miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sucede que cuando comienzo a escuchar una música determinada -a re/escuchar sosegadamente en mi interior una vez que llega el cada vez más ansiado silencio-, ya no hay quién me quite de la cabeza cómo se podría perfeccionar esa música concreta.

Y me imagino cómo podría sonar esa pieza si dirigiese yo la obra; cómo sería.

Mi idea de cómo se debe interpretar a Beethoven se acerca bastante al severo pulso y la mesurada templanza de Sergiu Celibidache coduciendo en las ruinas de la antigua Philharmonie, en 1950, a la Orquesta Filarmónica de Berlín.

2 comentarios:

  1. ¡Menuda joya nos ha traído usted! Celibidache: ¡ahí es nada como dirige!.
    Es de una generación de titanes de la dirección de orquesta, llenos de nervio, ímpetu y oficio. Gente como Berstein, Argenta, klemperer…. Hoy día hay pocos como ellos y muchos parece que hacen un funcionariado de la dirección de orquesta. Para interpretar a un genio como Beethoven con todos sus avios, hay que ser otro genio.
    ¡Genial! Este hombre sí que transmite y contagia el amor por la música que sería la pedagogía más eficaz.

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  2. No te olvides, Morat, del Germano/argentino Carlos Kleiber.

    Su manera liviana de dirigir a Brahms roza la perferción. Sabía como nadie, desentrañar el corpus de la partitura tal como la egendró el compositor. Un perfeccionista, pero no al modo prusiano de Karajan o Celibidache, sino, con las formas naturales que nacen de la sencillez.

    Escucha escucha.

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