martes, 7 de septiembre de 2010

(.....). Paseando por el campo, veo que un gorrioncillo recién nacido se ha caído del nido y pía angustiosamente en el suelo expuesto a todos los peligros: como soy compasivo, lo recojo y lo devuelvo a su hogar... aunque así perjudique a la serpiente que también tiene que comer para vivir. ¡Bravo, tengo buen corazón! Pero si quien gime abandonado en un cubo de basura es un bebé, tengo la obligación ética de ayudarle, me compadezca de él o no. Si no lo hago, no seré poco sentimental o duro de corazón sino claramente inmoral. La diferencia es importante, todo lo que cuenta en la ética -el reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone- reside ahí.

(SIGUE)

3 comentarios:

  1. Sabater da en la clave: la ética y la moral se aplica entre personas y a las personas, no entre personas y animales. Es que es de cajón.
    Es una postura infantilista y reduccionista el "buenismo" falso a todas luces que despliegan los cuatro que acusan el toreo de tortura.
    Te das cuenta, fuera aparte de la interesada batalla política, de la ignorancia, desorientación y confusión que se extiende como una mancha de aceite entre la "opinión pública".
    Los griegos lo tenían infinitamente más claro. ¿progresa la humanidad?...¡Hummm!...nones.

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  2. La tauromaquía está llamada a desaparecer. Una sociedad débil y educada en la cobardía como meta para la paz, no está capacitada para entender un arte que sublima la muerte del toro, y la del torero, que de esto último parace que los antitaurinos no quieren saber nada.

    Pues no que hay batasuneros que comparan al im-presionante Jesulín con los asesinos etarras.

    Malas compañias se han juntado para derribar una tradición.

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  3. También comprendo que haya gente que no le agrade ver una corrida de toro. Todo sea dicho.

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