miércoles, 25 de noviembre de 2009

SEVILLA

Es difícil no enamorarse de Sevilla, de la tierra que parió a los hermanos Machado. Antonio le cantó “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero..”, el lugar donde vio la luz los grandes músicos que inventaron un imperio para llevar la Cruz de sus amores allende los mares.
La de los imagineros que tallaron al Dios de la madera y los orfebres, cincelaron su dehesa. La de los soñadores que dijeron “ ..y hagamos una torre tan alta que los que están por venir nos tomen por locos”, y plantaron la Giralda, en un campo de naranjas que por aquel entonces ya daba azahar para que el palio de la Virgen de la Concepción pudiera perfumar las calles de su casa.
La ciudad que cruza el arco del Postigo en busca de la rueda de calientes en el puesto de churros de Juana, el mostrador que está justito al lado de la capilla más coqueta que ningún cristiano viejo recuerde. La ciudad que más que rezarle al hijo de Dios, que en Sevilla se llama Gran Poder, parece que le riñe, en confianza. Por que es Sevilla, un lugar tan cercano, que incluso a lo más sagrado, se dirige con la ternura que un hijo llama a su padre. O a su madre.
Y a Ti, La Que está en San Gil,
junto al Arco y la Muralla,
junto a donde el mismo César
te dejó a un armao de guardia,
cuando tengo que nombrarte,
me faltan ya las palabras.

La de los atardeceres que va declinando entre mosto del aljarafe y sombras de los barrios señoriales. Ay, barrio de San Vicente con tus calles alargadas, de tiendas antiguas que huelen a sahumerio, sus cristales limpios, cargados de recuerdos.
A veces, me encuentro con el pasado, y me veo cogiendo la cintura del dolor que atraviesa calle Feria camino de la Alameda. Los arrabales de la pobreza. Que también uno le canta a la pobreza, que la hay, y no se esconde por más bella.
Albero maestrante para una plaza de primera. Altramuces, avellanas verdes pa la Velá de Triana, donde unos gitanos que ya no llegan en burro, si no a caballo, se rompen la camisa en reyertas por amores de alba.
Esta es la Sevilla, mi Sevilla, que me trae por la cuesta del Bacalao, la de los cargadores del muelle que dejaban el barco a medias, para cargar a sus espaldas a una virgen marinera, que vive en calle Pureza, y su nombre Esperanza.

9 comentarios:

  1. Eres un poeta, esto es precioso hasta decir BASTA.

    Besos puros y esperanzados.

    (qué bonita la música del post de ayer) gracias por todo.

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  2. ¡Que canto más entrañable a Sevilla te has marcado!
    La Sevilla que aquí describes, es la que llevo en la memoria y en el corazón; una amalgama de rincones y sensaciones, de luz y de color como decía la canción, de fragancias y recuerdos de niñez y juventud.
    Tú, por estar lejos, aún la idealizas más, y creo que los grandes que citas y otros muchos, que se han inspirado en Sevilla piropeándola y engrandeciéndola más si cabe, los motivaba precisamente del embeleso que crea en el recuerdo una vez que la has vivido y olido.

    Te vuelves a salir de la plana.

    La Canción de Iron & Wine una delicia. La simplicidad vuelve a ser la formula mágica.

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  3. Gracias a los dos. Ayer me encontraba un tanto melancólico, echaba de menos estar en Sevilla, y se me vino a la memoria unas imagenes.
    Sevilla es una ciudad que marca, y más, a los que hemos nacido en sus brazos.

    Besos.

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  4. Te diran que tu acento es de "por el sur", pero lo que no saben es que es sevillano de pura cepa, con dejes muy peculiares.

    Nadie sabe más que tú de los atardeceres otoñales aljarafeños y de las iglesias sevillanas con encanto de olor a incienso en época de Semana Santa.

    Quisiera verte pronto para que no te pierdas esas puestas de sol de las que te hablo.

    besos.

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  5. Cuanta razón tienes Airun.
    El sevillano medio suele ser un tipo bastante sieso y maláge (mal-ángel). Punto de señorito andalú de capital. Es poco permeable a todo lo bueno que sea externo. Peca de ombligüísta y todo lo mahs graaande es Sevilla y s´acabao.

    Bate no tiene nada que ver con el arquetipo.

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  6. Gracias a los cohones, que me habeis puesto colorao, illo. Esta Navidad vamos a ponernos las pilas.

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