miércoles, 6 de enero de 2010

Ascenso a Peñalara


A medida que uno asciende por la montaña nevada, las perennes sujeciones que me mantienen atado a lo terrenal, comienzan a soltar lastre, y me siento un poco como Atila el día que cruzó los Alpes a lomo de un robusto elefante. Aquí hierba no hay, la nieve caída -por fin- días atrás, ha dejado el terreno abonado de una blancura virginal tal.

El sopor helado contrasta a veces con el tímido sol de Reyes, que quiere salir, pero no puede.

Son las nueve de la mañana.
La niebla es a veces tan persistente que se diría que quiere dar la nota. El camino se vuelve áspero, en algunos tramos, angustioso.
Y es que no hay nada más desagradable para un senderista que perderse por los dulces ariscos de las montañas por culpa de la niebla.
No sería la primera vez que me pierdo. Me bajé del coche con - 6º y debido al fuerte viento que pegaba, la sensación térmica era por lo menos de - 15º. El frío no me preocupa, una vez metido en faena, es difícil sentirlo. Mi temor es la maldita niebla, que hace que no pueda fijar bien el rumbo. Niebla y viento son enemigos acérrimos del camino, se lo cargan, desaparece de la faz de la tierra, y con él, yo.
Merece la pena tanto esfuerzo. Subir a la cima de esta montaña se está convirtiendo en mi particular forma de coger impulso.

Más fotos sacadas hoy









3 comentarios:

  1. A pesar de la belleza de los paisajes montañosos y nevados, a mí me va más quedarme junto a la chimenea, leyendo y tomando chocolate, que salir a la intemperie y hacer senderismo. La nieve me gusta para verla, no para disfrutarla físicamente.

    Un saludo.

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  2. Estás en tu medio-ambiente. ¡Como tienes que haber disfrutado!

    Las fotos son magníficas. Es como la "Isla de Congelad" o el pueblo de al lado. Parece mentira que sea la sierra de Madrid. ¡¡Menudo día de Reyes te has pegado!!

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  3. Madre mía... ya hay que tener valor, ya...

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