lunes, 22 de noviembre de 2010

Dia de Santa Cecilia, patrona de los músicos


Siempre recuerdo con grata emoción este día en el conservatorio. Por la mañana, bien temprano, a las claras del día, se celebraba una misa de acción de gracias a nuestra patrona en la iglesia de los jesuitas, en la misma calle del conservatorio. Después, cargados de nervio,s como un escolar que se enfrenta a su primera jornada en la escuela, nos dirigíamos al auditorio del conservatorio Manuel de Falla para participar en el concierto que se organizaba para tal ocasión. Esos días de ilusiones y música, siempre la música.

Desconozco si a día de hoy, con la rampante y vulgar laicización de todo lo que se menea, seguirán celebrando este especial y emotiva onomástica.

Yo, a mi manera, quiero rememorar esta fecha.









Virgen y mártir, patrona de la música de la iglesia, murió en Roma. Esta santa, tan a menudo glorificada en las bellas artes y en la poesía, es una de las mártires más veneradas de la antigüedad cristiana. La referencia histórica más antigua de Santa Cecilia se encuentra el "Martyrologium Hieronymianum"; de éste evidenciamos que su fiesta era famosa en la Iglesia romana en el siglo cuarto. Su nombre aparece en fechas diferentes en el martirologio antedicho; se menciona el 11 de agosto, la fiesta del mártir Tiburcio, es evidentemente una adición equivocada y tardía, debido al hecho que este Tiburcio, que fue enterrado en la Via Labicana, fue identificado erróneamente con Tiburcio, el cuñado de St., Cecilia, mencionado en las Actas de su martirio. Había quizás también otra mártir romana bajo el nombre de Cecilia, enterrada en la Via Labicana. En la fecha del 16 de septiembre, Cecilia es mencionada exclusivamente, con la nota topográfica: “Appiâ viâ in eâdem urbe Româ natale et passio sanctæ Ceciliæ virginia” (el texto está corregido). Éste es evidentemente el día del entierro de la santa mártir en las catacumbas de Calixto. La fiesta de la santa que se menciona el 22 de noviembre, en cuyo día es todavía celebrada, fue preservada en el templo dedicada a ella del barrio del Trastévere en Roma,. Por consiguiente, su origen probablemente se remonta a esta iglesia. Las primeras guías medievales (Itineraria) de los sepulcros de los mártires romanos, señalan su tumba en la Via Appia, al lado de la cripta de los obispos romanos del siglo tercero (De Rossi, Sotterranea de Roma, I, 180-181). De Rossi localizó el sepulcro de Cecilia en las catacumbas de Calixto, en una cripta adjunta a la capilla de la cripta de las papas; un nicho vacío en una de las paredes que una vez contuvo, probablemente, el sarcófago con los restos de la santa. Entre los frescos posteriores que adornan la pared del sepulcro, aparece dos veces la figura de una mujer ricamente vestida, y el Papa Urbano, quién tuvo una relación estrecha con la santa, según las Actas de su martirio, aparece pintado una vez. El antiguo templo titular en Roma arriba mencionado, se construyó en el siglo cuarto y todavía se conserva en el Trastévere. Este templo estaba ciertamente dedicado en el siglo quinto a la santa enterrada en la Vía Appia; es mencionado en las firmas del Concilio romano de 499 como “titulus sanctæ Cæciliæ " (Mansi, Coll, Conc. VIII, 236). Como algunos otros antiguo templos cristianos de Roma, que son un regalo de los santos cuyos nombres llevan, puede deducirse que la Iglesia romana debe este templo a la generosidad de la santa mártir misma; en apoyo de este punto de vista es de notar que la propiedad bajo la cual está construida la parte más antigua de la verdadera catacumba de Calixto, probablemente perteneció, según las investigaciones de De Rossi, a la familia de Santa Cecilia (Gens Cæcilia) y pasó a ser, por donación, propiedad de la Iglesia romana. Aunque su nombre no es mencionado en las más antiguas (siglo cuarto) listas de festividades (Depositio martyrum), el hecho de que en el "Sacramentarium Leoniam", una colección de misas completada hacia el final del siglo quinto, se encuentren al menos cinco misas diferentes en honor de Santa Cecilia, testifica la gran veneración que en ese momento tenía a la santa la Iglesia romana ["Sacram. Leon.", ed. Muratori, in "Opera" (Arezzo, 1771), XIII, I, 737, sqq. ].

