lunes, 17 de mayo de 2010

Cuando era de Izquierdas


Cuando era de izquierda nunca leí un sólo libro de ningún pensador de Izquierdas, ni a Marx, el del opio, ¿o era el apio?, ni a Engels, ni a Suso de Toro (Je jeje). Me parecían todos un verdadero tostón, a la altura de la prosa y el ideario de los panfletos deportivo, léase Marca o el As, pero en asesinos.
Pero me lo callaba. ¿Porqué?. Por la sencilla razón de que el armazón ideológico de dichos dogmas están edificado con la argamasa de la mentira y las contrariedades que perturban la paz del espíritu, y por lo tanto, avergüenza decir la verdad en camarilla. Esto mejor que nadie lo sabian los millones de personas que fueron ejecutados por salirse de la no/verdad en los paraisos comunistas. Y por eso, éstos paises, demacrados en lo más profundo de su ser, están volviendo a la Iglesia. "La verdad os hará libres" (Jn 8,32)
Mi compromiso y militancia con la Izquierda se limitaba a ver televisión y beber cerveza con los camaradas y las camarotas, más con éstas últimas, que con los primeros; siempre ha habido clase. Y todos sabemos, o deberíamos saber, que la caja lista -de tonta tiene poco- sólo escupe una (mala)idea machaconamente durante todo el día y en todas las cadenas amigas, no se salvan ninguna. Han generalizado un nuevo corpus doctrinal que les ha sido revelado por la progresía que controla todo lo que haya que controlar:
Quien no sea de izquierda (la izquierda que nosotros administramos), es malo como el aceite de ricino, que a aparte de malo, es facha, y sabe a algorronchos caducados.

He aquí la Nueva Izquierda

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