miércoles, 8 de septiembre de 2010

Discurso de José María Aznar en el Congreso Mundial Judío

El pasado día 1, José María Aznar pronunció un discurso en la reunión del Congreso Mundial Judío que tuvo lugar en Jerusalem. Probablemente sea el más importante discurso pronunciado por un líder europeo en lo que va de siglo. Pone en su sitio a todo el mundo, empezando por Obama: es la primera vez que un dirigente de este lado del Atlántico critica a un presidente americano por sus escasas convicciones occidentales. Desde De Gaulle hasta aquí, cada vez que un europeo encumbrado ha hecho un comentario sobre los Estados Unidos ha sido para criticar sus políticas generales, y lo ha hecho desde posiciones de izquierda (De Gaulle incluido).

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Quisiera comenzar condenando el despiadado ataque terrorista perpetrado ayer y en el que fallecieron cuatro israelíes, entre ellos una mujer embarazada, cerca de un asentamiento judío próximo a la ciudad de Hebrón.

Quisiera enfatizar, una vez más, mi claro convencimiento de que nadie debería hablar, ni negociar, ni ceder ante el terrorismo.

El único destino del terrorismo es ser combatido y derrotado.

Hoy, como es natural, todos nuestros ojos se dirigen a Washinton DC, donde, bajo los auspicios del presidente Obama, el primer ministro Netanyahu y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahamud Abbas, van a comenzar las conversaciones tras tantos meses en punto muerto.

A pesar de que no estoy seguro sobre la posibilidad de lograr un 'acuerdo histórico' dadas las circunstancias del sector palestino, debemos ser optimistas. Al menos, el mundo podrá comprobar que el gobierno israelí no es el que no quiere hablar ni el que no está preparado para llevar a cabo compromisos.

Debemos ser optimistas pero también prudentes. Las expectativas son demasiado altas, y como político sé que las grandes expectativas tienden a generar mayores frustraciones. La última vez que los líderes de Israel y de la Autoridad Palestina se reunieron para lograr llegar a un acuerdo pacífico y duradero, el resultado de la reunión fue precisamente el contrario: una segunda Intifada mucho más letal que la primera.

Pero soñemos un momento e imaginemos que finalmente se consigue el fin de la situación entre israelíes y palestinos. No solo cambiaría el estado de cosas aquí, sino que también mostraría a todo el mundo lo equivocados que estaban al culpar a Israel de todas las malas acciones de la región, o a la ausencia de un acuerdo entre israelíes y palestinos como origen de toda la violencia desde Marruecos hasta el Hindu Kush.

El mundo podría ver que un Estado palestino tampoco aplacaría a los radicales islamistas y yihadistas cuyo objetivo es establecer una teocracia fundamentalista, como tampoco disminuiría las ambiciones nucleares y revolucionarias del régimen iraní, los dos verdaderos responsables del futuro de la región y del mundo.

Sea como fuere, deberíamos dirigir nuestras miradas a Washington DC hoy, no sólo por las conversaciones que allí se mantienen, sino por razones más profundas. Estados Unidos ha sido la piedra angular del mundo occidental, expandiendo nuestros valores centrales de libertad, prosperidad y dignidad humana, y protegiendo nuestra seguridad frente a nuestros enemigos. Estados Unidos ha desempeñado un papel vital y nuestro modo de vida depende de que continúe jugando ese papel central en el futuro. Algo que, en mi opinión, no está garantizado.

Como muestra de su mentalidad árabe, Bin Laden dijo, cuando él y sus compañeros celebraban la destrucción de las torres gemelas, que si alguien debe escoger entre un caballo fuerte y uno débil, invariablemente escogerá el fuerte.

Durante décadas, por no decir siglos, el caballo fuerte ha sido claramente Occidente. Hoy, sin embargo, nos enfrentamos a un contrincante.

Hay algunos a los que les gustaría ver un nuevo orden mundial donde las fuerzas occidentales tuvieran un menor papel e influencia, como Rusia o China, cada una por diferentes razones.

Hay otros a los que les gustaría tener más influencia, como Brasil o, últimamente, Turquía.

Y, por supuesto, están aquellos a los que les gustaría destruir nuestro sistema e imponer su visión de las cosas, como los ayatolás revolucionarios de Irán o los yihadistas dirigidos o inspirados por Al Qaeda.

