sábado, 6 de febrero de 2010

Confiemos

Hace tiempo que no salgo a divertirme por ahí. No hay nada que celebrar.
Si tuviera dinero - no hace falta que me sobre- lo compartiría todo con los pobres, o sea, ¿hay alguien más pobre que yo?. Hace poco hablando con mi amigo Morato llegamos a la conclusión que sólo te puedes fiar de los humildes, los de corazón. Quizás sea cierto que un rico pueda entrar por el minúsculo arco de una aguja, lo dudo. Se puede ser rico y humilde. Humilde y rico es imposible.
En mi casa cuando éramos ocho nunca nos faltó nada. Lo compartíamos todo, sabíamos exactamente el valor de las cosas. Nunca he sido más feliz en mi vida que esperando a una de mis hermanas a que terminase de tostar el pan en el bracero para colocar yo mi trozo de pan. Mi madre había hecho la noche anterior manteca colará, y nos levantábamos antes de tiempo por que lampábamos por probar esa maravilla hecha con el amor de una madre que tenía claro que vivía para darles a sus hijos lo mejor.
Sólo se da lo mejor cuando se tiene un corazón que no te cabe en el cuerpo. El corazón a mi madre no le ha cabido nunca en su cuerpo. Eres tan grande, madre. Recuerdo que en unos de mis días más triste, apenado y dolorosos días, ante mis observaciones de que la vida se estaba comportando conmigo de manera muy cruel, me dijiste una cosa, que yo -borracho de rencor, y olvidándome a conciencia de mi naturaleza, humilde-, jamás olvidaré:
- Te aguantas.

Sepamos aguantar, y demos gracias al Señor por darnos la oportunidad de conocer el alma humana que brota de la necesidad. Lo demás, es frivolidad.

6 comentarios:

  1. .-Sí señor, Bate: La humildad, la sencillez y la necesidad son algunos de los conceptos que muchas gente de hoy en día, deberían de tener en cuenta para conseguir ser más felices.

    .-Frase a colación: "No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita..."

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  2. Pues sí, sabíamos el valor exacto de las cosas. Sobre todo, nos dábamos cuenta de lo que había costado, en términos de sacrificio. Es lo que los de la generación ni-ni (menuda colleja les daba yo a los padres) no saben, ni quieren saber...

    Besos.

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  3. Las madres cuánto bien pueden hacer.
    Te aguantas. Es verdad, pero piensa cuántos hay mucho peor que tú, y no me refiero sólo a lo materia; tú tienes una altura espiritual qué muchos desearían si supieran lo que es ser de verdad personas humanas dignas, a ti te entusiasma la música y un sin fin de cosas que te hacen feliz, para esto no hace falta aguantarse, hace falta dar gracias y vivir a tope todos los dones que la vida nos ha concedido ¿no crees?

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  4. Es una cuestión de carácter y de bondad. Desde luego nadie se hace rico trabajando todos los días; se necesita también un afán de conseguir metas y anteponer la ambición a los escrúpulos. Pero no sólo. También viene determinado por el factor “oportunidad”: estar en el momento adecuado en el sitio preciso, por el factor inteligencia llámese tmb olfato para los negocios, capacidad organizativa, ilusionadora, etc.
    Lo que ocurre según mi experiencia, con respecto a lo que es la observación de mi entorno, es que se cumple con bastante frecuencia el aspecto menos noble del enriquecimiento: “las altas cumbres están llenas de rapaces y de reptiles” que son los únicos capaces de llegar a esas roquedades debido a sus garras y a su capacidad de serpentear.
    El tema felicidad es otra cosa, sobre todo si lo entendemos en el aspecto de la tranquilidad de conciencia. Eso sí los cuestionamientos morales, si se quiere “los remordimientos”, sólo los tiene la gente de bien. Los desalmados no se plantean esas cosas.

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  5. Tu madre, conociéndote, sabe de sobra que lo peor que puede ofrecerte, es su compasión.

    Un saludo.

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