Hacia la mitad del siglo quinto aparecen las Actas originales del martirio de Santa Cecilia, que habían sido transmitidas en numerosos manuscritos; estas actas también se tradujeron al griego. Fueron utilizadas en los prefacios de las misas del mencionado "Sacramentarium Leonianum". Ellas nos informan que, Cecilia, una virgen de una familia senatorial y cristiana desde su infancia, fue dada matrimonio por sus padres a un noble joven pagano, Valeriano. Cuando, tras la celebración del matrimonio, la pareja se había retirado a la cámara nupcial, Cecilia dijo a Valeriano que ella se había desposado con un ángel que celosamente guardaba su cuerpo; por consiguiente, Valeriano debía tener el cuidado de no violar su virginidad. Valeriano pidió ver al ángel, después de lo cual Cecilia lo envió junto a la tercera piedra miliaria de la Vía Appia dónde debía encontrarse con el obispo (Papa) Urbano. (n.d.t. El diálogo, según la tradición, transcurrió así: Cecilia: “Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí." Valeriano replicó: "Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides." Cecilia le dijo: "Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel."). Valeriano obedeció, fue bautizado por el papa y regresó como cristiano ante Cecilia. Entonces se apareció un ángel a los dos y los coronó con rosas y azucenas. Cuando Tiburcio, el hermano de Valeriano, se acercó a ellos, también fue ganado para la Cristiandad. Como niños celosos de la Fe ambos hermanos distribuyeron ricas limosnas y enterraron los cuerpos de los confesores que habían muerto por Cristo. El prefecto, Turcio Almaquio, los condenó a muerte; el funcionario del prefecto, Máximo, fue designado para ejecutar la sentencia, se convirtió y sufrió el martirio con los dos hermanos. Sus restos fueron enterrados en una tumba por Cecilia. Ahora la propia Cecilia fue buscada por los funcionarios del prefecto. Antes de que fuera apresada, dispuso que su casa debiera conservarse como un lugar de culto para la Iglesia romana. Después de una gloriosa profesión de fe, fue condenada a morir asfixiada en el baño de su propia casa. Pero, cuando permaneció ilesa en el ardiente cuarto, el prefecto decidió su decapitación en ese lugar. El ejecutor dejó caer su espada tres veces sin separar la cabeza del tronco y huyó, dejando a la virgen bañada en su propia sangre. Vivió tres días, hizo disposiciones en favor de los pobres y dispuso que después de que su muerte su casa debía dedicarse como templo. Urbano la enterró entre los obispos y los confesores, es decir, en la catacumba de Calixto.

El relato así no tiene valor histórico; es un romance pío, como tantos otros recopilados en los siglos quinto y sexto. La existencia de los mencionados mártires, sin embargo, es un hecho histórico. La relación entre Santa Cecilia y Valeriano, Tiburcio y Máximo, mencionados en las Actas, tienen quizá algún fundamento histórico. Estos tres santos fueron enterrados en las catacumbas de Pretextato en la Vía Appia, dónde sus tumbas se mencionan en el antiguo Itineraria peregrino. En el "Martyrologium Hieronymianum" su fiesta está fijada el 14 de abril con el comentario: “Romae vía Appia in cimiterio Prætextati"; y la octava el 21 de abril, con el comentario: “Roma in cimiterio Calesti vía Appia”. En opinión de Duchesne la octava era celebrada en la catacumba de Calixto, porque Santa Cecilia fue enterrada allí. Por consiguiente, si esta segunda anotación en el martirologio es más antigua que las Actas mencionadas y el último no cita esta segunda fiesta, se deduce que, antes de que las Actas fueran escritas, este grupo de santos fueron relacionados en Roma con Santa Cecilia. El tiempo en que Cecilia sufrió el martirio no es conocido. De la mención de Urbano nada puede concluirse acerca del tiempo de la composición de las Actas; el autor, sin autoridad alguna, simplemente introdujo el nombre de este confesor (enterrado en la catacumba de Pretextato) a causa de la proximidad de su tumba a la de los otros mártires y lo identificó con la papa del mismo nombre. El autor del "Liber Pontificalis" usó las Actas para referenciar a Urbano. Las Actas no ofrecen ninguna otra indicación del tiempo del martirio. Venancio Fortunato (Miscellanea, 1, 20; 8,6) y Ado (Martirologio, 22 noviembre) sitúan el momento de la muerte de la santa en el reinado de Marco Aurelio y Cómodo (aproximadamente el 177), y De Rossi intenta demostrar este dato como el más seguro históricamente. En otras fuentes occidentales de la baja Edad Media y en el “Synaxaria" griego, este martirio se sitúa en la persecución de Diocleciano. P.A. Kirsch intentó fijarlo en el tiempo de Alejandro Severo (229-230); Aubé, en la persecución de Decio (249-250); Kellner, en el de Juliano el Apóstata (362). Ninguna de estas opiniones está suficientemente establecida, ni las Actas ni otras fuentes ofrecen la evidencia cronológica requerida. La única indicación temporal segura es la localización de la tumba en la catacumba de Calixto, en inmediata proximidad a la antiquísima cripta de los papas, en la fueron enterrados, probablemente, Urbano y, ciertamente, Ponciano y Antero. La parte más antigua de esta catacumba fecha todos estos eventos al final del siglo segundo; por consiguiente, desde ese momento hasta la mitad del siglo tercero es el período dejado abierto para el martirio de Santa Cecilia.

