sábado, 2 de enero de 2010

La pobre Susuki de MADAME BUTTERFLY


Todo lo que Giacomo Puccini quiso decir, que fue mucho y bueno en su Madame Butterfly, lo condensó el músico en la dignísima persona de Suzuki, la carabina que acompañará a su señora hasta el abismo producido por el inmenso dolor de saberse olvidada y engañada por J.B Pinkerton, el galante marino norteamericano que le robará el corazón entre lirios y crisantemos.
Desde el primer momento, el maestro toscano supo mostrar -hablamos de un genio- que tras los primeros compases achispados y recatados, se esconde un drama de dimensiones homéricas, una cruel mentira que hará que la dulce Butterfly, termine clavada como una mariposa en el más absoluto dolor de su corazón.
Susuki, siempre estará ahí, y como buena dama de compañía, se huele la tragedia a la que está abocada la bella japonesa, y eso la hace más digna si cabe. El honor hace el resto.
Mientras asimilo y disfruto la ópera pienso si hoy alguien se quitaría la vida por el honor mancillado..., no, no lo creo, sólo se puede perder aquello que antes se ha tenido, y vivimos en un tiempo sin honor.
Suzuki se convierte en la roca donde descansa todo el argumentario, en el almario donde su ama deja descansar el alma exánime de esperar a su amor. Amor que nunca más podrá tener; su amado J.B Pinkerton la dejará por una mujer de su clase, y americana.
Y ahí está la cuestión. Tenemos a una mujer locamente enamorada de un hombre que no la corresponde, y una cultura de honor enfrentada a la nada. Suzuki, mi admirada Suzuki, lo vio, lo sufrió, y no lo pudo remediar.
Ay...el amore...!!

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