domingo, 15 de agosto de 2010

El violonchelo de Asier Polo

Al gran violonchelista español Asier Polo lo conocí una noche de parranda en casa de una amiga. Esta, mi amiga, tenía un vecino que era el crítico musical de El Mundo edición de Andalucía, Justo Romero, ahora, en labores de gente importante en el Palau de Valencia.

Asier Polo (de limón), esa noche interpretaba un concierto en el teatro Maestranza de Sevilla, creo recordar que el Re mayor de F J. Haydn, y mi amiga, que es tan buena como rematadamente fatiguita, me llamó urgentemente y algo alocada para que conociese al músico.
Justo Romero, hizo de anfitrión para el artista.

A mi, en realidad, lo que me importaba y quería conocer era su violonchelo, un Francesco Ruggieri (Cremona 1689). Los instrumentos de cuerda a este nivel son históricamente carísimos, al nivel de obras de arte, bueno, definitivamente, es una obra de arte. Incluso más importante -si nos ponemos pragmático- que un simple y presumido escritorio Luis XV que por mucho que lleve ese nombre tan pomposo sólo sirve para guardar papeles que después nadie lee, y menos el rey de Francia..
En los países más desarrollados que el nuestro, el País de Z Pan, hay fundaciones que conocen este mundo y compran estos instrumentos para luego cederlos a artistas por temporadas e incluso de por vida. Luego en los programas se pone que la cesión del instrumento se debe a cierta persona o entidad, y tal y tal.



Asier tuvo que hipotecarse con Banesto por 15 años para poderlo financiar. A la chiquilla de Botín le va bien los negocios, no se me preocupen, que la niña llega sin problemas a fin de mes.
Hay gente que invierte en ladrillo, y otros en arte. Yo, como soy más pobre que una rata malaya, me conformo con ver y gorronear.


Le pedí después de tomar unas copas de vodka finlandés por allá, y unos mojitos cubanos por acá, que me dejara ver el
Francesco Ruggieri: "Me dejas ver tú Francesco Ruggieri...,hipp...hipp", le dije con una voz que denotaba gran admiración por su instrumento. "¡Claro, chaval!", me dijo con un leve y argentino timbre de voz que denotaba una cierta pena hacia mi persona. (Ha llegado el momento de cofensar a quién quiera escucharlo que yo, por aquel entonces, aún estudiaba con un chelo chino de madera contrachapada, y él, Asier Polo (de naranja), lo sabía por que yo se lo había dicho, qué pasa, ¿algún problema?).

Dicho y hecho. El vasco dejó su copa de tequila mejicano sobre la anegada mesa del salón de la casa de mi dulce vecina, y subimos al cuarto de arriba, donde su
Francesco Ruggieri, descansaba eternamente como un Drácula sin prisas. Abrió el ataud, que diga, el estuche, y un aroma a madera fresca invadió toda la estancia, convirtiéndola de puro momento, en un bosque siberiano. A continuación me propuso que tocara algo con su violonchelo.
“¿Yo?”, le dije en un tono de voz que denotaba una falsa modestia.

“Pues claro chaval, quién si no”, me soltó con un extraño soniquete que rozaba la estulticia.

Así, que con todo el cuidado del mundo, lo saque del estuche, tiré de la pica, y me senté en la cama para poder aferrar el violonchelo entre mis manos. Sólo por el hecho de poder rozar la madera aterciopelada con mis dedos, mereció la pena estar en una habitación a solas con un hombre enamorado.
Entre el violonchelo de Asier Polo (de fresa) y el mio -para situarnos-, puede haber la misma diferencia que encontramos entre acariciar la tez cristalina de Isabella Rossellini o la rugosa, sebácea y Boteadax de Mª Teresa Fernández de la Vega.


Me pasó el arco tras juntarle resina, en esa pequeña liturgia en la que los que tocamos el violonchelo, sabemos, que nos va tanto, y comencé a frotar las cuerdas, ligero de manos y con la cabeza algo ya pesada.


(Continuará...)


Foto
: Mi violonchelo actual, al lado de su amiga mi ex-guitarra, recuerden, más pobre que una rata malaya.

7 comentarios:

  1. Jajajaja: la tez cristalina de Isabella Rossellini y y la rugosa... de la vice. Hajajajaja, haces unas comparaciones... Pobre tu violonchelo, majo. Como se entere del elemento rugoso y repugnante con el que lo has comparado...

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  2. No es por fastidiar un amor platónico pero Isabella Rossellini tiene ahora unos mofletes que no emparejan bien son sus ojos. Hay que quedarse con su imagen de hace 15 años.
    Ahora, eso sí, muy buena elección para la comparación. De MariVí mejor no hablar.

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  3. A ver cuándo cuelgas un vídeo con una interpretación musical tuya... ¡¡Quiero ver cómo suena el violonchelo sevillano-madrileño!!

    Saludos, Bate.

    Noelia
    njimenez79.blogspot.com

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  4. Es curioso lo efectivo que resulta comparar con algo, no ya imposible, sino inimaginable. ¿Por qué no has hecho la comparación con algo más razonable, por ejemplo, los muros de su ruinosa casa en la que está empadronada sin vergüenza?
    ¿O es que todavía te duran los efectos de los vodkas, mojitos y similares?

    Yendo a lo importante, enhorabuena por interpretar con un Ruggieri. Yo lo más cercano que he experimentado, no en instrumentos sino en libros, en con un Philidor (un maestro del ajedrez) de finales del XVIII.
    (Mira, en breve hablaremos de él en el diario, gracias)
    Un saludo.

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  5. Tu deliciosa crónica de este episodio voluptuoso-musical, es una demostración de los detalles inalcanzables que nos planta por delante la vida. Tal como si estuvieses pescando en el río con un tiraillo en el embarcadero de Coria del Rio (por poner un ejemplo familiar), y te pase por delante un yate (¡Ya-te digo!) con un macarra comiéndose una mariscada con una gorrita de capitán de Puerto Banús con mocasines de piel con ancla marinera bordada en dorado.
    Esto no me produce envidia curiosamente, la veda de lo excelso, sí.

    Tu anécdota es estéticamente entrañable. Con esa clase de los que siendo humildes se les deja ver por una rendija de la cortina lo “inalcanzable”. Estoy deseando conocer su continuación.

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  6. S.Cid: El Chelo no debe enterarse de nada.

    Caraguevo: Te he contestado en tu blog a lo referente a los mofletes de Isabella.

    Noelia, todo se andará.
    Cada vez me gusta más tu nombre.

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  7. Posodo: Creo que el efecto de comparar a esta pequeña bruja con la belleza angelical de Isabella, da al texto un subidón de adrenalina. Se puede comparar en muchos campos a esta bruja con cualquier otro ser humano. Siempre saldría ganando el ser humano.

    Locuaz: Quién estuviera ahora en Coria del Rio tomándose una cerveza y unos pescaitos fritos. Y al del yate, que le den.
    Veremos como sale la 2º parte.
    Gracias.

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