sábado, 12 de junio de 2010

El Ayuntamiento es homosexual


Por Alberto García Reyes


Varios colectivos de gays y lesbianas izaron la bandera arcoiris en el Ayuntamiento de Sevilla para conmemorar el día del orgullo gay

Cuando Oscar Wilde escribió su carta de amor a Alfred Douglas entre las rejas de la cárcel de Reading, la sociedad británica se echó las manos a la cabeza. El escándalo de su homosexualidad, razón por la que se le había reservado una celda, era inaceptable entonces. Pero «De Profundis», que así se tituló la epístola, ha resultado ser uno de los mejores textos de amor de la literatura universal.
Porque Wilde no hizo bandera de su condición sexual. Simplemente disfrutó de ella en su intimidad. Vivió sin ataduras sociales. A su antojo. Sin huir de sí mismo. Y tal vez ése fue el verdadero escándalo. No su lujuria. Su libertad. No su orgullo. Su liberación. Porque el orgullo es síntoma de mediocridad. Es la consecuencia de un complejo. Por eso Wilde nunca se enorgulleció de su homesexualidad. Simplemente la vivió con naturalidad. Y gracias a esa actitud logró convertirse en uno de los hitos de la comunidad gay.

De sus discípulos son sus defectos. Lorca concluyó este debate con su célebre «Oda a Walt Whitman» en «Poeta en Nueva York» para rendir un homenaje al libertario de la sexualidad neoyorquino. «Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman, contra el niño que escribe nombre de niña en su almohada, ni contra el muchacho que se viste de novia en la oscuridad del ropero, ni contra los solitarios de los casinos que beben con asco el agua de la prostitución, ni contra los hombres de mirada verde que aman al hombre y queman sus labios en silencio. Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades, de carne tumefacta y pensamiento inmundo, madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño del Amor que reparte coronas de alegría. Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos gotas de sucia muerte con amargo veneno. Contra vosotros siempre, faeries de Norteamérica, pájaros de la Habana, jotos de Méjico, sarasas de Cádiz, apios de Sevilla...».
La espadaña del Ayuntamiento fue ayer la bandera de los complejos. Un arco iris de veleidades que emborrona la lírica sobrenatural de Wilde y Lorca, dos homosexuales que jamás clavaron el mástil de sus pasiones en ninguna atalaya pese a que vivieron tiempos de albedríos perseguidos, de cárcel por no reprimir sentimientos y de tiros por no callar ideas. Ellos no se amotinaron en edificios públicos para reivindicar su libertad pese a que las circunstancias los legitimaban para hacerlo. Ésa es la diferencia entre el genio y el ramplón. El tosco aún no ha comprendido que en un sistema democrático, garante de las libertades, bla, bla, bla, las esencias humanas no se conquistan. Se disfrutan.
Pero los representantes burdos de cualquier idea, condición o sentimiento son, siempre, los más necesitados de llamar la atención. Sobre todo si cuentan con el apoyo de los otros acomplejados: los políticos heterosexuales que necesitan justificar su progresía izando la bandera gay. Ellos son quienes restan normalidad a la causa. Y quienes ultrajan la neutralidad de las instituciones. El republicano ha de colgar su bandera en la sede de su partido. El alcalde puede defender cualquier orgullo blandiendo su escudo en el edificio del PSOE. Pero el Ayuntamiento, que es la casa de todos, no está para banderías de ninguna clase.

1 comentario:

  1. que fatiga que en un organismo público como es el Ayuntamiento de Sevilla se preste a esos juegos ninigun ayuntamineto an izado ninguna bandera por favor que representan a todos lo sevillanos/as que un Ayuntamiento es algo serio pero este enconcreto demuestra que no lo es el alcalde muy orgulloso se muestra de su bandera y seguro que de las banderas oficiales pues no hayy alcalde que se te ve la plumaaaaa valorrrr a la luz el alcalde sale del almario ... fiesta fiesta pluma pluma gayy jajaa

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