Su iglesia en el barrio del Trastévere de Roma fue reconstruida por Pascual I (817-824) con cuya ocasión el papa deseó transferir sus reliquias allí; al principio, sin embargo, no pudo encontrarlas y creyó que habían sido robadas por los lombardos. En una visión vio a Santa Cecilia que lo exhortaba a continuar su búsqueda porque había estado ya junto a ella, es decir, cerca de su tumba. Él, por consiguiente, renovó su propósito; y pronto el cuerpo de la mártir, cubierto con costosos ropajes de brocados de oro y con las ropas empapadas en su sangre a sus pies, fue definitivamente encontrado en la catacumba de Pretextato. Debieron ser llevados allí desde la catacumba de Calixto para salvarlos de los primeros saqueos de los lombardos a la vecindad de Roma. Las reliquias de Santa Cecilia, con las de Valeriano Tiburcio y Máximo, también las de los Papas Urbano y Lucio, fueron trasladadas por el Papa Pascual, y enterradas de nuevo bajo el altar mayor de Santa Cecilia en el Trastévere. Los monjes de un convento, fundado en el barrio por el mismo papa, fueron encargados del deber de cantar el Oficio diario en esta basílica. Desde este momento la veneración por la santa mártir continuó extendiendose y se le dedicaron numerosas iglesias. Durante la restauración del templo, por el año 1599, el cardenal Sfondrato examinó el altar mayor y encontró debajo el sarcófago con las reliquias de los santos que el Papa Pascual había transportado allí. En las recientes excavaciones bajo la iglesia, ejecutadas a instancias del cardenal Rampolla, y costeadas por él, se descubrieron restos de edificios romanos, que han permanecido accesibles. Se construyó una capilla subterránea ricamente adornada bajo el pasillo central y, en ella, una ventana enrejada que se abre sobre el altar, que permite una vista de los receptáculos en los que reposan los huesos de los santos. En una capilla lateral de la iglesia se muestran, desde hace mucho tiempo, los restos del baño en que, según las Actas, Cecilia fue llevada a la muerte.

Las representaciones más antiguas de Santa Cecilia la muestra en la actitud usual de los mártires en el arte cristiano de los primeros siglos: o con la corona del martirio en su mano (por ejemplo en San Apolinar nuevo en Rávena, en un mosaico del siglo sexto) o en actitud de oración, como una Orante (por ejemplo las dos imágenes, de los siglos sexto y séptimo de su cripta). En el ábside de su iglesia en el Trastévere todavía se conserva el mosaico hecho bajo el Papa Pascual, en el qué ella es representada con ricos vestidos como protectora del Papa. Los cuadros medievales de la santa son muy frecuentes; desde los siglos catorce y quince se le asigna un órgano como atributo, o se le representa como tocando el órgano, evidentemente para expresar lo que se le atribuyó a menudo en los panegíricos y poemas basado en las Actas; por ejemplo, que mientras los músicos tocaban en sus nupcias ella cantó en su corazón solo a Dios ("cantantibus organis illa in corde suo soi domino decantabat"); posiblemente el cantantibus organis fue interpretado erróneamente como si la propia Cecilia fuera la organista. De este modo se relacionó estrechamente a la santa con la música. Cuando se fundó en Roma la Academia de la Música (1584) fue nombrada patrona del instituto, después de lo cual su veneración como patrona de la música de la iglesia se generalizó universalmente; hoy las sociedades de cecilianos (asociaciones musicales) existen por todas partes. El órgano es ahora su atributo ordinario; con él Cecilia fue representada por Rafael en un famoso cuadro conservado en Bolonia. En otra magnífica obra maestra, la estatua de mármol jaspeado bajo el altar mayor de la antedicha iglesia de Santa Cecilia en Roma, Carlo Maderna la representó postrada, justo como ella había recibido el soplo de la muerte, de manos de su ejecutor. Su fiesta es celebrada por la Iglesia latina y griega el 22 noviembre. En el "Martyrologium Hieronymainum" se conmemoran otras mártires de este nombre, pero de ninguna de ellas hay alguna referencia histórica exacta. Una sufrió el martirio en Cartago con Dativus en 304.








5 comentarios:

  1. Pues, para ser sincera, la celebración de esta onomástica siempre me había pasado desapercibida hasta que llegué al colegio donde trabajo desde hace 6 años, porque en este día señalado para los músicos, la profe de música siempre llena la mesa de profes con pastelitos y saladitos que..., srulup, suelen estar qué te mueres de buenos ;-)

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  2. Jajajaja...
    Total, que te has puesto tibia de pastelitos y demás comidita dietética, ¿cierto?

    Po me parece muy requetebien, eha!

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  3. Pero tibia, tibia...

    ¡Ay..., que me estalla el pantalón! ;-)

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  4. ¡La de obras geniales que hay conmemorando el día de Santa Cecilia!
    Es nuestra patrona..., al menos la mía.
    La música es el arte más noble. Tiene conexión directa con la divinidad (atribuyan en cada caso que es "la divinidad" para cada cual).

    Es vergonzoso que la música, debido a los cambios de soporte y de acceso a su audición, se la subestime. Da a entender que sólo apreciamos las obras, por la capacidad de poseerlas, y no de entenderlas, apreciarlas y disfrutarlas. La música nos debe de conmover y elevarnos a una dimensión más excelsa, más humana.

    Espero que como en otros aspectos de la purificación humana, pase ya esta época de ignorancia y oscurantismo y que dé paso a un nuevo renacer del hombre y sus estructuras.

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