jueves, 25 de noviembre de 2010

Ofensas a la Santa Cruz




“Su memoria está por doquier.

En las paredes de las iglesias y de las escuelas,

en las cimas de los campanarios y de los montes,

en las ermitas de los caminos,

a la cabecera de las camas y sobre las tumbas,

millones de cruces recuerdan la muerte del Crucificado.

César ha dado, en sus tiempos, más ruido que Jesús,

y Platón enseñaba más ciencias que Cristo.

Todavía se habla del primero y del segundo;

pero ¿quién se acalora por César o contra César?

Y ¿dónde están hoy los platonistas o los antiplatonistas?

Cristo, por el contrario, está siempre vivo entre nosotros.

Hay todavía quien le ama y quien le odia.

Hay una pasión por la Pasión de Cristo y otra por su destrucción.

Y el encarnizamiento de tantos contra Él dice que no está todavía muerto.

Los mismos que se esfuerzan en negar su existencia y su doctrina

se pasan la vida recordando su nombre”.



Giovanni Papini

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Donoso Cortés: “el hombre vive siempre sujeto a la fe… cuando parece que deja la fe por su propia razón, no hace más sino dejar la fe de lo que es divinamente misterioso por la fe de lo que es misteriosamente absurdo.

¿Acaso no asistimos a esta borrachera de lo absurdo, de lo irracional? ¿Derechos de los animales? ¿Maestros que no enseñan? ¿Alumnos que no aprenden? ¿Cultura de lo feo, de la náusea, de lo marginal? ¿Matrimonio entre dos varones? ¿Derecho al filicidio? ¿Varones que quieren ser mujeres? ¿Mujeres que quieren ser varones? ¿Delincuentes sin castigos? ¿Fuerzas del orden que no ponen orden? ¿Padres que no quieren tener hijos? ¿Sacerdotes que desean tenerlos? ¿Dónde está lo ridículo, lo disparatado? ¡Qué proféticas resultan las palabras de Chesterton!:

en la acción de destruir la idea de la autoridad divina, hemos destruido sobradamente la idea de esa autoridad humana… Con un rudo y sostenido tiroteo, hemos querido quitar la mitra al hombre pontificio, y junto con la mitra le arrebatamos la cabeza


Coinciden los demonólogos en señalar como indicio probable de infestación demoníaca la aversión a lo sagrado, sobre todo al crucifijo.

En un mundo que se ha enfriado para todo, el repentino e imprevisto odio hacia el símbolo de la Cruz señala una tremenda potencia que anida en el corazón del hombre, por más anestesiada de bienestar que se la suponga: el odio. Y ese odio es un timbre de alerta para los que reconocemos en el crucifijo la salvación del mundo. El odio a Cristo nos recuerda la guerra contra Cristo. Y la guerra contra Él nos recuerda la guerra por Él. Si la civilización actual se encuentra bajo los signos de la posesión demoníaca, mal puede expulsarse al Adversario que ha tomado posesión de ella en nombre de tradiciones históricas y culturales, mayorías accidentales, tratados internacionales u otros débiles argumentos. Únicamente en Nombre de Dios es posible exorcizar a los demonios.



1 comentario:

  1. Si quieres venir en pos de mí, toma tu cruz y sígueme.
    Mt 16,21-27

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