miércoles, 17 de marzo de 2010

Haydn en su apogeo


Una de las características que siempre hay que tener en cuenta a la hora de escuchar, meditar, barruntar a Haydn es la simplicidad que emana de su fraseo, que en un músico, es la sintaxis de un escritor que se precie, una facultad del alma (Paul Valéry). Dime cómo fraseas una melodía y te diré lo que se esconde tras de tu alma. Dime que esperas de la sartén y quizás te diga cómo te puede salir el huevo frito.
Todo o casi todo, está inventado a la hora de engendrar una criatura que desprende arte.
Haydn, ese clasicismo que a mi me duele por puro y virginalmente delicuescente, chorrea arte por los cuatros costado. F. J. Haydn fue y estuvo incluso antes que Mozart.
Yo -como en otras tantas cosas-, llego al maestro por el discípulo.
¡A Cristo por Maria!.
Mozart empezó a dar sus primeros pasos de la mano de Haydn.
Me vale por hoy que mis amigos comblogueros -que son legiones, oiga-, sepan distar de donde parte la gracia del XVIII.




Es en ese magma que nos presenta arrebatadoramente Haydn en un suspiro, ahí, en ese mismo soplo, es donde yo coloco la línea que separa el barroco de oropel que encumbró el arte europeo y lo desborda con el paso cambiado que deleita a la Ilustración. Haydn, es el hombre nuevo que abraza la cruz de manera renovada, otoñal, vivificante.

Sic transit gloria mundi

En el leve respirar del cuarteto, todos a una, la nota que encaja con calzador, el acento que demarca los límites de un nuevo lenguaje que a partir de ahora rige la Norma.
Ese es Haydn, la autoridad, el rey, el que pone una pica en Flandes, el que desasosiega lo que hay que extirpar.
Es el músico más importante que ha dado la humanidad.



Cuando dije que la persona que no conoce la historia del cristianismo, está abocada a ser un analfabeto, me refería a esto. Sé me podrá argumentar que un budista también puede entender esta música, y que incluso un socialista ateo (que los hay) tiene un mínimo de sensibilidad para dejarse seducir por el arte de Haydn.

¿Saben ustedes que hubo un escritor ruso católico en la época comunista que cada vez que se disponía a escribir del Dios de la Cruz se engalanaba con sus mejores ropas?.

Él decía que era lo más importante que hacía en el día, y por lo tanto, se merecía ese detalle, él, y el Cristo.

2 comentarios:

  1. Aunque no de juego...dialéctico, tengo que estar con usted en que Haydn es cima, y no comienzo (aunque tmb).
    Delicuescente..., ¡¡menuda palabra!!. No la conocía. Que adjetivo más curioso y atinado.

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  2. Delicuescente: 2. adj. Quím. Que tiene la propiedad de atraer la humedad del aire y disolverse lentamente.
    Te quieres creer que cuando escribí esa palabra yo quería darle otro sentido y al final resulta que esta palabra ha dado con la tecla de mi idea, sin yo buscala, de lo que quería exponer...un lío, pero creo que me entiendes. La magia de las letras. La música de Haydn es delicuescente, toma ya.
    Un abrazo, y gracias por seguir ahí, Locuaz.

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