sábado, 25 de diciembre de 2010

Pascua de Navidad enfermo

Si hay algo más triste, penoso y extravagante en grado superlativo que estar en cama la antesala de la Nochebuena, eso es perder, debido al cruento y espantoso resfriado, el sentido gustativo y el sentido del olfato, que por lo general, sabrán ustedes, suelen ir siempre acompañados como esas bellas almas enamoradas que libran cruzadas perdidas de antemano. Ese tipo enfermizo de batallas auspiciados en la ensoñación de una mala noche que recordaremos amargados de hiel, toda la vida. Nada me sabe a nada, que diría el maestro José Hierro, cabeza de César laureada de palabras secas y recias y vivas, y en esta simple retórica de sabana doliente y divisiones de jarabe rojo voy encontrando la salida hacia ninguna parte.

Navidad en cama, es lo que me agraviaba para coronar de espinas este malhadado año que termina marcando fuertemente un pulso fúnebre, quizás épico, a veces, lo veremos con el paso de los días, pero la épica, amigos, sienta tan mal en esta opaca época de relativismo («El relativismo se ha convertido en el problema central de la fe en la hora actual –Ratzinger-) que a uno sólo le queda al final del túnel lo de siempre; abrazar la Cruz, y no alejarse mucho de Ella.




2 comentarios:

  1. Animo y a mejorar esa salud para recibir al 2011 como se merece
    Hasta pronto!

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  2. Venga, ánimo. A mejorarse,... que nos tienes que presentar "El rinconcillo"...
    Un abrazo

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