sábado, 19 de diciembre de 2009

Divino Susurro


Una de las primeras veces que salí de Andalucía acabé con dos amigos acampando por la Sierra de Guadarrama. Por aquel entonces, todavía dejaban colocar una tienda de campaña por estos parajes.
Mis amigos, estudiaban en Cádiz ciencias del mar, por lo que se pasaron las dos noches que habitamos estas tierras, descifrando estrellas, auscultando luceros y suponiendo en la inmensidad de la noche la vida de galaxias que murieron hace millones de años.
Siempre me quedó pendiente la pregunta que despejara la paradoja que suponía observar a estos dos futuros marineros del oceano exterior discutir con tanta viveza sobre un algo que llevaba millones de años muerto, inerte.


Me guardé la pregunta por saberme de antemano, incapaz de entender la respuesta, fuese esta la que fuera.
Se me escapan las cosas de la tierra, imagínense las que vienen del misterioso espacio.

Mientras estos dos se perdían en la inmensidad de la noche, yo bebía anís en una lata de cinc, y escuchaba polifonía española del XVI. No recuerdo haber escuchado nada más bello que aquel lamento que tronaba en la sierra bajo un manto de humedad cuando fuimos abrazados, por un pausado viento cargado de amor.

Nunca he vuelto a sentirme más unido a la naturaleza, que aquella noche perfumada por la insondable majestuosidad que nace de Dios.

El Dios creador, visitó una noche de septiembre a tres jóvenes que jugaban a sentirse libres y amparados entre susurros -como el pastor de las amenazadoras tormentas-, del frío que cortaba su misericordioso aliento.

6 comentarios:

  1. De nuevo un texto muy lírico. Claro que la ocasión que narra lo merece. También yo he vivido alguna así... y tu texto me ha trasladado a esos momentos en los que una sabe que hay Algo más... El sentimiento de trascendencia se hace fuerte, arraiga... y se queda para siempre. Me siento afortunada por ser una de las personas que lo han vivido.

    Saludos.

    S. Cid

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  2. Dios siempre ha estado y está a nuestro lado, acompañándonos con ese divino susurro de amor. Dichosos los que la sabiduría les da a saborear y degustar las delicias de su compañía, aunque sea a la postre.

    Beso de felices sueños, bonito.

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  3. Cuando se esta en contacto con la naturaleza, y uno tiene verdadera voluntad de integrarse en ella con la humildad del hijo agradecido con la madre, nos damos cuenta de nuestro tamaño y lugar con respecto a ella. La mirada del firmamento, que antes tanto suscitaba la atención de los hombres (y no sólo los de ciencias), al igual que la observación de todos los fenómenos naturales, nos pone realmente en nuestro sitio.
    Despojados de todos los artificios y burbujas de la sociedad actual, seguimos siendo unas almas insignificantes, mezquinas y con unas pequeñas trazas de trascendencia que nos hacen aún más interesantes.

    Tu sencillez y profundidad cuando escribes de esta manera es un regalo.
    Gracias.

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  4. Es cuando estás en el campo, de noche, lejos de las luces de la ciudad, y ves las estrellas, es cuando te das cuenta de lo pequeño e insignificante que eres... y a la vez, te reconforta saber que puedes reconocerte en ellas y que no eres ni más ni menos que otra obra de Dios.

    ¿Te deseo ya feliz Navidad? Por si acaso...
    Besos

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  5. Si reconocieran los políticos su pequeñez e insignificancia respecto de la naturaleza, otro gallo nos cantaría a todos.

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  6. Felíz Navidad,Jose.
    Que pases una maravillosa Nochebuena en compañía de tu familia y seres queridos.
    Un beso.

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