martes, 18 de mayo de 2010

LA IGLESIA ALEMANA ANTE EL NAZISMO

Eugenio Pacelli, futuro Pío XII decía de Hitler: «Este hombre está completamente exaltado; todo lo que dice y escribe lleva la marca de su egocentrismo; este hombre es capaz de pisotear cadáveres y eliminar todo lo que le sea un obstáculo. No llego a comprender cómo hay tantas personas en Alemania que no lo entienden y no saben sacar conclusiones de lo que dice o escribe. ¿Quién de éstos al menos se ha leído su espeluznante "Mein kampf"?».

LA IGLESIA ALEMANA ANTE EL NAZISMO

Peter Gumpel, prestigioso historiador, entrevista de Zenit

«Antes de la llegada de Hitler al poder -explica el padre Gumpel, que vivió en persona aquellos años- el Episcopado alemán condenó, categórica y repetidamente, el movimiento nacionalsocialista; prohibió a los católicos asociarse al mismo y votar a favor de él. La inmensa mayoría de los fieles siguió estas instrucciones. De las estadísticas relativas a las votaciones políticas que tuvieron lugar el 30 de enero de 1933 y también de las del 5 de marzo del mismo año, se desprende de modo evidente que la casi totalidad de los católicos había permanecido fiel al partido cristiano, el «Zentrum», notoriamente opuesto al partido hitleriano. Esta vehemente oposición del Episcopado alemán y de los fieles católicos estaba basada esencialmente en el hecho de que en su libro, «Mein kampf», y en sus discursos, Hitler llevó al extremo la supremacía del Estado, hasta el punto de suprimir la libertad de los individuos. Además su ideología era totalmente pagana y racista, en conflicto con la abierta y firme condena del antisemitismo proclamada por el Santo Oficio por orden de Pío XI ya en 1928. En fin, Hitler era un puro oportunista, que pública y conscientemente mentía, y era por lo tanto alguien que no despertaba la menor confianza».

-Zenit: ¿Qué tiene que ver en todo esto el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, a quien se le acusará de no haber denunciado suficientemente el nazismo, o incluso de ser «El Papa de Hitler»... (Ver mas sobre Pio XII vs los nazis)
-Gumpel: La toma de posición del Episcopado alemán coincidía perfectamente y era además sostenida por Eugenio Pacelli, nuncio apostólico en Alemania, quien a principios de 1930 fue nombrado Secretario de Estado por Pío XI.
Durante su estancia en Alemania, Pacelli pronunció 44 discursos públicos y en 40 de ellos atacó las tesis fundamentales del comunismo y del nacionalsocialismo.

-Zenit: Algunos autores sostienen que la relación entre Iglesia y nazismo cambió después del Concordato entre la Santa Sede y Alemania de 1933.
-Gumpel: Como la propia autoridad vaticana y los católicos más perspicaces habían previsto, Hitler no tuvo nunca intención de respetar el Concordato, antes bien, a excepción de las funciones estrictamente litúrgicas o paralitúrgicas, el resto de las actividades de la Iglesia fueron sistemáticamente obstaculizadas y después gradualmente suprimidas. Los periódicos, las revistas y los libros publicados por parte católica fueron enseguida severamente censurados y después eliminados. Los colegios confesionales fueron obstaculizados con métodos fraudulentos en su actividad y después cerrados. Las numerosas asociaciones católicas fueron obligadas a agregarse a las asociaciones nazis, o bien directamente prohibidas y disueltas. Los funcionarios estatales de cualquier nivel eran despedidos si existía la simple duda de que no aprobaban la ideología nazi. Con todo tipo de pretextos, los conventos y las casas religiosas fueron confiscadas. Sacerdotes y religiosos fueron sistemáticamente espiados incluso en las mismas iglesias, y denunciados a la Gestapo si habían expuesto la doctrina católica de un modo que no fuera del gusto de los nazis. Cerca de un tercio del clero diocesano y regular sufrió persecuciones por parte de la policía política y un buen número de ellos terminó en las prisiones o en los campos de concentración, donde varios murieron. La misma suerte corrió un número elevado de laicos aborrecibles para los nazis porque, contraviniendo a las prohibiciones, continuaron desempeñando aquellas actividades que el mismo Concordato garantizaba. Chicos y chicas que no formaban parte de la «Juventud hitleriana» no fueron admitidos a los exámenes de graduación y menos aún a la universidad, ni pudieron encontrar trabajo en las fábricas, en los comercios o en la artesanía. En los periódicos y en las revistas, así como en las transmisiones radiofónicas, se condujo una campaña sistemática contra la Iglesia católica, el Papa, los sacerdotes, los religiosos y los creyentes en general que fueron marcados como enemigos del Reich y acusados a menudo de manera obscena de toda suerte de crímenes contra la moral. La opinión pública se vio constantemente influenciada por las grabaciones en las que se mostraban representaciones y cantos anti-católicos. Los obispos y la Santa Sede protestaron pero el gobierno alemán no respondía.
Por este motivo en 1937, cuando el vaso ya había desbordado, la Santa sede
publicó la Encíclica «Mit Brennender Sorge» («Con ardiente preocupación») cuyos resultados fueron, sin embargo, dramáticos, porque desencadenó una violenta reacción por parte de los nazis, aumentando de manera tremenda la persecución de la Iglesia en Alemania.

-Zenit: ¿Podría hacer un balance del comportamiento de la Iglesia católica en el afrontamiento de Hitler y del nacionalsocialismo?
-Gumpel: Desde el principio Hitler y sus más íntimos partidarios estaban animados por un odio patológico hacia la Iglesia católica, a quien justamente consideraban como el más peligroso opositor de aquello que pretendían realizar en Alemania. De esto dan fe, entre otros, los discursos (ya publicados) que Hitler tuvo en el ámbito de sus más cercanos (los llamados «Tischgesprache»), el diario de Joseph Goebbels, las ordenanzas de Martin Bormann, las delirantes diatribas de Alfred Rosenberg, las órdenes dadas por Heinrich Himmler a las SS y a la Gestapo.
Entre los nazis y la Iglesia católica existía una radical divergencia, y no podía ser de otra manera. Hitler y sus más estrechos colaboradores no actuaron ateniéndose a las más elementales normas morales, sino a fuerza de criterios de absoluto relativismo, dialéctico y oportunista, que no tenía en cuenta ni la verdad ni los derechos más fundamentales del individuo y de las instituciones. Todos los que no adherían incondicionalmente a su modo de pensar y de proceder fueron considerados y tratados como enemigos que debían ser aniquilados. Esta actitud debía, por fuerza, determinarle a dirigir una lucha enfurecida contra el cristianismo, y de modo particular, contra la Iglesia católica, que por su misma índole y naturaleza no podía consentir ni mostrarse cómplice con un sistema radicalmente criminal.
Frente a un Estado totalitario los católicos fieles a Cristo y a la Iglesia disponían sustancialmente sólo de las armas del espíritu, la fe, la esperanza y la caridad. En última instancia, sólo podían sufrir la persecución, permanecer firmes para no ceder y, si fuera el caso, estar dispuestos a sufrir el martirio. Como de hecho sucedió en muchos casos.


Israel declaró (3 Nov,2003) al Cardenal alemán Joseph Höffner «JUSTO ENTRE LAS NACIONES» Por salvar la vida de judíos durante la segunda guerra mundial.


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