sábado, 12 de diciembre de 2009

Nacimiento

Siempre la primera vez que contemplo un Nacimiento, me viene a la memoria la imagen de los primeros años de escuela. El coro que con tanto mimo preparaba y alentaba doña Maruja, las horas que dedicábamos a construir el escenario donde sería instalado el Belem.
Al terminar de montarlo, al día siguiente de la Purísima, antes de acceder a las aulas, los del coro de doña Maruja nos reuníamos media hora antes para cantar los villancicos que nos había enseñado la maestra, Campana sobre campana, Al portal llegó un gallegu, Pero miran como beben los peces en el río.
Era el primer contacto que creo recordar tuve con la eternidad, esa que nos dejan nuestros mayores para que nos susurre por donde discurre el viento, la tradición. La trascendencia que saboreábamos en unos simples y puros pañales, los que llevaba el Niño, y lo que más tarde, pocos mese después, le servirían para su mortaja. Del pesebre, a la casa del Padre. De la infancia, a la madurez, y siempre con un Belem que agarre con toda la fuerza, el primero de los días. ¿Como es posible tanta belleza en un pobre solar donde nadie quiso estar?.
Le transmitiré con todo el mimo y el amor que me permita la palabra, lo que significó para sus abuelos y su padre, un pobre portal humilde y la vez grandioso, a mi hija. Me lo legaron a mí, mis mayores, y yo lo haré, con los que vengan detrás de mí.
En esta pobre, desagradecida, soberbia e ignorante época que nos toca vivir, el Nacimiento se ha convertido en un signo de verdadera resistencia ante los fariseos de estos días, los mismos fariseos que se avergonzaron en su día, que el Mesías fuera un pobre Cordero que nació en un establo.
Siempre el poderoso cree que la dignidad descansa en la riqueza. Que la misericordia se compra.
Que la pobreza es la mayor de la desgracia.
Sus gritos desesperados retumban con la misma fuerza que el olvido. Pasará. Todo pasa.
La única certeza que me ha dado la vida es saber que lo que se sustenta en el amor, permanece, y lo que se enraíza en el odio, se disuelve en el silencio estruendoso de los días sin alegrías.

7 comentarios:

  1. "Todo pasa.
    La única certeza que me ha dado la vida es saber que lo que se sustenta en el amor, permanece, y lo que se enraíza en el odio, se disuelve en el silencio estruendoso de los días sin alegrías".

    Totalmente de acuerdo.
    María

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  2. ¿Te acuerdas de la frase de Tolkien que hay en la cabecera de mi blog? Yo me la sé de memoria, porque es algo en lo que creo firmemente. El autor refleja los pensamientos de Sam Gramyi, que desde la tierra de Mordor, donde habitan las sombras, contempla una estrella en el cielo nocturno: "Frío y nítido como una saeta, le traspasó el pensamiento de que la Sombra era, al fin y al cabo, una cosa pequeña y transitoria, y que había algo que ella nunca podría alcanzar: la Luz y una Belleza muy alta"
    Ese es el único consuelo que nos queda a los que vivimos en esta nueva tierra de Mordor, que más allá hay una Luz y una Belleza imperecederas...
    Un beso.

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  4. A las palabras que ha resaltado Maria de tu sentida entrada, sólo puedo decir que ¡AMEN!
    La única verdad que nos trajo Jesús es la del AMOR: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.
    Pocos preceptos más; lo demás se deriva de este precepto básico, y como norma de conducta, la del propio Jesús de Sencillez, Humildad y Entrega.

    Los fariseos de hoy día, han creado una sociedad llena de leyes donde la mismas son una trampa (“el desconocimiento de la ley no exime de cumplirla y acatarla”).
    Si se abolieran todas las leyes superfluas y nos guiáramos sólo por las fundamentales sería la desgracia de los poderosos y delincuentes, porque ellos se escudan en la trampa que encierran las leyes, que retuercen la verdad hasta darle la vuelta como a un patuco. Las personas de bien, no tendrían ningún problema, puesto que sabrían perfectamente como conducirse y comportarse.

    Gracias por enlazar tan bella entrada con el post del “Oratorio de Navidad”.
    Nos alegra que te haya gustado y que te inspire.

    El vídeo de Sera Cahoone… sí, hay que volver a traerlo; no hay canciones así todos los días.
    Abrazos.

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  5. Gracias a los dos (Bate y Locuaz) por el Oratorio de Navidad, estoy deseando escucharlo tranquilamente.

    La transmisión de nuestras tradiciones es de las cosas más bellas que podemos hacer. Nuestros hijos nos lo agradecerán el día de mañana igual que nosotros se lo agradecemos hoy a nuestros mayores.

    Bate, haces unos remates extraordinarios, el último párrafo encierra una enseñanza grandiosa, no la olvidemos nunca.

    Abrazos junto al Portal.

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  6. María, Gracias por tu palabra, me gusta saber de ti.

    Alawen, esperemos saber transmitir a los que vienen detrás de nosotros, la belleza de la verdad. Y no es mal ejercicio leer la obra de Tolkien.

    Locuaz, que verdad es esa que acabas de decir; los fariseos de hoy, cada vez tienen que crear más leyes para tenernos controlados. Que miedo.

    Guerrera, no transmitir a nuestros hijos lo mejor de nosotros, sería de una crueldad cercana al suicidio, porque no es otro sitio que al matadero, donde nos quieren llevar esta tropa de payasos. ¿Remato bien..? Pues gracias, mujer. Un beso.

    *************

    Un saludo a todos y de nuevo os doy las gracias por teneros por este rincón.
    Sois unos amigos.

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  7. Hola Bate:

    yo iba justo a señalar la frase que había señalado María... porque es verdaderamente buena.

    Un post muy bueno para reflexionar en estas fechas tan familiares, digan lo que digan los que dan la plasta con que se ha perdido "el sentido cristiano" de las Navidades. Lo habrán perdido ellos.... :P

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