domingo, 17 de enero de 2010

Élegia de Fauré

Solamente por poder tocar esta pieza que nos dejó G. Fauré, mereció la pena tanto esfuerzo, tanto estudio. La tonalidad en do menor es melancólica y deja un reguero de almas frotadas que entran en ebullición con las primeras notas. Lánguidamente y pergeñado con el arco, se va subiendo la intensidad de la copla. Esta música es lo más parecido que tienen los franchutes a nuestra copla, al escalofrío sereno que sólo se siente con el arte del pueblo. La Elegía es un canto triste cargado de esperanza, un lamento que recorre la queja de arriba abajo, de costado a costado. Hay que mecerla como a un bebé, teñirla de vida y dejarla morir cuando llegue el momento.

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