sábado, 10 de julio de 2010

El espejismo de las banderas

Hablemos de paradojas. De la paradoja que supone ver muchos balcones de nuestras ciudades engalanados con banderas española. Del espectáculo visual que provoca en nuestras incrédulas retinas, que mientras más nos hundimos como nación, mas florecen los signos nacionales, ya sea en camisetas, bufandas, mecheros, pulseritas, pegatinas en los coches, chanclas playeras, que ya ahí que tener un estilo depurado para saber llevar ese digno calzado.

Cuándo la Colorá gane el Mundial, si lo gana, todo volveremos a nuestra rutina. Volveremos por donde solemos. Volveremos a enfrentarnos con la economía del país hecha unos zorros, los cinco millones de parados se sentirán más asqueado que nunca, Zapatero seguirá en su sitio, para desgracia de todos, incluido los que lo votaron.

El otro día fantaseaba con que las banderas españolas la habían colocado mis compatriotas en sus balcones para protestar por la sentencia del TC sobre el Estatut de Cataluña, imaginaba que con la siguiente victima de ETA (intento escribir ETA en minúscula y el corrector de texto no me deja; mala señal), los españoles, volverían a poner y a enseñar sus banderas por todos estos lugares que estamos viendo ahora, me ilusionaba, pensando que el siguiente 12 de octubre la gente, orgullosa de su pertenencia a esta gran nación, demostrarían con sus enseñas que seguimos unidos, pase lo que pase.

Me malicio que todo ha sido un espejismo.

1 comentario:

  1. El espectáculo de banderas nacionales que engalan estos días nuestras calles y plazas es un puro espejismo que no nos debe engañar.

    Sólo es patriotismo futbolero.
    Todos los que ahora enarbolan banderas españolas no moverían un dedo pasado mañana si Cataluña optara por un proceso independentista.

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