viernes, 28 de mayo de 2010

El Regreso del Hijo Pródigo (Rembrandt)

Hay algo absolutamente sobrenatural que envuelve esta pintura. Me centraré solamente en las manos del padre que recibe al hijo con todo el amor que le es posible. Llego a sentir la delicada presión en la espalda del hijo disoluto que vuelve tras de sí, para pedir la clemencia del cielo y del padre. Eso es todo.
En la forma de colocar el padre las manos, encuentro toda una lección de amor, una capacidad redentora del perdón, que hace que el hijo mire perdidamente al suelo avergonzado. Buscando un consuelo que sabe no merece.

El peso liviano de las manos del padre. El peso ligero del corazón arrumbado del hijo. El silencio entrillado de una oscura habitación, que acoge una escena, empapando de esperanza al más desilusionado. Sabe que no merece el perdón, pero el padre lo abraza y lo acaricia. El hijo siente por primera vez el peso de la misericordia.
El hermano se siente dolido, nunca el padre le rodeó con sus manos. No era necesario, no había nada que perdonar, hijo. Sólo puede uno sentir el verdadero peso del abrazo cuando se está roto por el pecado, sucio por dentro, y débil por fuera. En ese austero, doloroso y delicado momento que el padre abraza al hijo, éste, ha vuelto a renacer a la vida.



En aquel tiempo, se acercaban a Jesús todos los publicanos y los pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado". Y comenzaron la fiesta. Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!" Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."
Lucas, 15, 1-3.11-32.

9 comentarios:

  1. Un padre que no sea desnaturalizado ni tampoco tontolhava, lo perdona todo de un hijo, y no digamos una madre.
    Es la misma esencia de la vida. Un mecanismo de conservación que los seres humanos hemos aunado con los sentimientos del amor, el perdón y la misericordia, y también de una forma más humana, si cabe, en la Conciencia, un valor que me ha legado mi padre y que espero no desprenderme de él mientras viva.

    ResponderEliminar
  2. Hay algo de esta parábola que predicó Jesús, Locuaz, que se me escapa a la razón. Cosa nada extraña en mi por la falta de entendimiento. Hay mucha profundidad en este texto, más, de la que creo abarcar. Quedan unos flecos al desnudo que no medejan correr la cortina para ver la luz en todo su esplendor. ¿Qué hacemos con la justa indignación del hermano que se siente herido por la actitud del padre hacia el hijo disoluto?. ¿Está tan seguro el padre -que hace lo que tiene que hacer como tú bien dices- que no creará una afrenta entre hermanos?

    ResponderEliminar
  3. No te preocupe por tus valores, están bien asentado, conozco a tu padre y te conozco a ti.

    ResponderEliminar
  4. La Palabra de Dios es inagotable y se nos escapan miles de cosas.
    Me siento hijo pródigo...
    Me siento hermano mayor...
    Ahora debo intentar ser el padre...

    ResponderEliminar
  5. Maria, creo que sólo despojándonos de los prejuicios que llevamos adheridos a la piel, podemos comenzar a recoger los frutos de la Palabra. Hablo de mí, por supuesto. Y eso, es así, siempre que nos acerquemos con humildad.
    Los hechos no son como pensamos que tienen que ser, una vez que nos adentramos en la Palabra. Están -las Palabras- para que cambien nuestra percepción de la realidad, que por ser mundana, no nos deja ver a veces la Gloria.
    Me queda mucho por entender...pero estoy en ello, firme, y con fe.

    ResponderEliminar
  6. Bate, durante mis estudios de formación profesional me mandaron en religión el siguiente libro:

    "EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO"
    Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt
    Henri J. M. Nouwen
    Edit. PPC

    y al ver tu entrada he revivido la "magia" que vive impregnada entre esas páginas. A través de él, Dios nos habla.
    Esa pintura transmite mucho, pero no lo puede percibir cualquiera, sólo quienes poseen una sensibilidad especial para el arte.
    Me alegro de haberlo encontrado aquí.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  7. Rosa es verdad que Dios nos habla a través de esta pintura. Yo ya conocía el cuadro de Rembrandt, soy un enamorado de la obra de este pintor. Ayer, cuando llegué de nuevo al cuadro, sentí un verdadero alivio al contemplar la reconciliación del padre con su hijo. La misericordía que invade todo el cuadro, me invadió por completo, es más, me faltó poco para alargar los brazos y unirme al reencuentro familiar.
    Creo que más que con los ojos, miré el cuadro con el alma.

    *Espero no ser muy cursi, a veces me sorprendo a mi mismo hablando en este tono. No lo puedo evitar, sorry.

    ResponderEliminar
  8. Para hijos pródigos, los que llenan las aulas hoy en día. No hay más que preguntárselo a S. Cid.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  9. Si Guido, pero en este caso, no veo yo a muchos padres actuando con la misma grandeza de espíritu que el de la parábola. Me duele mucho decir esto, pero creo que es así.
    Este tiempo se recordará como el de la dejación de los padres antes sus hijos por mor de prejuicios sociológicos. De de una época en la que nuestros progenitores eran austeros y severos con nuestra formación, hemos pasado, a otra en la que los niños han perdido toda referencia cívica.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.