Como colofón a toda esta confusión, nosotros, en Occidente, estamos atravesando una de las crisis económicas más graves, por no decir la peor, de nuestra historia reciente. Y a pesar de que la crisis es global y afecta a todo el planeta, algunos están mejor preparados que otros para manejar sus consecuencias. Si la crisis dura demasiado, será inevitable que se produzca una nueva distribución del poder. Habrá ganadores y perdedores. No hay duda de ello.

Además, grandes sectores occidentales están sufriendo una especie de crisis de identidad. Europa es un buen ejemplo. Con una población menguante, un aumento de la inmigración musulmana -muchos de ellos expuestos a ideas radicales-, el multiculturalismo se ha impuesto como la forma política correcta de manejar el desafío de la convivencia entre las diferentes culturas, incluso si algunas de ellas no desean integrarse o no respetan a las demás. Me refiero a que los valores judeocristianos son desafiados cada día y la generación del 68 que domina nuestros liderazgos actuales no hace nada por defenderlos.

La Europa pacifista ha luchado contra Occidente durante mucho tiempo, y por ello ha sido tan hipercrítica de Israel.

Estados Unidos era otra historia. Por lo menos hasta hace poco tiempo. El presidente Obama ha puesto en movimiento fuerzas que, si no son corregidas, podrían redefinir la nación y su lugar en el mundo de tal forma que, en mi opinión, podría causarnos a todos grandes problemas.

Desde su investidura ha buscado una nueva relación con el mundo musulmán incluso a riesgo de socavar al mejor aliado de Estados Unidos en la región, como ha hecho con Europa al perseguir una nueva relación con Moscú.

Parece haber dedicado más tiempo y energía a organizar la reunión de hoy y a conseguir un nuevo plan de paz, que a tratar de evitar que el régimen iraní construya su bomba.

Ha proyectado la imagen de alguien que desea escapar de los problemas del mundo, desde Irak a Afganistán, abrazando a muchos enemigos de Estados Unidos al tiempo que castiga a sus aliados tradicionales.

No creo que los crecientes ataques para deslegitimar a Israel no estén relacionados con la crisis de Occidente, y más concretamente, con la crisis de confianza que emana de la Casa Blanca en la actualidad. Cuando se percibe que el caballo fuerte ha dejado de serlo, se tiende a actuar de formas impensables en el pasado.

Nuestra debilidad, percibida o real, es la fortaleza de nuestros enemigos. Podemos quejarnos y aceptar nuestro declive sin hacer nada, como muchos parecen preferir, o podemos reaccionar, defendernos y fortalecer nuestros valores.

Yo he escogido la segunda opción. Porque creo en Occidente, en lo que hemos sido, en lo que somos y en lo que podemos ser.

Y es aquí donde Israel entra en la ecuación. Si los principales desafiantes estratégicos son un Irán nuclear potencial por un lado, y el yihadismo por el otro, Israel es vital para nosotros, para nuestras naciones y sociedades.

Israel no es solo parte sustancial de Occidente, por todo tipo de razones que no voy a comentar ahora, Israel es hoy esencial para nosotros. Hoy más que antes, no sólo porque está en la región donde colisionan las placas tectónicas estratégicas, sino porque es una de las pocas naciones dispuestas a pagar un precio por su supervivencia, una nación tan imbuida de nuestros valores democráticos centrales que defender el Estado de Israel es lo mismo que defender nuestro sistema liberal.

Sobre todo en un momento en el que el líder histórico de Occidente, Estados Unidos, está atravesando un tiempo de introspección, agotamiento, y por qué no, confusión.

Si Estados Unidos continua desvaneciéndose como una fuerza del bien en el mundo, Israel se verá obligado a desempeñar un papel mayor en la región, y posiblemente, más allá de la región.

Defender a Israel, en última instancia, es defender las raíces occidentales, los valores occidentales que muchos en Europa, y algunos en Estados unidos, parecen haber olvidado. No están obsoletos. Y la mejor prueba son precisamente Israel y su gente.

Dejar que aumente la deslegitimación de Israel me parece que es la mejor forma de debilitar no solo la libertad de maniobra de Israel, sino de perjudicarnos a nosotros mismos frente a nuestros enemigos, que son los mismos.

