martes, 12 de enero de 2010

Banalidad de banalidades, todo es banalidad

Palacio de la Zarzuela
23:16 h. Día de la Pascua Militar

S
u Majestad el Rey de España se dirige a su secretario personal con tono desabrido y tosco:
- Ponme con el idiota, has el favor, Antoñito.
- ¿A estas horas, Señor?, balbuceó con gesto serio y hondo el secretario.
- Si hijo, tengo que despachar con esta calamidad.
Al Rey se le nota tenso, cansado, con unas gotas de angustia que le hacen más placentero, borbónicamente atrayente. En su Real rostro lleva impreso el peso de la carga y la responsabilidad regia. Ha sido una jornada dura, llena de actos y cargada de emotividad. Leticia -su ojito derecho en el Palacio de invierno/verano del Príncipe de Asturias- le ha regalado una magnifica pluma estilográfica del siglo XVIII, francesa. Tal vez perteneciera a uno de sus antepasados parisiens. La Reina, lleva un largo rato hablando por la otra línea con Cristina de asuntos mundanos.

Suena el teléfono en una habitación extraordinariamente oscura, lúgubre. El hombre, nuestro hombre, medio dormido, aletargado como un oso otoñal, alarga el brazo velozmente al aparato para que el timbre no despierte a su mujer. Enciende la lamparilla de la mesita de noche mientras se refriega los ojos para terminar de despertar. Piensa para sus adentros quién coño será el cabrito que llama a esas horas.

- Diga!!
- Lo has vuelto hacer..
- ¿Si?..(no puede ser).. ¿Señor?…
- Lo has vuelto hacer. Has llegado tarde otra vez, canalla, me has dejado en ridículo ¿no te das cuenta alma de cántaro que tenemos los ojos de medía Europa pendiente de nuestros actos? ¿no entiendes que cada vez que pegas un plantón pierdes credibilidad a los ojos de los Europeos?
-Lo siento Señor, tengo mis motivos. Aún así, no volverá a ocurrir.
- No volverá a ocurrir, no volverá a ocurrir -al Rey comienza a darle el temblor de párpados que le antecede siempre a la migraña-. Siempre dices lo mismo y al final “plas” -golpea la mesa del despacho con una fuerza inusitada-, mi dignidad de Rey por los suelos.
El Rey se levanta de la silla Luis XV y comienza andar mientras se ata el batín que le regalaron del Cortefiel.

Fuera sigue nevando con la misma furia con la que Su Majestad golpea la mesa regalada en su día a la monarquía española por Federico de Prusia (Berlín, 1712 - Sans-Souci, Postdam, 1786).
- Señor, he tenido que mediar en una trifulca familiar
El Rey parece más calmado. Le cae bien, no lo puede remediar. Sabe de su incapacidad absoluta para hacer otra cosa que no sea fanfarronear, paro aún así, le aprecia. Éste, por lo menos le escucha, aunque después no le haga ni puñetero caso. Es un tío simpático, jovial, no como el bigotes, que siempre parecía de mala leche, agobiado, como si tuviese algún problema insuperable, o una próstata jodía, que duele más.
-¿Qué ha pasado esta vez José Luís?, le pregunta interesado Su Majestad.
- Alba y Laura estaban mordisqueando el sofá del salón principal, ya sabe, cosas de la juventud hambrienta de experiencias y sensaciones nuevas, están en la flor de la vida. Cuando su madre, salió del cuarto que le hemos hecho construir para que pueda cantar como una loca, y se lió a mamporrazos con las chicas, sin venir a cuento, Señor.
- ……..¿¿¿¿¿???????
- Debo conciliar mi vida pública con la familiar ¿Es tan difícil que comprenda esto el pueblo? Lo puso de moda el heredero de la Corona Noruega, creo recordar, Señor.
- ¿El qué puso de moda el chiquillo de mi Primo Harald, por el amor de Dios? ¿Desde cuando te interesa a tí la monarquía?
Al Rey le comenzó de nuevo el parpadeo en los ojos, y ahora con más intensidad, pareciendo que de un momento a otro saliesen a volar los ojos. La semana pasada tras las críticas surgidas a raíz de su discurso navideño, fue tanto el aleteo de los parpados que lo tuvieron que llevar a la clínica Ruber de urgencias. El doctor Fernández de la Montería y Bretón de la Cal, le pidió que estuviera una semana en reposo, y que nada de salir a cazar y forzar la vista, que si quería pillar cacho se fuera a pescar truchas...

( Continuará....)

4 comentarios:

  1. A mí lo que me está pasando últimamente, es que pongo las noticias de la radio muy temprano y me preguntó con qué asnada gubernamental voy a encontrarme. Y aún cuando ya estoy curado de espanto, no dejó de sorprenderme (para mal, claro).
    Un saludo.

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  2. Hombres! dormidos que al despertar emitiran un alarido embrutecido.
    ¡Hombres! sin pan ni techo donde cobijar.
    ¡Hombres! doloridos por las villanias que otros han cometido.
    ¡Hombres! que ha sus hembras y niños ven llorar.
    ¡Hombres! sin un bienestar.
    ¡Hombres! amantes de la paz que tal vez puedan quebrar.
    ¡Hombres! que en su adormecido ser hallaran respuestas para despertar a la libertad.
    ¡Hombres! hambrientos de justicia que al cielo clamaran.
    ¡Hombres! hartos de soportar mentiras y calamidad.
    ¡Hombres! que utilizaran enseres para matar.
    ¡Hombres! de una sociedad que les trata mal.
    ¡Hombres! que tomaran partido por una causa universal.
    ¡Hombres! dispuestos a guerrear.

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  3. Buen relato, potente pulso. Al final pincha (más que nada por la irrelevancia del secundario) pero el inicio y la conversación, magníficos. El detalle batín de Cortefiel y la surrealista nota erudita (Berlín, 1712 - Sans-Souci, Postdam, 1786), encantadores.

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  4. "El rey y el zapatero", cuento tipo Andersen.
    "Dos tontos muy tontos", directo desde la factoría de Hollywood.
    "Diálogo de besugos", muy español.
    Esperaré a que subas la segunda parte antes de decidirme entre una de estas posibilidades.

    A mí es que los dos personajes de tu historia me caen igual de bien que una patada en el estómago. Por mí, podían irse ambos a freír espárragos y dejarnos en paz. Uno, con sus problemas familiares a entonar coros en la ópera de Berlín (o en el Liceo de Barcelona, si hay que hacerle la pelota a Llusep -¿o es Yusep?- Montilla); y el otro, a pintar monas con la estilográfica en Estoril.

    Saludos (y espera impaciente de la segunda parte) :-)

    S. Cid

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