inevitable, porque Irak les proporciona los materiales. Se habla de vacunación, de máscaras de gas, de peste. Hay quien se está preguntando ya cuándo tendrá lugar... ¿Contentos?

Algunos no están ni contentos ni descontentos. Se muestran indiferentes. Norteamérica está muy lejos y entre Europa y América hay un océano... Pues no, queridos míos. No. El océano no es más que un hilo de agua. Porque cuando está en juego el destino de Occidente, la supervivencia de nuestra civilización, Nueva York somos todos nosotros.

América somos todos. Los italianos, los franceses, los ingleses, los alemanes, los austriacos, los húngaros, los eslovacos, los polacos, los escandinavos, los belgas, los españoles, los griegos, los portugueses. Si se hunde América, se hunde Europa. Si se hunde Occidente, nos hundimos todos. Y no sólo en sentido financiero, es decir en el sentido que me parece que es el que más os preocupa. (Una vez, cuando era joven e ingenua, le dije a Arthur Miller: «Los americanos miden todo por el dinero, sólo piensan en el dinero». Y Arthur Miller me contestó: «¿Ustedes no?»).

Nos hundimos en todos los sentidos, querido amigo. Y en el lugar de campanas, encontraremos muecines, en vez de minifaldas, el chador, en vez de coñac, leche de camello. ¿No entendéis ni esto, ni siquiera esto? Blair lo ha entendido. Vino aquí y le renovó a Bush la solidaridad de los británicos. No una solidaridad de pacotilla, sino una solidaridad basada en la caza a los terroristas y en la alianza militar. Chirac, no. Como sabes, hace dos semanas estuvo aquí en visita oficial.

Una visita prevista desde hace tiempo, no una visita ad hoc. Vio las masacres de las dos Torres, supo que los muertos son un número incalculable e, incluso, inconfesable, pero no se conmovió. Durante una entrevista en la CNN, mi amiga Christiane Amanpour le preguntó más de cuatro veces de qué forma y en qué medida pensaba luchar contra esta yihad y, las cuatro veces, Chirac evitó dar una respuesta. Se escurrió como una anguila. Me daban ganas de gritarle: «Monsieur le President, ¿recuerda el desembarco en Normandía? ¿Sabe cuántos americanos murieron en Normandía para expulsar a los alemanes de Francia?».

Excepto Blair, en el resto de los demás líderes europeos veo pocos Ricardos Corazón de León. Y mucho menos en Italia, donde el Gobierno no ha descubierto ni arrestado a ningún cómplice de Osama bin Laden. ¡Por Dios, señor Cavaliere, por Dios! A pesar del temor de la guerra, en todos los países de Europa han sido descubiertos y arrestados algunos cómplices de Osama bin Laden. En Francia, en Alemania, en el Reino Unido, en España... Pero en Italia, donde las mezquitas de Milán, de Turín y de Roma están repletas de bellacos que aplauden a Osama bin Laden, de terroristas que esperan hacer saltar por los aires la Cúpula de San Pedro, ninguno. Cero. Nada. Ninguno.

Explíquemelo, señor Cavaliere. ¿Es que son tan incapaces sus policías y sus carabineros? ¿Son tan ineptos sus servicios secretos? ¿Son tan estúpidos sus funcionarios? ¿Es que todos los musulmanes de Italia son unos santos? ¿Es que ninguno de los hijos de Alá que hospedamos tiene nada que ver con lo que ha sucedido y está sucediendo? ¿O es que por investigar, por descubrir y por arrestar a los que hasta hoy no ha descubierto ni ha detenido, teme que le canten la cantinela habitual de racista, racista? Ya ve que yo no.

¡Por Jesucristo! No le niego a nadie el derecho a tener miedo. El que no tiene miedo a la guerra es un cretino. Y el que quiere hacer creer que no tiene miedo a la guerra, tal y como he escrito mil veces, es un cretino y un estúpido a la vez. Pero en la vida y en la historia hay casos en los que no es lícito tener miedo. Casos en los que tener miedo es inmoral e incivil. Y los que, por debilidad o falta de coraje o por estar acostumbrados a tener el pie en dos estribos se sustraen a esta tragedia, a mí me parecen masoquistas.