miércoles, 8 de diciembre de 2010

Estampas de Benacazón


De la semana que llevo en este pueblo, tres días han amanecido envueltos por la severa salmodia del campanario barroco llamando a muerte. Un insistente y cansino repiqueteo a duelo, nos recuerda que somos mortales, que estamos de paso.


Esta mañana, mientras espero en la cola de los churros bajo la neblina aceitosa y la humedad antigua de semanas, la gente que se acerca al puesto pregunta con la mayor de la naturalidad que quién es esta vez el muerto:

Es el Polonio, Antoñita, y te voy a decir una cosa, que es lo mejor que le podía pasar, que Dios se lo lleve a su gloria, porque desde que se murió su mujer el pobre no tenía ya ganas de , le explica el churrero con esa autoridad que le da estar enterado de todo lo que pasa en el pueblo, de saberse necesario en los más recónditos asuntos que trasiega el pueblo de cuchicheos.

¡Niño tú cuánto vas a querer!”


Hay algo trágico y puro en este momento que supera al tiempo, belleza sobrenatural, a raudales, algo que intuía ya perdido en esta España de tristes contrastes donde parece poco importarnos ya por quién doblan las campanas, donde quizá, sentimos la vergüenza de mirar para otro lado para no enfrentarnos con la única y certera verdad que nos acompaña en esta vida.

Repitan conmigo: somos mortales; y bajo esta dulce fragilidad de cristal bohemio, bajo esta frívola máscara donde escondemos nuestros más íntimos temores, vemos pasar muchas veces al vecino que no llegamos a conocer pero que nos mira a veces con ese miedo que provoca sentirse derrotado por la vida, la muerte.


Felicidades a las conchitas





8 comentarios:

  1. Hola!
    Acabo de llegar a tu blog, me ha gustado este primer post, refleja muy bien la pasividad de la sociedad actual
    Te seguire leyendo

    ResponderEliminar
  2. Gracias amigo resacoso, espero no le duela mucho la cabeza.

    Es cierto, cada vez nos interesa menos lo verdaderamente importante.

    ResponderEliminar
  3. Bate: Ven a Cazón y déjate querer y envolver por su rancio todavía poco maculado espíritu del medio-Aljarafe.
    Me ha encantado ésta entrada y da a entender que hay rincones, no tan lejanos, en los que no ha caldo la soberbia y el individualismo atroz. ¡Que Díos nos lo conserve muchos años!

    Recojo las felicitaciones de las Conchas, y te dejo el enlace donde en Vericuetos les deseo lo mismo en forma de postal.

    http://vericuetos-del-animo.blogspot.com/2010/12/la-pura-concepcion.html

    ResponderEliminar
  4. Hece dos días falleció el alcalde de carreta de la hermandad la virgen del Rocio de Ven a Cazón. Tendrías que ver visto un pueblo entero cortada sus calles, marchando como un solo hombre tras el féretro.
    Me conmovió.

    Hacía años que no veía una manifestación tan grande de dolor. Bueno... y lo que no es dolor, pa qué nos vamos a engañar.

    ResponderEliminar
  5. Un texto con aire rural que me atrae mucho.

    ResponderEliminar
  6. Bonita estampa, que comunica serenidad y quietud, lo que a veces nos falta. Saludos bloggeros, Bate

    ResponderEliminar
  7. Todavía quedan rastros de una España entrañable hoy casi desaparecida. Únicamente hay que tener la fortuna de encontrarlos.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  8. S.Cid, cada vez me atrae más el campo, me asfixio en un lugar con más de una gasolinera.
    _
    Gracias José Antonio, en cierta forma era lo que pretendía.
    _
    La suerte es de los intrépidos, Guido. (Por desgracia yo no pertenezco a ese gremio)

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.