Es por ello que hace pocos meses me embarqué junto con algunos amigos personales en un nuevo proyecto llamado Friends of Israel Initiative. Incluso al enterarnos por primera vez que los soldados israelíes estaban interceptando la flotilla rumbo a Gaza, y levantarse la protesta pública en contra de Israel, todos creímos que era necesario que alguien alzara la voz y dijera que ya era suficiente, que los discursos sobre-emotivos y a menudo irracionales sobre Israel sencillamente no eran aceptables, y que deberían ser reemplazados por la razón y la decencia.

Provenimos de continentes diferentes y de experiencias personales diversas. Y el elemento clave, creo, es que no somos ni israelíes ni judíos (mayoritariamente). Sencillamente somos ciudadanos preocupados, demócratas preocupados.

¿Por qué un grupo de gente tan dispar se siente inclinado a defender a Israel, sabiendo que automáticamente seremos estigmatizados? La respuesta es muy sencilla: porque vivimos en un mundo donde es indispensable defender nuestros valores morales, nuestra identidad y nuestra fe en las sociedades democráticas, para construir un mundo mejor y más seguro.

Estamos acostumbrados a ver en televisión, y a veces de cerca, los imperativos y las consecuencias de, déjenme llamarlo así, las 'batallas duras'. Pero al mismo tiempo, y más allá de conflictos como el de Afganistán, hay algo más que está sucediendo, déjenme llamarlo una 'batalla blanda'. Con esto quiero decir un ataque a nuestros valores centrales, a nuestra propia forma de vida.

Para todos los miembros fundadores de Friends of Israel Initiative, Israel es un país occidental democrático. Es, además, un país de futuro, un país de grandes oportunidades.

Decidimos comenzar a mover nuestra iniciativa porque todos compartíamos una sensación de urgencia. Nosotros, como grupo global, creemos que nuestra mejor contribución es reforzar la posición internacional de Israel. Porque muchos habían llegado a la conclusión de que quizá Israel era el vínculo más débil. Que un Israel criticado, con el tiempo podría pasar a ser un Israel aislado; y un Israel aislado podría transformarse en un Estado paria. Y en ese punto, cualquier cosa podría ser posible.

Es por ello que creemos que detener este proceso de erosión de los derechos de Israel no sólo es importante, sino vital: desde luego para Israel, pero también para todos los países occidentales. Como escribí en un artículo de opinión publicado en The Times hace unos meses, "Si Israel cae, caemos todos".

Déjenme concluir diciendo una cosa más, nuestro objetivo es ser proactivos y constructivos. Aspiramos a abogar por Israel como un país normal, con todas las virtudes y, sí, también con todos los defectos de una sociedad democrática normal. Deseamos que nuestra defensa sea sostenible en el tiempo. Normalmente, se proyecta una imagen de Israel muy negativa. Queremos, y necesitamos, abrir un espacio para debatir acerca de Israel y la región de una forma más racional.

Llevará mucho esfuerzo y tiempo, así como dinero. Pero creemos que veremos los resultados. Las batallas no se vencen simplemente adoptando una postura puramente defensiva. Tampoco se ganan batallas si simplemente nos centramos en la crisis concreta de ese momento.

Porque el mundo atraviesa en la actualidad cambios profundos y rápidos que tendrán consecuencias duraderas para todos nosotros, no podemos esperar a actuar.

Hemos estado en París y en Londres, y en diez días organizaremos una presentación de la iniciativa en Washington DC, el corazón de la cuestión. Es importante que voces europeas, sobre todo no judías, participen y traigan algo de racionalidad al debate aquí también.

Si queremos vencer a nuestros adversarios debemos empezar a fortalecernos, comenzando con el frente ideológico y la batalla de las ideas. Es ahí donde podemos y debemos hacer nuestra mejor contribución. Y con su ayuda, lo haremos.

2 comentarios:

  1. El otro día, navegando por internet, leí esta noticia. Lo que más me preocupó, fueron los aberrantes comentarios que dejaba la gente. Es entonces cuando uno comprende que, la ignorancia de este país es endémica, atrevida y mucho peor que la crisis económica en que estamos instalados. Me vino a la mente Goya; cómo tuvo que huir a Francia, y lo poco que se ha avanzado desde entonces.

    Un saludo

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  2. A Aznar se la tienen jurada en esta desgraciada España la mayor parte de los españolitos (hay que jorobarse), pero si para colmo de los colmos el discurso defiende a los judíos y critica a San Obama..., pues ya es pa matarlo.

    Así es España, sí, como dice Guido: ignorante y necia (eso lo añado yo).

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