miércoles, 11 de noviembre de 2009

Manzanas podridas cercan el cielo

Días llevo que no apetece escribir.
Que no sé que escribir.
Días que me siento agotado,
apático,
irremediablemente abandonado a los nublados.
Y peor aun,
la tormenta no termina de llegar y el agua que lo purifica todo no acaba de arribar.
Necesito encontrar la sirena que indica la dirección a la gente de la mar, que como la veleta del torreón, anega el grosero viento de un noviembre en fa menor.
Algo, alguna señal
que dé de bruces a tanta escombrera del alma, que alimente la respiración de forma sincopada, como un compás muerto al albur de una plaza donde guarnecerse.
Porque los días, algunos días,
se hacen tan irreparablemente interminables.

Manzanas podridas cercan el cielo
y yo,
abocado mortalmente como un búcaro de flores, espero…
¿Que es esto, que significan estas palabras,
estas heridas arrancadas del tuétano en una tarde
infausta de otoño?
¿Es la válvula de la olla que comienza a silbar la espita de sal y lúgubre arena que cubre como una sombra el fondo del mar?
Es el mecanismo intrincado en la Orta de la venia que se limita a llorar
gimiendo de frío y calor,
sudando gotas que supuran amor.

Miren ustedes, hay días, que uno sólo se deja consolar por el peso del madero.

2 comentarios:

  1. Esos días solo pueden compararse a quien en una noche oscura, de tinieblas, buscó consuelo en los suyos. ¿Dormís? La tristeza impedía consolar al amigo. Hay que meterse en esa noche.La escombrera del alma, iba a ser limpiada, en esa soledad. Pues solo en quien barrió podemos encontrar la luz de nuestra oscuridad. Créeme. Son muchas noches pasadas. La última, encontró su paz y consuelo en una buena confesión. Abriendo todos los rincones del alma, barriendo todos los escombros. Pido para que esa sea tu sirena. El video de Mompou, para extasiarse. Un saludo

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  2. A veces es duro continuar. Conseguir tener el impulso suficiente cada mañana para enfrentarse con la aventura de vivir. A veces crees que no vas a poder con todo, y a veces te sientes completamente vacío. No sé si será el caso, pero la maldita rutina hace que uno se deslice hacia abajo empujado por la abulia y engrasado por la monotonía.
    La paradoja de la vida hace que lo que por un lado nos da estabilidad, que es el trabajo cotidiano y los hábitos diarios, por otro lado es lo que corrompe nuestro impulso vital; la mecanización de las tareas diarias, repetidas una y otra vez hasta el infinito, es la que mata muchas veces el ingenio, la chispa, la limpieza mental que nos permite analizar los acontecimientos vitales.

    Luego están las malas rachas. Esas no duran un día. En mi caso se han alargado hasta la desesperación, y te puedo decir que el asidero religioso no ha sido suficiente. No entiendes la arbitrariedad del reparto de cargas en el Mundo. Buscas argumentos que con el paso del tiempo se agotan, o se caen estrepitosamente por el peso de la realidad. No hay nada…Naaaada que alivie esa pena. Maldices lo divino y lo humano, y te quieres morir.
    Una vez pasada (la racha de turno), ves que los nubarrones siguen allí al fondo, y que en cualquier momento se pueden volver a colocar encima y descargar su ira.


    Tú has conseguido sacar de ese día de gráfica plana, ligeramente descendente, algo hermoso.
    La capacidad de retorcer la rutina hasta darle la vuelta y mirar más allá, es el músculo que nos debemos proponer entrenar día a día...hasta la próxima racha.

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