domingo, 8 de agosto de 2010

Los pollos de Casillas

(Click)


José Ramón Márquez

El otro día cuando bajábamos andando desde Cahecho hasta Ojedo, en Santander, al pasar por Casillas, nos encontramos con un gallinero en el que estaban tan tranquilos unos pollos picoteando el suelo, como acostumbran.
Pensé que mucha gente contemporánea, de ésa que frecuenta restaurantes de diseño y compra esos absurdos productos ‘gourmet’, pasto de oficinistas, quizás no habrá visto un pollo en su vida, que muchos de esos creerán que el pollo nace en una bandejita blanca protegida por un film de plástico y que el color de la carne de ese animal va del blanco desvaído al amarillo rabioso, que es lo que ven como pollo en los supermercados.
Yo creo que el pollo, junto a la leche, los huevos y el tomate, componen las dos parejas de alimentos que más han sido pervertidos por la producción masiva. El insulso tomate de Madrid, todos igualitos con su piel más dura que la del melón; la leche de caja, con su incomprensible sabor a no sé qué, que no es sabor de la leche; los huevos todos igualitos y con unas letras estampadas en la cáscara, y el pollo con su textura industrial que va de lo baboso a lo insulso, son los cuatro alimentos cuyo sabor ya sólo es dado disfrutar a las gentes que viven en el medio rural.
Pos supuesto estoy convencido de que los pollos del gallinero de Casillas no tendrán trazabilidad; no me cabe duda de que el que cría estos pollos carecerá del carnet de manipulador de alimentos; estoy convencido de que la instalación en la que habitan estos pollos -con su puerta y su ventana de personas- no cumplirá la normativa sobre confort animal, pero estos pollos, a diferencia de los que cumplen escrupulosamente todas las normativas europeas, nacionales, autonómicas, municipales y del barrio, saben a pollo, porque estos, casualmente, son pollos criados como pollos y alimentados como pollos y afortunadamente están fuera de toda normativa. Son tan distintos de los que venden en los supermercados como una oveja y un ternero, no es necesario que los certifique AENOR, porque sólo con verlos se sabe que son sanos y suculentos, con esos orgullosos muslos pimpantes, que diría el Poeta Verdadero, y que ya los querrían para sí esas tías que en la TV te venden como canon de belleza.

Entonces, en homenaje a los orgullosos pollos de Casillas, daremos a continuación la receta del pollo en pepitoria.

*1 pollo de grandes muslos pimpantes partido en trozos grandes.
* 1 cebolla grande.
* 2 dientes de ajo.
* Pimienta en grano.
* Azafrán.
* Perejil.
* Vino blanco.
* Almendras crudas.
* 2 huevos.
* Harina.
* Sal.

Se pasan los trozos de pollo por harina y se van friendo y reservando. Se retira un poco de aceite y se fríe la cebolla picada muy menuda y un diente de ajo también muy picado. Cuando está la cebolla pochada, se añade media cucharada de harina y se fríe también. En el mortero se machacan con un poco de sal las hebras de azafrán, los granos de pimienta y el otro diente de ajo, se disuelve con vino blanco y se añade a la cazuela. Se deja que dé un hervor y se añaden los trozos de pollo que habíamos reservado, se rehoga un poco todo junto y se añaden uno o dos vasos de agua. Mientras tanto se han cocido los huevos. Se separa la clara de la yema, la yema se machaca en el mortero y se echa al guiso, así como un puñado de almendras también machacadas. Se cuece hasta que el pollo está hecho y se sirve con la clara picada echada por encima. Si apetece se pueden freír unas patatas como guarnición.

4 comentarios:

  1. ¿Te quieres creer que hace dos años estuvimos en en el valle de Liebana, alojados en Ojedo, al lado de Potes?; ¿y que además tenemos una foto con unas gallinas primas hermanas de éstas de la foto?
    Pues lo que planteas es el sino del abastecimiento urbano: para tanta gente no hay más bemoles que producir en masa con métodos industriales. Con lo fácil que es coger una lata de pintura y un poco de mantillo y plantar una tomatera; crece sola con un poco de sol que madure su rojo fruto. Los que no contribuyen a paliar esta insipidez, son los intermediarios que desde sus asepticas oficinas controlan el negocio entre los agricultores y transportistas. Se mueven en volúmenes de negocios enormes. Transportan los tomates, los pollos, y todo lo criable, a distancias absurdas para acabar comiéndote un tomate argelino madurado en el camión o un pollo vietnamita con muy mala cara. Sus beneficios son superiores al 40% del negocio, e imponen las condiciones innegociablemente.
    Tanto papanatas manifestándose contra la fiesta de los toros por su crueldad, y luego no pían con las granjas masivas y los mataderos sistemáticos que abastecen a las grandes superficies. Si quieren abolir la crueldad animal, que empiecen por éstos primero, y que después vayan a por todo lo demás. Eso sería consecuente al menos. Por lo menos todavía hay gallinas tomateras que se crían en su medio natural y no hacinadas.

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  2. Wow! Suena excelente y ricooo. Habra que probarlo.

    Genial post.

    Un saludo!

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  3. Efectivamente, el problema es, en parte, el "proceso industrial" que comenta Locuaz.
    No hay que olvidar que hasta hace relativamente poco, el pollo era un alimento de lujo al alcance de muy pocos.

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  4. Si el palo del gallinero estaba sucio no cabe duda de la calidad del pollo.

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