viernes, 12 de febrero de 2010

Schubert Sonata Arpeggione D821


De los vídeos encontrados en el Youtube sobre esta obra maestra de F. Schubert, estos, son sin lugar a dudas los mejores.
El caso del violonchelista húngaro -vaya cantera de musicazos que ha dado siempre este pequeño país-, Miklós Perényi, es llamativo por lo que tiene que uno de los mejores violonchelista que ha dado la historia de la música, no lo conozcan ni en su casa a la hora del te. En cambio ahí teníamos a Rostropovich -que tenía el tío un rostro que se la pega-, hasta en la sopa, amigo de la Reina de España y demás humilde tropa. Muy dado a la camaradería con el poder. Claro, que el azerbaiyano tocaba de infarto, y sabía darle lo suyo al arco, pero no sé si me explico, algunos muchos, y otros tan poco. Miklós Perényi me convence y me apasiona desde el mismísimo momento que coge el arco, respira, cierra los ojos y ataca la primera nota con la convicción que puede ser la última que dé en su vida. Como los toreros de casta que reciben al Mihura a porta gayola, saben que pueden salir heridos en el dramático lance. Que en el caso de un violonchelista, es el pánico escénico que provoca la mala afinación, que es un puñal que continuamente alienta certeramente a dedicarse a otra cosa, mi caso.
¡Schubert, ay, Schubert!, ¿por qué tuviste que morir tan pronto, y nos dejaste con esa horrenda sensación agria y flamígera de lo inacabado? Si Mozart era el amado de Dios, Schubert era el niño mimado, tierno, abocado a lo hondo, con duende y hondura, que es la forma que tiene Dios de enseñarnos a través de un hijo suyo la inmortalidad del alma. La emotividad de la música de Schubert hiere. Y civiliza. Tan sólo un pequeño apunte sobre este genio. Se encontró en una época de su vida con Beethoven, le dijo al maestro que quería componer una ópera, cosa que no llegó hacer por su corta edad. Beethoven le dijo en un aparte que todavía no había sufrido lo bastante para enfrascarse en una ópera, que eso son cosas mayores.
Yo creo que aquí, en este asunto, y no es por corregir la plana a nadie y menos al genio de Bonn -¿quién coño soy yo?- , Beethoven se equivocó. Solamente desde el sufrimiento - y la alegría de saberse vivo- se puede componer con la hondura de la que era capaz Franz Schubert.



Adenda

Llevo, y lo juro por lo más grande, que no es ninguna exageración andaluza,
más de una hora intentando súbsanar un error provocado por no se qué, que me tiene malo de los nervios.
Que no me dejan subir los vídeos esta gente americana. Dejo los enlances:

1ª Parte

2ª Parte

3ª Parte



3 comentarios:

  1. La historia no siempre hace justicia a los genios. Unos son consagrados y otros no salen del olvido. Los más, tienen fama efímera.
    De todas formas, Schubert goza de un prestigio mundialmente aceptado.
    Un saludo

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  2. No Guido, amigo, me refería al violonchelista húngaro. Me expliqué regular, por no decir mal, sucede que me expreso farragoso cuando hablo de música.

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  3. Bueno, pero al menos hay gente que se acuerda de él... y que nos lo muestra a los que no teníamos ni idea de su existencia y que probablemente hubiéramos continuado sin conocer de no haber pasado esta noche por aquí a leerte un ratito.

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