sábado, 14 de agosto de 2010

Dietrich Bonhoeffer


La editorial Pòrtic acaba de publicar las cartas escritas desde las cárceles nazis por el teólogo cristiano Dietrich Bonhoeffer. Como el libro pertenece a la colección de Clàssics cristians del segle XX, mucho me temo que no recibirá por parte de los medios la atención que su luminoso contenido se merece. Pero quien quiera sentir de cerca el pulso de un alma grande hará bien en no perderse la lectura de estas cartas, que se inician pocos días después de que su autor fuera detenido por la Gestapo (14 de abril de 1943) y concluyen poco antes de su fusilamiento, en abril de 1945, en un campo de concentración. Oficialmente fue detenido por oponerse a la iglesia propugnada por el nazismo, la de los Deutsche Christen, pero el descubrimiento por parte de la Gestapo de su participación en el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944, fue lo que lo condujo a la muerte. El profundo testimonio ético de fortaleza que transmiten estas cartas no debiera tampoco ser ignorado por quienes piensan que la felicidad del hombre es inversamente proporcional a su creencia en Dios ni, sobre todo, por quienes tienen a la fortaleza como una virtud muy mayor.

Lluís Duch, uno de los más finos intelectuales catalanes, afirma en la introducción que "Bonhoeffer fue un conservador como lo fue la gran mayoría de quienes en Alemania se opusieron a la barbarie nacional-socialista y, en muchos casos, perdieron la vida". No solamente se opuso con determinación al poder político del nazismo, sino que puso en evidencia la connivencia con el régimen de muchos cristianos. "Solamente -decía- quien grita a favor de los judíos puede también cantar gregoriano".

Un año antes de la toma del poder por los nazis ya había previsto en un sermón lo que iba a pasar: "No hemos de extrañarnos si vienen tiempos difíciles para nuestra Iglesia en los que se exigirá el martirio. Pero esta sangre, si realmente aún tenemos el coraje y el honor y la fidelidad de verterla, no será tan inocente y luminosa como la de los primeros cristianos. Sobre nuestra sangre pesa una culpa: la culpa del servidor inútil que fue arrojado a las tinieblas exteriores".

Se dice con frecuencia que si Heidegger no fue culpable de connivencia teórica con el nazismo, sí lo fue, al menos, de no haber previsto lo que venía encima. Esta es, exactamente, la crítica que Bonhoeffer dirige a la teología académica: Había sido incapaz de dotar a los cristianos de argumentos morales para enfrentase a la barbarie nazi.

(de El Café de Ocata)

4 comentarios:

  1. Estupenda entrada, Bate: tendré que hacerme con este libro, del que he siempre he tenido noticias "indirectas" al ser citado por otros autores...
    Me parece además muy actual, porque esto del martirio lo es siempre. Ningún siglo ha visto tantos mártires como el XX.

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  2. Efectivamente, Don Joan. Que no lo digan a nosotros, los españoles, lo que fue el siglo XX.

    Le recomiendo ESTE libro.

    Un cordial saludo y un placer verle por aquí.

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  3. "...por quienes piensan que la felicidad del hombre es inversamente proporcional a su creencia en Dios ...".
    Con tu permiso, me anoto la frase en la agenda.
    Un saludo.

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  4. Permiso concedido.

    Un cordial saludo, Roberto .

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