sábado, 13 de febrero de 2010

INMENSIDAD

Ayer mientras intentaba encumbrar el pico de Peñalara descubrí el verdadero significado de la palabra inmensidad. Conozco, o creo conocer, el sentido de la palabra misericordia, de la encarnación de la piedad, incluso el concepto del amor. Pero nunca supe interpretar como es debido la palabra inmensidad.


Sólo aceptando que somos un minúsculo átomo que pulula por el viento como el polen que busca una flor dónde descansar, sabremos unirnos en comunión con la inmensidad. La inmensidad es pequeña, y cabe en la sonrisa de mi hija. Aunque bien podría decir que mi hija tiene una sonrisa tan grande que incluso la inmensidad tiene cabida en ella, y la eternidad, y el amor de siglos antiguos que nos desarropan el alma.
Dios en su infinita inmensidad me ha hecho partícipe de lo que es sentirse amado por Él. Y eso duele. Y quien no lo sepa ver así, no sabe lo que es el amor en carne viva.

Lo primero que debo reconocer es que me hallaba perdido estos últimos días, preso de la concupiscencia, abotagardo en una dulce mecida que engañan las entendederas, que aflige el corazón y solivianta la esperanza.
Hablo del pecado, esa húmeda y grasienta mancha que cualquier persona decente -aún en los tiempos que padecemos-, percibe, que lo están ahogando, que poco a poco se asfíxia.
Como al pez que sacan del agua, así actua el pecado en el alma.

Cualquier persona alejada de la religión pensará que soy un beato, o un reaccionario, o algo parecido a lo que los medios y la clase política denigran continuamente con tanto desprecio.

Séase lo que cada cual venga a pensar de mí, me importa una higa.
Dicho esto, aclaro que cada vez se me hace más cuesta arriba calmarme ante las críticas furibundas que recibe la Iglesia, ante las pullas cargadas de odio y mala baba que destila esta sociedad apesebrada en la inquina.
Nada más fácil que atacar y vilipendiar a un grupo de monjas que cometen la osadía de apartarse del mundanal ruido para rezar al Dios de la Inmensidad. Nada más cobarde que tirar piedras contra el que sabes que no puede defenderse, que no hará nada por defenderse.
Esto es muy ruin, y muy cobarde. Ruin y cobarde.
Que no se nos quite de la mente la cobardía, que es el último refugio -y el primero- que tiene la maldad para manifestarse. Amparándose en la sacro santa libertad de expresión son capaces de lapidar una idea que no comulgue con las de ellos.

"No piensas igual que yo, no perteneces a la jauría, te expulsamos del paraiso artificial que nos hemos montado."

Vale, estoy dispuesto, interiorizaré esa pérdida. Pero no me toqueis a mis monjitas, hijos de la gran puta.



La Universidad de Granada subvenciona una exposición donde la Virgen es una prostituta

2 comentarios:

  1. La cobardía siempre se manifiesta de forma gratuita (al menos para los cobardes). Y mucho más, en estos tiempos.

    Un saludo

    PD: Has ido a Peñalara a aclimatarte paracuando vayamos a Gogeland?

    ResponderEliminar
  2. Hola Bate, cuando vi el vídeo de las jóvenes monjas me pareció genial, son libres y creo que nadie les ha puesto un puñal para elegir ese camino, si mi hija la única que tenemos en el mundo, así lo hiciera la respetaríamos, para ser más sincera preferiría que eligiera ser misionera antes de "encerrarse de por vida", soy consciente que antes de ir a las Misiones necesitan estar muy preparadas.

    Pero hay personas, muchísimas, que no piensan como nosotros, se defienden y creo que con razón que somos muy críticos con el Islam y sin embargo hacemos la vista gorda a "los malos" de la Iglesia Católica.

    Ayer por la noche estaba escuchando la "Rosa de los vientos" en Onda-cero, creo que casi al final del programa escuché una entrevista que le hacían a un escritor español sobre su libro que saldrá pronto y el tema cómo no, sobre los Papas. Me quedé horrorizada, si todo es verdad, qué miserables, si quieres puedes oirla.

    He conocido personas que cuando han visitado el Vaticano han perdido la Fe. La Madre Teresa de Calcuta no la perdió pero la pobre no se imaginaba cuando fue la primera vez lo que había allí.

    Siempre me quedo con las buenas monjas que sirven sin pedir nada a cambio, como las buenas madres con sus hijos.

    Nunca te he considerado ni beato, ni reaccionario como tú dices, todo lo contrario, me gusta como escribes y sobre todo que eres un hombre culto y guapo. De todo hay en la Viña del Señor. Observa a las personas que no Creen, algunas dicen que no les importa, pero amigo hay muchísimos más que sienten "envidia".

    Un abrazo

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.