domingo, 29 de agosto de 2010

Luz... más luz..




De antemano sé que encontrarse con el Románico castellano eleva el espíritu, y que sumergirse en la tempestuosas armonías de Wagner, catedral sonora de lucidez dolorosa, me llevará a la gloria.
Lo que nunca pensé es que contemplar un cuadro podría desembocar en una emoción absolutamente profunda, en un llanto callado que surge con la inteligencia que desprende cada trazo que dio este artista de lo eterno, este hombre sereno.

Y digo sereno porque esta pintura ha tenido para mí la virtud de templarme las entendederas, de sosegar los días y, vaciar las noches. Rembrandt lo acabó en 1637, y si tengo algo que resaltar, son sus luces nocturnas, secas y misteriosa, entre otras cosas. En lo técnico no me meto, no tengo idea, pero si puedo ahondar en la profundidad de su luz.
Es una luz que nunca podrá captar una cámara, es una luz que sale de las manos, que ha sido engendrada por un pincel, luz de otra época, de otro mundo, luz de Esperanza, luz de siglos pasados, y lo más asombroso, luz de futuro.

3 comentarios:

  1. El descendimiento de Cristo, es el lienzo que más me ha impactado en toda mi experiencia de contemplación pictórica. El manejo de la luz, las sobras y la expresividad de los rostros, resultan asombrosos. Afortunados los rusos por tener esa maravilla allá en el Ermitage.

    Un abrazo

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  2. Marichuy es un placer volverte a leer de nuevo por aquí.

    MIrian, muchas gracias mujer.
    Y gracias a usted por pasarse por este blog.

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