jueves, 9 de septiembre de 2010

Comparaciones perversas

Intentaré plasmar una idea que me lleva oprimiendo las meninges desde que leí una frase que mejor hubiese sido que el portador de ella, nunca hubiera dicho.
Uno intenta metabolizar las enseñanzas verdaderamente serias e importante para comprender mejor el alcance de la idea, intentar desplumar lo simbólico del núcleo. Si no recibiese con claridad prístina el verdadero mensaje de Jesucristo en la sagrada Eucaristía, me costaría a veces, comprender el encargo que la Iglesia -algunos de sus miembros- tiene fijado.

La fe para un cristiano debe ser una roca, un promontorio donde cincelar con el aliento de la Verdad revelada la Palabra del Divino Galileo. Cristo nos habla de la gloria de los hombres de fe que soportan la vida terrenal al pie de la cruz, portando la cruz de los sacrificios en el día a día de su existencia. Nadie sabe mejor del sufrimiento que los que deciden guarecerse de la vida al pie de la cruz. Ellos más que nadie, deben arrancar la frivolidad de su carne humana, y con ello, dar verdadero ejemplo para los que aún no hemos llegado a rodear el santo madero.

Las comparaciones son odiosa, y a veces, incluso criminales.

2 comentarios:

  1. No puedo comentar esta entrada tuya, Bate, porque creo que desbarraría demasiado. No por lo que dices en ella, sino por lo que aparece tras el enlace. Esto es, por la frase que, al parecer, a ti también -como a mí desde que, como tú, escuché la frase- te tiene oprimidas las meninges. Mejor me callo, pues...

    ¡Pero manda webs!

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  2. Si, mejor dejemos corre el agua...

    Un saludo

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