lunes, 29 de marzo de 2010

Fe

Igual que el curso de un río orada gota a gota la tierra por la que discurre el caudal de agua,
a veces, uno quisiera poder tallar de piedra las palabras para poder pergeñar su verdadera simbología, su alma, el germen de su significado, la apariencia. Y así poder elevar el pensamiento sobre la cotidianidad mundana que nos impide postrarnos ante la luz frondosa.
Mi profesor de violonchelo -un tipo noble con la hombría en su sitio- siempre hacía hincapié en la técnica como única herramienta fiable para encadenar un discurso musical digno.
-¿Y el arte don Juan ?.: -El arte para los artistas, sonreía irónicamente ante un joven inocente que no terminaba de abrir los ojos. El arte para los artistas…, y la fe para los que quieren creer.
Hay que saber acercarse a Dios con las aparejos necesarios para tan encomiable y dificultosa tarea. Quién mantenga que la vida en la fe es sencilla, miente. Lo sobrenatural no encaja bien en esta época de eslóganes vacuos y semblantes farisaicos, donde rufianes sin escrúpulos y sedientos de poder, arrancan de cuajo cualquier atisbo de inocencia en aras de su provecho. Malditos seáis.
La fe es volverse niño otra vez. Sólo desnudando un concepto hasta hacerlo nuestro, nos asegura el control de éste. Dios puede ponernos a prueba -recordemos a Abrahán- para hacernos madurar, para confortarnos con nuestra propia profundidad, y luego volver a llevarnos enteramente consigo.

Navegando a la deriva en un mar de dudas encallé en La sal de la tierra, deambulando entre sombras agrestes, recostado en las fauces de la bestia que se presenta sin avisar en las angustias de los tumultos interiores; estuve unas calendas. Mi experiencia (poca pero práctica) de otros naufragios me hace sabedor que la única fórmula para mantener la fe verdadera es perseverando en la duda que cicatriza heridas con apósitos de certeza. El amor sin sufrimiento es como una siesta sin sueño; no llegamos a perder la conciencia, imprescindible para el descanso. El sufrimiento sin amor es una pesadilla sin sueño, siempre despierto, atorado. Se puede vivir el amor sin sufrimiento, pero el sufrimiento que no cuece bajo el ardor del amor no nos vale para nada. Sus estigmas no dejan huella.

Uno de los signos más visible del relativismo que sufrimos se fragua en su horror ante todo lo que se presenta bajo la máscara del sufrimiento. Están creando una población extensa en cobardes, que se vienen abajo por un simple resfriado, ni sufren ni padecen. Llaman a la puerta de su existencia y la cierran consternados, sin saber que no cabe la huida, ni mayor pestillo ante el sufrimiento que mirarle a los ojos y retarle.
El hombre que debe habitar el nuevo siglo XXI no está educado en la posibilidad de tener que hacer frente al sufrimiento, le supera, es superior a sus fuerzas y sucumbe a la tentación de la frivolidad. ¿O es la frivolidad la que fenece a los pies del sufrimiento?. Dejémoslo.


Fe significa resistir la fuerza de gravedad que nos arrastra hacia abajo. Fe significa comunión con el dueño de la otra fuerza de gravedad, la que nos proyecta hacia arriba, nos sostiene y nos transporta más allá de la muerte.

4 comentarios:

  1. Vivimos tiempos de relativismo moral,Jose, de ausencia de entereza ante lo que significa la vida en si misma, afrontar el dolor y los avatares de la existencia.
    La ausencia de fe debilita al hombre,anula su capacidad de asumir que estamos de paso por este mundo y que lo que hagamos aquí tiene su reflejo en la eternidad.

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  2. Que la nuestra se fortalezca en estos días. Y que la abundancia del amor nos llene de aquel que necesitamos. Un abrazo

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  3. Que bonito tienes todo el blog Bate, hacía tiempo que no entraba aquí, la imagen de Jesús es maravillosa. Y este último, gran post, una reflexión acertadísima y muy profunda, nosotros tiremos hacia arriba todo lo que podamos. (con la profecía de Nostradamus me he quedado blanca)

    Un besazo para ti y otro para tu niña.

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  4. La humanidad lleva adorando a becerros de oro desde que existe. Se suceden épocas del florecimiento de la dimensión humana, con épocas de oscuridad. Mejor dicho: vivimos en constante oscuridad con escasos destellos de luz de los que nos hacen partícipes algunas personas excepcionales.
    Nos enzarzábamos ayer en cuestiones bizantinas sobre asuntos intrascendentes como el sexo de los ángeles, o la conveniencia de emplear representaciones antropomórficas, como objetos de culto; hoy en saber y polemizar sobre detalles intrascendentes del equipo de “furtbol” de turno. No hemos aprehendido nada.

    El amor nos hará libres; y su liberación viene de la mano de la humildad, la entrega, el sufrimiento que esta conlleva y el diluirse y volcarse en el otro.

    Una vez más: gracias amigo.

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