lunes, 31 de mayo de 2010

Emprendedores del mundo, uníos.

Un señor que tiene que hacer las puñeteras maletas y largarse a otro país para buscarse las habichuelas, es un emprendedor. Otro que se larga al mismo país para montar una tienda de muebles, también es un emprendedor, pero antes, es empresario. Parecen palabras iguales, pero no lo son. Un empresario es un emprendedor, pero un emprendedor, no tiene porque llegar a ser un empresario. Un payaso es probable que nunca llegue a ser presidente de gobierno, pero un presidente de gobierno está muy capacitado -vaya que si lo está- para dirigir un circo, me siguen , ¿verdad?.
Bueno, pues para la dichosa y corrupta clase política que nos viene vacilando día sí, día también, un emprendedor, nominalmente es igual que un empresario, y mire usted, no. Rodríguez Zapatero empezó a preocuparme cuando aseveró con mucho talante y muy poca vergüenza que las palabras están al servicio de la política. Cuando un tipo dice y perpetra una aberración conceptual de tal calibre, está dispuesto hacer lo que haga falta por su interés, y “como sea”. Su filosofía política, se sustenta en un sectarismo atroz, y el dichoso “como sea”, pasa hacer algo más que un latiguillo, se convierte en una autentica Protestación de Fe , la hoja de ruta de su política, que diría un cursi revenido.
Sucede que les da vergüenza decir la palabra empresario, y se han inventado la milonga esa de emprendedor. Y lo más alucinante de todo, es que la derecha, también la ha hecho suya.
Cómo van a invertir los empresarios en España si se comienza por mangonear su esencia, o sea, el nombre.

1 comentario:

  1. La batalla semántica: como despojar a las palabras de su significado o desvirtuar los significados de las palabras. Machacar la fórmula hasta que cuaje. Repetir una mentira hasta que se convierta en “verdad”. Ésta manipulación del lenguaje es la que nos ha llevado a comulgar con ruedas de molino.

    No conozco a ningún sindicalista que se pueda llamar honrado mejor que parásito o “liberado” de dar un palo al agua, y sí a algún empresario que, además de crear riqueza, es persona seria y honrada. Y eso que no puedo presumir de tener vida “social” (más de uno pensara incluso que soy un sociopata).

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